La Empresa Primaria, la Secundaria y la Terciaria

La empresa secundaria venezolana atascó el desarrollo de las otras dos durante la segunda mitad del siglo pasado.

Sin una poderosa empresa primaria no hay progreso en la secundaria ni en la de servicios.

La literatura económica trae sectores primario, secundario y terciario o de servicios. Hemos preferido hablar de empresas porque ninguno de esos sectores queda habilitado mientras al frente de ellos no haya los empresarios correspondientes. Entre estos, el trabajador es el principal empresario "personal", por así llamarlo.

Por empresas primarias entenderemos, pues, las dedicadas a la producción y obtención de materias primas y de productos acabados listos para su consumo industrial o familiar. Comprende las actividades agrícolas por excelencia, pero también las extractivas y mineras[1] como creadoras de materias brutas susceptibles de transformación en materias primas.

La empresa secundaria es la comúnmente llamada industrial o de trasformación de bienes intermedios a partir de materias procedentes de las empresas primarias. La empresa terciaria es la dedicada a la prestación directa de servicios personales al consumidor.

Estas empresas industriales han sido la causa del atraso industrial de Venezuela, particularmente, de su estancamiento durante toda la segunda mitad del siglo XX.

Ese fenómeno que tanto daño sigue causándole al país debe ser suficiente para que el Estado de la presente República deje de confiar en una obsoleta empresa secundaria privada que arrancó desmontando casi toda la empresa primaria; lo hizo cuando estimuló el llamado "éxodo campesino", mismo que despobló el campo de sus mejores agricultores, que rompió la secuencia cultural agrícola, al punto de que hoy en Venezuela la mayoría de quienes vivimos en las ciudades y en las principales capitales rurales no saben cosechar sus frutos[2].

Ese inducido éxodo campesino tuvo como cebo la industrialización del país con inclusión de la agroindustria, con la falsa oferta de mejores salarios y condiciones de vida para unos campesinos acostumbrados a andar con ropas maltrechas y calzar alpargatas, o patas en el suelo, cosas así.

Como sabemos, estos campesinos migrantes no hallaron vivienda y pasaron a engrosar los miles y millones de trabajadores que echaron mano a la construcción de los ranchos que hoy liquida la Gran Misión Vivienda Venezuela, luego de más 40 años de vida indigna y miserable. Los buhoneros de hoy descienden de esos migrantes del campo, ante las altas cuotas de desempleo crónico al que se acostumbraron tales empresarios.

Ese éxodo redujo considerablemente la producción de la empresa primaria agrícola; fue entonces cuando se disparó la importación de alimentos que usualmente producíamos en casa. Estos importadores fueron financiados por el Estado a punta dólares baratos y son los mismos que hoy se han convertido en los peores enemigos del Estado.

Con ese financiamiento, con esas licencias de importación, terminaron de desestimular a la empresa primaria agrícola, subdesarrollaron más aún la poca empresa industrial y terminaron dejándonos sin productos del campo y de la ciudad, y optaron, pues, por dedicarse al rentismo petrolero que ya conocemos. El consumo hogareño de estos empresarios secundarios ha sido de procedencia extranjera, de allí sus frecuentes viajes al Norte. O sea, su pitiyanquismo es causal y no casual.

Los empresarios de la empresa secundaria crearon un círculo vicioso: baja producción agrícola despoblada por la empresa secundaria, baja producción industrial que cambió producción por importación y finalmente extracción masiva de dólares hacia el exterior de donde siempre han procedido. Mayor y creciente desempleo, mayor burocracia asalariada, estrechez presupuestaria, más endeudamiento público, etc.

En resumen, estos seudoempresarios industriales desmejoraron la producción de la empresa primaria privada al privarla de su mano de obra[3] característica del sector primario agrícola, de la empresa primaria agrícola, que, según dijimos en el cuerpo de este artículo, debía correr a cargo de una Venezuela subdesarrollada. Digamos, que, si éramos un país subdesarrollado, los empresarios de ese sector secundario nos rebajaron a país presubdesarrollado.

Esa misma empresa secundaria es la que hoy opina y tiene el tupé de sostener que falta producción porque el Estado no estimula a esos mismos empresarios de la empresa secundaria.

Manuel C. Martínez M.

31/07/2015 02:44:42 p.m.


[1] Como quiera que las actividades de estas empresas modernamente requieren elevadísimas composiciones de capital con predominio de maquinarias de alta elaboración industrial, tales actividades estadísticamente forman parte de empresas industriales. Sin embargo, eso no impide que sigamos catalogando el petróleo y la extracción de minerales como pertenecientes a la empresa primaria. De esta manera, enfrentamos el pésimo criterio burgués, según el cual a los países "subdesarrollados" se les califica como productores exclusivos de este sector.

[2] Esto podemos confirmarlo cuando vamos al mercado y solemos hallar frutos cosechados a destiempo, pero que lo descubrimos en casa cuando creemos que están maduros y sólo se halla prematuros.

[3] Sólo sobrevivieron las empresas cuyas demandas se hallaron siempre disponibles, aguardenteras por excelencia, algunas textileras y las rentables cuya oferta estuvo siempre medida por algunas transnacionales. Tal fue el caso de las caucheras y las de baterías que jamás produjeron una batería de más, ni un caucho más de los que el parque industrial ya necesitaba reponer, y según las estranguladas demandas de esas ensambladoras.



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Manuel C. Martínez


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