¿Cuánto puede valer un pedazo de la Tierra? Hablando del codiciado Esequibo

Por ejemplo, ¿cuánto pudo valer el extinto y agotado Cerro Bolívar?, allá, en la Guayana bolivarense, relativamente cercana al Esequibo?, ¿cuánto pudo valer ese pedazo de la Tierra que la Orinoco Mines Co. se lo llevó hasta el último gramo?, con la facilidad de recolectarlo con el monta carga, de este a los camiones o a los trenes ferroviarios; de estos a los barcos que con su bocota abierta esperaban en Puerto Ordaz, listos para ascender Atlántico arriba, llegar a Detroit, etc. , para convertirse en mercancías que luego nos revendía a precios de oro muy lejísimos del precio que habían pagado por el férreo mineral o "pedazo de tierra" en cuestión.

Así, todo arranca de aquellos burgueses del Medioevo tardío quienes esos pedazos de la Tierra, a manera de "pedazos o parcelas de tierra", unas más extensas que otras, los tomaron, los cercaron, los registraron, los inventariaron y los revendieron o alquilaron y modernamente los usan para ganar mucho dinero y otras cosas con los asalariados.

Ese invento comercial de comprar y vender pedazos de la Tierra[1] que eufemísticamente llaman "pedazos de tierra", incólumemente, ha trascendido fronteras y siglos hasta nosotros por parte de preburgueses, burgueses o capitalistas.

De allí que cuando un Estado opte por desprivatizar la propiedad de la Tierra (sic) y lo haga mediante la liberación de la apropiación privada de pedazos de aquella no estaría haciendo otra cosa que restablecer las condiciones más elementales de la vivencia y convivencia humanas en rigurosa armonía con/y respeto a la Naturaleza.

¿Cuánto valora usted un pedazo de la Tierra dotado de un frondoso y florido mango o mamonero, o un aguacatero, limonero, o un manzano, un peral, un almendro o un cacaotero?, ¿verdad que eso luce invalorable?

De allí que, además de que la Tierra y en consecuencia todos de sus pedazos carezcan de valor, así como lo afirma la literatura marxista, inclusive, esta dejada llevar por el hábito de estimar valores en función del trabajo humano, la Tierra y ninguna de sus partes tienen valor de cambio porque sencillamente se trata también de un bien que nos sirve a todos, que es superpopular, libre por naturaleza propia. Como todos somos, podemos o debemos ser condueños de la Tierra, mal podríamos intercomprárnosla ni intervendérnosla.

Sólo priva en estos casos, el natural valor de uso, o sea, la Tierra ,en cada uno de sus imaginarios pedazos[2], es el bien de último orden u originario de todos los demás bienes que sintética o naturalmente derivemos de ella, como lo clasifica Karl Menger. Obviamente, se puede ocupar para fines productivos o para vivir como hogar, pero de allí a tenerlo como propio y privado, porque un papel notariado así lo diga, es y ha sido poco menos de una de las grandes estafas y compraventas ilícitas y contranaturas que pudiéramos, no ya concebir porque los comerciantes burgueses y preburgueses la lo hicieron, pero sí no convalidar lo que valor no puede tener, ahora por aquellas razones marxianas y por las que modestamente acabo de señalar, sencillamente porque la Tierra ni ninguno de sus virtuales pedazos pueden apreciarse en valor de cambio alguno. Por ejemplo, ¿podríamos, de verdad, pagarlo en oro, si oro es lo que ella tiene?

08/10/2015 11:34:26 a.m.


[1] Hasta ahora la literatura jurídica burguesa y no burguesa traen la figura de la "propiedad de la tierra" para esconder que se trata de la propiedad de un pedazo de la Tierra, con su suelo, su subsuelo, sus subyacentes y adormitadas posibles riquezas minerales; sus costas, su carácter templado o tropical, sus montañas y bosques, ríos y riachuelos, sus lagunas y lagos; con su atmósfera y calor solar, con sus nubes y aguas celestes, cosas así.

 

[2] Imaginarios pedazos, habita cuenta de que se trata de un bien que se nos presenta hecho como de una sola pieza inquebrantable, imparcelable, incercable, irregistrable y por fuerza intransmisible por compraventas.



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Manuel C. Martínez


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