¿Cuál Chavismo?

¿Chavista? Chávez, y todo lo que se le parezca en espíritu. Los demás son Chavianos (se lee feo), usando las fórmulas lingüísticas del Profesor Nuño (Marxistas, Marxólogos y Marxianos). ¿Chavistas?, quienes sean capaces de emularlo, de estudiar su pensamiento y su vida de corazón, sin pescar en el rio revuelto del oportunismo. Lo que resulta muy difícil, por la carga de subjetivismo que esto supone. Pero hacerlo de corazón nos disculpa de toda prueba infalible. Sin embargo, por eso no nos vamos a privar de exponer nuestra opinión sobre el tema, sin caer en la extravagancia de hacer chavología.

En el momento de más tensión, provocado por los proyectos neoliberales, emergieron del subsuelo clandestino las rebeliones, las protestas, huelgas, paros, y la más cruenta represión fascista. Hablo de cómo pasó eso en Argentina, en Chile, en Uruguay, en El Salvador, Guatemala, y todos los demás países del continente. Sin embargo, en Venezuela no hubo tiempo para la derecha, ni siquiera para el imperio, de calcular qué emergería del Shock neoliberal. Desde febrero de 1989, año de los saqueos, confusión y espontanea definición de los bandos en conflicto (el Mas, pasó a ser francamente de derecha; Los guerrilleros clasemedia se metieron a publicistas; la clase media se cagó, etc.), hasta febrero de 1992, lo que emergió fue rebelión incontenible. La primera, popular, y la segunda, dos años después, militar. Es decir, que mientras los militares profesionales sureños, de una clara ascendencia oligárquica o burguesa, estaban matando, torturando y “desapareciendo “gente a montones, los de aquí cazaron una lucha clasista dentro de la institución militar organizando un golpe de Estado de tendencias revolucionarias y  de izquierda con un gran apoyo popular.

De esta tradición zamorana (y es que en los otros países no hubo algo parecido a nuestra revolución federal, tan grande e importante como la que liberó a Venezuela) nace el discurso rebelde y revolucionario de Hugo Chávez. El discurso, el carisma, el entusiasmo, el optimismo, el valor, de Hugo Chávez. De esta tensión provocada por la locura neoliberal, por la codicia hecha ciencia, emerge la consciencia de un líder llamado Hugo Chávez.

Esa consciencia nace, pero se va haciendo, va creciendo como crece el cerebro de un niño, como la psicología evolutiva. Chávez, así como Bolívar, no aparece en la tierra diciendo frases célebres. Su grandeza es tradición y herencia. Pero se hereda una disposición física y moral, lo demás es trabajo, estudio, y práctica política y de vida; hay que forjar el conocimiento, hay formar la consciencia.

Entonces tenemos hasta ahora: un contexto histórico y político, una historia y una herencia importantísimas, y a un producto humano propio, a un líder. Podríamos decir que el líder es la síntesis de lo otro. En él se concentra la conciencia histórica política de un pueblo que alguna vez se rebeló por razones elevadas, por salvar a todo un continente.

A mi manera de ver el asunto, de esta destilación (sublimación) deriva Chávez como líder revolucionario.

Revolucionario ¿Por qué revolucionario? Porque, en el medio de tanto fatalismo; en el imperio de los Guillermo Morón y los Pino Iturrieta; en el centro de una Venezuela desmoralizada, Chávez quiere una revolución, quiere moralizar al país y a la vez rescatar del monopolio administrado por estos aduladores (jala bolas de la oligarquía santandereana y  goda), a Bolívar, a su herencia política, a su pensamiento, al Bolívar anti imperialista y luchador social. Al Bolívar que no nació aprendido, sin nada claro en su mente, pero que pudo hacerse a sí mismo en la vida, a fuerza de estudio, experiencia y prácticas de vida, consciente,  hasta alcanzar el grado de Libertador, libertados espiritual, político y social de los pueblos, de la esclavitud humana, esclavitud espiritual, política y social ejercida por la iglesia, los ricos y los imperios.

Nadie hubiera tenido el tino político de hacer una revolución socialista usando las herramientas del pensamiento de Bolívar y de Cristo (y más adelante el de Marx). Mucho menos dentro de tantos prejuiciosos, de tanta petulancia y pedantería de marxólogos, que decretarían el fin del socialismo, de tantos aduladores caga tintas y ex guerrilleros (que detestaban y descalificaron siempre a los militares como Chávez, a pesar de que muchos no olvidaron poner a estudiar por lo menos un hijo en la academia militar, a la vieja usanza aristocrática y burguesa, soñando con el poder), que se creyeron siempre superiores a todo “pensamiento” que no hubiera sido validado por los records de ventas de las principales librería del país y del mundo. Es así como Chávez los sorprendió con un gesto fuera de toda lógica, en el conocido juego del poder hasta ese momento, asumiendo la responsabilidad de sus acciones de rebelión, con su elevadísima visión al decir que “por ahora” no se habían cumplido los objetivos trazados (nadie piensa en esto ¿y si lo hubieran matado?, en aquel momento lo tuvo que haber pensado, no lo creen). Y años después declarándose socialista y marxista.

Quién entienda ese gesto de hombre superior puede decir que es chavista.

El Chávez que lloramos muchos en su muerte, es ese espíritu que nació valiente y honesto, con bien pié. Y valiente y honesto se hizo líder. Mucha gente se confunde al medir la vida de Chávez con el racero de sus propias vidas. Cada ladrón juzga por su condición, como dicen. Suelen explicar los errores de Chávez sobre la base de sus propias inclinaciones de vida. Las inclinaciones de la vida de Chávez lo llevaron a ser un líder revolucionario. Las de estos señores terminan casi siempre en lograr satisfacer sus ambiciones personales y mezquinas, sexuales, acumulando dinero, vicios y vanidades. De todas o de algunas de estas disipaciones padecerían alguna vez Bolívar y seguro que Chávez también, pero en ellos se impuso siempre la inclinación por la gloria, de vencer, en el camino de la lucha, todos los vicios, derrotándolos en ellos y en la sociedad que quisieron cambiar.

En resumen, Chávez se estuvo haciendo a sí mismo un hombre  en medio de  la revolución. Liberándose de vanidades, prejuicios, ignorancia, mediocridad,  al tiempo que los mataba en sociedad capitalista, en sus compañeros adormilados, junto a su pueblo esclavizado educando, orientándose y orientando a sus camaradas aburguesados y atontados, hasta su muerte. Un chavista, sería algo parecida a esta consciencia de crecer, de revolucionar, de cambiar para cambiar el orden torcido de las cosas.

Luego quedan los Chavólogos y los Chavianos… De esos, que se ocupen otros.



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Héctor Baíz

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