En el estado Falcón una mujer es sometida a través de los actos sexistas por parte de su pareja, a múltiples formas de violencia constante y que traen como resultado daño o sufrimiento físico, emocional, laboral económico y patrimonial. Varios años más tarde, una mujer se ve en la necesidad de huir de su casa, para preservar su bienestar psicológico y su integridad física. Poco tiempo después en la ciudad de Caracas, una mujer con salud precaria lucha con las armas judiciales a disposición de todos los ciudadanos venezolanos, por el reconocimiento de sus derechos como mujer y concubina, derechos incluidos en una ley especialísima de género y que en su afán de protección de la mujer, formó parte del grupo de corredactores de la norma legislativa.
Si analizamos los tres casos por separado, vemos que los mismos pueden definirse como atroces. Pero ese calificativo se queda corto, cuando nos percatamos que en realidad esas tres mujeres citadas, son una misma persona, una misma víctima: Virginia King M., ferviente luchadora social, nacida en cuna socialista y revolucionaria, defensora de los derechos de la mujer desde que tiene conciencia, y quien copio el modelo paterno y materno de lucha y defensa de los oprimidos.
La historia de Virginia King M. se puede reflejar no es sólo en el ejemplo de las tres mujeres, es también la real personificación de miles y miles de féminas que sufren las consecuencias de la violencia de género en la Venezuela de hoy. A pesar de los avances alcanzados en la materia en los últimos años, el machismo sigue siendo un enorme flagelo de nuestra sociedad. Y el caso de Virginia es bastante emblemático.
Durante diez años, Virginia King M. convivió en comunidad concubinaria, legítima y legalizada, en la ciudad de Coro, Estado Falcón, con "Omar Enrique Pérez, C.I. 5.419.294" que como muchos venezolanos esconden detrás de su educación, status social, económico y político, y su falsa moral la más degradante miseria humana.
En el transcurso de su convivencia, las agresiones verbales, el abuso psicológico y la violencia física entre otras, por parte de Omar Enrique Pérez, fue en aumento y proporcionalmente la salud de esta insigne luchadora fue en detrimento, pues era de pleno conocimiento del agresor, que Virginia King M, su concubina, padecía de una enfermedad denominada "Fibromialgia" que con el stress y la continua angustia producida por la actitud violenta y constante del macho, condujo que para mediados del 2010, es decir a los ocho años de continua e ininterrumpida convivencia, Virginia King M. sufriera su tercer accidente cerebrovascular (ACV), sin obtener de su pareja la más mínima atención, vociferando la invención de la enfermedad, a la mínima queja o solicitud de ayuda, por parte de la enferma.
Una noche de octubre, convaleciente, temiendo por su vida y aferrada a su inagotable fuerza de voluntad y a su convicción de lucha por la justicia de los derechos de toda mujer, decide abandonar su hogar; aquella casa que ayudó a construir con su propio peculio, llena de esperanza y fe de cambio, para consolidar su unión a través de ese único espacio que durante una década había reconocido como un hogar. Huyó a Caracas, con la nostalgia de lo vivido y con la convicción de que lo peor ya lo había dejado atrás y apoyada en su sueño de justicia para la mujer, empieza su nueva batalla, ignorando el calvario judicial que tendría que afrontar, el cual había logrado poner sobre tela de juicio todo el trabajo realizado a través de décadas, por la reivindicación de la mujer venezolana, a través de las herramientas judiciales.
Como quedo ya establecido, Virginia King M. se crío dentro de un hogar revolucionario. Su padre, falconiano de nacimiento,su madre zuliana, le inculcaron a su descendiente una serie de valores y principios que les quedarían marcados para siempre. Durante toda su vida Virginia fue luchadora social. Supo trabajar constantemente para favorecer al menos afortunado, esforzándose por construir una sociedad, como ella suele decir, "más humana". Esa trayectoria encontró un cause especial en los últimos años, en los que se abocó con especial ahínco en la lucha en contra de la violencia de género, lo que la ha llevado fuera de nuestras fronteras (con recursos propios), como fiel representante de las luchas feministas venezolanas ante un público internacional ávido de información de los avances en esta materia del estado venezolano.
Durante su estadía en Falcón trabajó como corredactora de la Ley Orgánica sobre el Derechos de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Pero los meses que transcurrieron después de su vuelta a Caracas dejarían en evidencia que la ley por sí sola no iba a garantizar su bienestar psicológico, de salud física y patrimonial.
A pesar de contar con evidencia suficiente para sustentar su caso por violencia de género en contra de su ex pareja Omar Enrique Pérez, Virginia King M. ha visto su causa rebotada burlescamente en una seguidilla de instituciones, desde el Ministerio de la Mujer hasta la Defensoría del Pueblo, pasando por la Fiscalía competente.
Así mismo y con miras futuras a efectuar la repartición de bienes habidos dentro de la comunidad concubinaria, inició una acción mero declarativa de concubinato, ante los tribunales civiles del estado Falcón, corriendo la misma suerte de injusticia y maniqueísmo jurídico. ¿La razón? Por más avances que se hayan hecho en el desarrollo de leyes en la República Bolivariana de Venezuela, el estado de derecho continúa estando más sujeto al clientelismo y la corrupción que a los procesos de recta aplicación de la justicia.
Omar Enrique Pérez, ha logrado utilizar todas sus influencias, llámense políticas, partidistas, sociales, económicas, personales, etc, a su favor, para poder ganar en todas las instancias judiciales recurridas, pese incluso a las múltiples pruebas presentadas por la accionante y que fueron valoradas incorrectamente por la autoridad judicial, incluyendo los documentos públicos que a todas luces determinan en su contenido su condición de legítima concubina, pero dicha condición desaparece por arte de magia, ante los ojos de los juzgadores logrando en las decisiones desaparecer por completo una relación concubinaria pública y notoria de casi 10 años, entre el ciudadano OMAR ENRIQUE PEREZ y VIRGINIA KING MARTINEZ, quedando evidenciada descaradamente la manipulación de la información, de las pruebas, de la verdad y de la aplicación de la ley.
Actualmente el caso se encuentra en la Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia, como última instancia y la cual está facultada para realizar la depuración de tantos vicios acaecidos en el trayecto judicial, y que han venido lesionando su condición de ciudadana venezolana, de mujer, de luchadora revolucionaria y de patriota, que mantiene no sólo sus convicciones socialistas por encima de su propia vida y que pese a tantos desafueros en instancias tribunalicias, sigue con pie firme y frente alta dando lucha de la defensa de los derechos humanos de seres que como ella, vienen siendo vejadas grotescamente por el machismo y colocadas en completa indefensión por la "justicia".
Ante evidentes injusticias, Virginia King M. ha sido objeto de un apoyo contundente en redes sociales y prensa a nivel nacional e internacional. Se viene realizando una campaña en su apoyo, que busca no solo ayudar su causa, sino concientizar acerca de la violencia de género, la correcta aplicación de la ley especial en la materia, de la cual fue correlatora, la imparcialidad de la dama ciega, y así como las múltiples falencias y obstáculos que aún debe vencer la sociedad en esta materia.
Las razones para apoyarla son muchas. Si bien su caso tiene evidentes tintes políticos, no se puede encasillar en ese plano. Por encima de la justicia normativa por la que se rigen los jueces y los fiscales, existe la justicia del hombre, de la moral y lo humano, justicia por la cual Virginia King M. lleva manejándose su vida entera. Ahora, a pesar de todos los contratiempos, ella aún confía en las instituciones, en el estado de derecho, en la imparcialidad y sobre todo en la depuración de los vicios por parte de aquellos también venezolanos, que tienen la potestad de hacer cumplir las leyes e imponer justicia justa.
Laura Sanchez F.
Venezolana y Chavista.