Mi primera y única experiencia con renos en el Ártico data del año 1996, cuando Caldera. Hela acá con pelos y señales

Pido perdón por hablar de mí en vez de hacerlo respecto a mi patria querida, tan maltratada por la ultramontana oposición apretujada en la MUD, y que demanda todos los esfuerzos posibles para su recuperación, ahora mismo acabo de llegar a casa y suena mi Himno Nacional glorioso, y además, cantado por el Comandante Chávez.

Hoy es lunes y son las 6 am más 3 minutos pero yo no estaba de juerga sino trabajando así que quiero reposar un poco pero antes de hacer descansar mis huesos heme aquí descargando emociones personales que a nadie más allende la red puede importarle sino cuando mucho, aquende, en mi entorno personal, si acaso tampoco, pero sea lo de menos, plasmo telemétricamente lo que quiero decir, hago lo que ya dije y si acaso mis nietos, que ahora están acá, no me joden la paciencia, estaré listo hacia el mediodía para disfrutar la propia hayaca y un palito de ron del bueno, el de cocuy, tan sabroso, espirituoso y, obviamente, religioso.

Mas, al grano.

Para la fecha, año 1996, también había crisis económica, Venezuela ya estaba descapitalizada y la divisa más influyente, el dólar, brillaba por su ausencia para los estudiantes que estaban en el exterior, los dólares de entonces eran para Lorenzo Polar y su combo; una cuñada mía, que estaba en Canadá haciendo un doctorado en biomedicina, estaba muy necesitada de esa fuerza, por lo que el suegro de este que soy dispuso consultarme al respecto de yo viajar a Canadá a llevarle una remesa de dinero.

Lo pensé y lo pensé e inclusive gestioné renovar mi pasaporte pero nada que nada, pero además el viaje era cuesta arriba para mí por otra serie de razones, así que hicimos un consejo de familia, siempre es bueno hacerlo, y se convino en que era mejor que la Duquesa se encargara del asunto para lo cual además tendría que hacer dicho viaje con nuestro penúltimo mocoso que a la sazón tenía cuatro años, y yo me quedaba al frente de la tropa, así lo hicimos y todo salió muy bien.

De regreso ellos trajeron un bojote de fotografías y en algunas de las cuales aparece mi penúltimo bordón jugando en la nieve y enarbolando nuestra Bandera Nacional, era precisamente el día de su cumpleaños 5. Hay de todo en esas fotografías, la Duquesa con su hermanita menor, mi cuñada tan bonita también, gente de allá, paisajes, esculturas, casas enterradas en la nieve hasta un metro de la puerta de entrada, museos y pare de contar.

Estuve mirando y mirando recreado en todas esas imágenes, lo que quizá me afectó la cabeza a tal punto que un buen día tuve un sueño del carajo, que estaba yo en la Antártida montado en tremendo trineo guiado por varios renos y esos bichos corrían y corrían esmachetaísimos y yo montado en esa vaina como un vergatario.

Mi sueño francamente caro está aquí en mi patria, en marcha de concretarse pese a inmensas dificultades, y no muy lejos, se lo dedico a la memoria Comandante Chávez; pero tengo otros sueños entre los cuales destacan capitanear un rompehielos y pilotear un Sukhoi.



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Guillermo Guzmán


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