Los secretos del gobierno, la violencia y el valor de la verdad

Si, fuera de la revolución, la reacción especula sobre estas misteriosas reuniones, dentro de ella tenemos el derecho de sacar nuestras propias conclusiones. El asunto es, que en tiempos de revolución no valen los secretos, los pactos de Nueva York, o lo que sea dentro de los "pliegues de la astucia".

En tiempos de revolución, debe ser la norma, debe ser lo cotidiano, hacer política de cara al pueblo, hablarle al pueblo con la verdad…. Si acaso soy amonestado o castigado por elucubrar a cerca de lo hablado a puertas cerradas, en esas misteriosas reuniones, solo me queda apelar a este principio revolucionario fundamental: no valen pactos con nadie de espaldas al pueblo.

Es así como el tiempo nos da la razón, por mucho de lo que pensemos y conjeturamos sobre lo que pasaría en ellas y luego de ellas. Hoy están casi libres Ledezma, Caballos, y Baduel. Quizá López fue negociado por honor, por lo menos para no perder la apariencia de justicia. Ahora no resultan tan extraños aquellos escritos en la prensa del norte donde casi que se le echaba un pajón a López publicando parte de sus acciones políticas como fechorías antidemocráticas. Eso explica tanta condescendencia del imperio ante las bravuconerías del gobierno, ya todo estaba negociado: se queda, por ahora, López, pero salen Ledezma (el agente más encochinado), Ceballos (activista que conoce la mecánica y a los para), y Baduel, el militar ahora "calumniado" y "chavista", o por lo menos democrático, un "comandante", etc, visto por el Departamento de Estado con una alta posibilidad de imponer sus mentiras gracias a sus inclinaciones místicas y cristianas…

¿Cómo explicará este recule la Fiscal General? Más o menos como ahora no puede hacerlo ahora la revolución estéril. El asunto es que mientras para muchos en el gobierno, el Defensor del Pueblo es una agente infiltrado de la derecha, por condenar los abusos de La Cava, nada han dicho de las decisiones tomadas por la fiscalía en el caso de Baduel y por las decisiones que dieron casa por cárcel a los otro dos. La lucha sigue siendo de clases. Mientras se persiguen y amenazan buhoneros y se hacen razias en los barrios se liberan a poderosos y verdaderos cómplices de la miseria social y de nuestros reales enemigos.

El asunto de la violencia.

La violencia es motivada, es estimulada y también instalada en nuestra vida cotidiana. Motivada en la apetencia por tener. Puede ser motivada por desarreglos mentales producto de los celos, o por simple locura. Pero cuando cobra dimensión social, o todos estamos perturbados mentalmente (lo que es bastante cierto) o todos estamos viviendo un momento de desesperanza, sin ideales, sin un norte. La violencia es estimulada en la cultura capitalista, en la competencia, en la ostentación, en el individualismo y muchas veces en el mismo gobierno, además de la publicidad gratis y desmedida que le hacen los medios de información, el cine, los juegos de guerra y ahora las redes sociales. La violencia es está instalada en nosotros como modelo de fuerza, en nuestra cultura reciente. No es posible reprimirla, contenerla porque es una manifestación de fuerza, es física. Si la atrapas por aquí se sale por el otro lado. Reprimirla no la elimina ni la controla, la estimula, la hace más inteligente. En este punto hay que pensar que este tipo de violencia, que es estimulada por la codicia de aquello que vemos todos los días, es susceptible a hacerse cada vez más, más inteligente, más astuta. Como conclusión podemos decir que reprimiéndola estamos estimulando su inteligencia, estamos acrecentando su fuerza. ¿No han oído decir de Nietzsche o de no sé quién, que "aquello que no me mata me hace más fuerte"? Bien, es así como funciona la violencia reprimida.

Ahora ¿cómo funciona el gobierno ante la violencia? La está estimulando, cuando la reprime y no va a las causas radicales que la genera. Siempre habrá un cuantun de violencia en la sociedad. Si hacemos y defendemos una revolución verdadera siempre estaremos expuestos a ella, siempre seremos objeto de la violencia. Habrá otro tanto escondida en nuestras pasiones. Pero hablamos de la violencia que produce en la sociedad el capitalismo. Hablamos de las deformaciones morales, emocionales y psicológicas que produce. Es eso lo que debe atender la revolución, si quiere acabar con esa violencia. Debemos volver a encontrarnos con los ideales de construir una sociedad mejor, más justa, pero más humana y espiritual. Debemos comenzar con hablar con la verdad y dar los mejores ejemplos ante los demás. Y por otro lado dar mensajes claros de los que estamos haciendo con la revolución y romper, definitivamente, con todo lo que sea capitalismo, dejar de hacer alianzas con el enemigo, diferenciarse y distanciarse de él en todo. Si aceptamos la revolución aceptamos un enemigo, y este es la burguesía, el capitalismo y sus maneras.



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Héctor Baíz

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