Freddy Bernal ¿y la reforma policial? Muchos jefes policiales merecen ser despedidos

"La raspazón" debería comenzar entre quienes dirigen las escuelas policiales. Luego continuar con quienes cumplen funciones en niveles altos e iniciar de inmediato un procedimiento de aprendizaje de las normas más elementales en todos los niveles. Proponemos esto último, por lo mismo que dijimos en nuestro anterior artículo "Armas melladas del capitalismo o pistoleros locos de metra", http://www.aporrea.org/actualidad/a207327.html; para hacer algo bueno, no se puede empezar de la nada, hay que partir de lo existente. No podemos votar a todos los policías como sería lo ideal para construir un cuerpo nuevo. Eso sería más que un disparate, un riesgo excesivo y quizás un salto al vacío. Además, lo más probable, es una hipótesis, que las deficiencias no sean de los policías de abajo sino de quienes en ese cuerpo forman, dirigen y crean expectativas.

Plantearse la tarea de cambiar la sociedad toda, lo que significa todo el universo venezolano, para que de ella emerja una nueva y generosa, altamente productiva, solidaria, sana, partiendo del capitalismo, lo que implica combatir contra todos los valores negativos de este sistema, es una ambición gigantesca. Pero procurar crear un cuerpo policial que en buena medida –dije en buena medida no que sea de hombres nuevos – abogue, luche y participe por el bien común y algo más elemental, que vele por el cumplimiento de normas sencillas y cotidianas pareciera ser algo no tan ambicioso e irrealizable.

Los cuerpos policiales, de gobiernos anteriores, esos encargados del orden público, tenían sus escandalosos y marcados defectos. Eran osadamente matraqueros, injustos, crueles y hasta vengativos. Durante el gobierno de Pérez Jiménez y luego los de la IV república, tuvieron la misma conducta y en lo particular, los agentes de tránsito, de ambas etapas, vivían haciendo cuanto fuese posible para estafar o robar los dineros de los ciudadanos conductores. Podían levantar un informe donde el chocado aparecía como chocador y, hasta el vivo, muerto, con tal que el interesado en ganar el choque se bajase generosamente de la mula. Hubo un accidente famoso, porque en él estuvo envuelto un personaje de la televisión entonces muy conocido, que los reales hicieron que los hechos, en el papel y los croquis, apareciesen al revés.

En aquellas circunstancias quien no tuviese "como colaborar" con el agente del orden, de víctima se convertía en victimario. Pero eso sí, por regla general, el policía o agente de tránsito, le tenía declarada la guerra a conductores o pocos motorizados que entonces habían, no permitiéndoles, en lo posible, infracción. Lo que podían hacer por el bien de ellos, después de detenerlos al lado de la vía, revisarles los papeles con detenimiento buscando alguna falla para aumentar el costo de la matraca, era dejarles ir si se avenían a "colaborar aunque fuese para los refrescos"; por cierto, que entonces eran muy baratos, pero ellos no pedían para uno sino para comprar la fábrica completa.

Los agentes motorizados se apostaban en sitios "estratégicos", por no decir a escondidas, para sorprender y perseguir a todo aquel que se comiese la luz roja del semáforo o no atendiese el requerimiento policial o del agente de tránsito.

Pero las cosas han cambiado. No sé si la matraca continúa, no tengo pruebas para afirmar o negar. Sólo puedo decir que a un familiar cercano, íntimo, partidario del proceso revolucionario, le detuvo en plena vía una patrulla policial, le secuestraron, llevaron a un recóndito lugar, le robaron el dinero que portaba y otros objetos. Afortunadamente, no sé si para él o sus atracadores y secuestradores, no se arriesgaron a robarle el vehículo. Pero eso sí, le paralizaron o mejor asustaron diciéndole: "Te conocemos y conocemos tu familia; sabemos dónde vives. Ten cuidado con denunciar esto".

Pero han cambiado. Por ejemplo, los motorizados, impedidos por la ley de transitar sin casco, lo hacen como decimos en lenguaje coloquial "muertos de la risa". Pasan frente a la policía que las más de las veces ni siquiera se toman el trabajo de verlos y de hacerlo, reaccionan como si eso no les importase. Creo que el "como" está usado inadecuadamente, porque en verdad nada les importa. Hace poco presencié como un motorizado con tres pasajeros o maromeros, adolescentes, de paso sin casco ninguno de ellos, pasó frente a un puesto policial y no le detuvieron. En Santa Fe, una camioneta abierta llevando como diez personas en la plataforma, un sábado al anochecer, pasó frente la Guardia Nacional apostada en la alcabala, cuyo conductor y hasta los mismos pasajeros se dieron el lujo de saludar a aquellos funcionarios que les dejaron seguir como sí nada.

Esta mañana, tuve un altercado con un policía motorizado. Se comió la luz verde sin que hubiese motivo para ello; por reclamarle gestualmente se devolvió y allí mismo me conminó me detuviese. Había gente observando, afortunadamente unos conocidos.

Le volví a reclamar y ante su petición que le entregase mis documentos me negué y por el contrario, le exigí que me llevase detenido por lo que él creía mal hecho. "Eso sí, le dije, estos dos personajes que aquí están van con nosotros de testigos".

Me miró, quizás para no olvidarme, y optó por irse en silencio.

Es habitual, como los policías motorizados, no sé si asombrosa, curiosa o chistosamente, compiten frente a los semáforos, con motorizados civiles por demostrar quién de ellos es más relancino comiéndose la luz. Esa policía tiene la responsabilidad de velar por la conducta de los conductores y lejos de eso, se dedican sistemáticamente a promover e incitar entre aquellos que no respeten las normas de tránsito.

¿Qué clase de gente forma y dirige a quienes integran los cuerpos policiales que no han sido capaces de lograr esos cambios elementales? ¿Cómo aspirar cambiar la sociedad toda, formar un hombre nuevo, si no podemos lograr que la policía, aunque siga siendo matraquera, no procure evitar que los ciudadanos violen las normas de tránsito sino que al contrario, como nunca antes se había visto, se dedica a "dar clases" de como comerse las luces y hasta competir en eso con los motorizados civiles y de paso invitar a todos los conductores sigan ese ejemplo?

De manera directa e indirecta la policía está ligada al bachaqueo. Este, es a todas luces ilegal y la policía en el menor de los casos se hace la desentendida. En un mercado o plaza, no es extraño ver a un policía al lado de un bachaquero especulando con productos subsidiados, mientras aquél se muestra indiferente a aquello.

Esa policía, por esos hechos evidentes y escandalosos, está desacreditada ante la opinión del ciudadano; pero lo que es peor, ella denuncia la baja calidad profesional, ciudadana y humana de quienes la forman y dirigen.

No quiero terminar esto sin comentar acerca del hecho, vamos a llamarlo insólito o inesperado, que significa el regreso de Freddy Bernal a la Asamblea Nacional. Lo insólito e inesperado se explica porque por su experiencia y formación profesional se le puso al frente de una comisión presidencial precisamente para reformar, sanar, los cuerpos policiales y cuando esa tarea que es gigantesca, por gigantesca, apenas empezaba, recogió o hicieron que recogiese sus macundales y volviese por sus propios pasos.

¿Será que Freddy, con todo su peso político, firmeza, chocó con un iceberg o apenas comenzó a tirar el hilo en la otra punta se halló con la misma sorpresa de quienes intentaron averiguar quiénes sacaron indebidamente del país los 25 mil millones de dólares de los cuales hablaron Sanguino y Farías, presidente y vicepresidente respectivamente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional?



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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