Punto y Círculo versus Parques Industriales o el Estado como Cliente y no como autoridad rectora

El rentismo parasitario como variante capitalista de la explotación burguesa podría considerarse como la explotación en masa de los consumidores a quienes finalmente más se les explota como tales que como trabajadores en el modo de producción capitalista.

De poco serviría la extracción de plusvalía si el fabricante y sus aliados, comerciantes y banqueros, no logaran retomar para sí el dinero pagado a los trabajadores en condición de asalariados fabriles, y además hacerlo con intereses o ganancias varias.

Cuando en teoría se dice que D-M-M’-D’ expresa simbólicamente la circulación del capital, tal como lo recogió Carlos Marx en El Capital, debemos entender que se trata de un flujo permanente que lleva a cabo el capital dinero a través de sus inevitables fases, dos de ellas circulatorias y la otra productiva: 1.- Como capital dinero de arranque, D; 2.- como capital mercancías de producción, M (Mp y T = medios de producción y mano de obra); 3.- como capital mercancías de consumo, M’, y 4.- como capital dinero cargado de plusvalía, D’.

De esa circulación se concluye que los capitalistas finalmente buscan convertir su capital de partida en más capital, sin importarles cuál ni cómo sea la fuente de la ganancia final. Buscan acrecentar su capital dinero a través de la venta a los asalariados de las mercancías que estos le produzcan, y aunque poco les importe a los capitalistas el hecho de que los trabajadores sean la fuente de toda la riqueza mercantil en juego, en cambio, están bastante claros e interesados en que esos trabajadores les compren sus mercancías.

O sea, ciertamente, la fuente de toda riqueza es el trabajo del asalariado en el caso burgués, pero esa riqueza debe ser liquidada o vendida, y sus compradores natos son los mismos trabajadores.

Por esa razón, ante el capitalista se abre un abanico de posibilidades que puedan traducirse en ganancias para su capital. En el caso del capitalista rentista, ese que vive del Presupuesto Nacional mediante contratos leoninos para obras de infraestructura contratadas a precio de oro y realizadas a costo de gallina flaca, para la compraventa de divisas subsidiadas para el financiamiento de importaciones de bajo precio de compra y precios especulativos de venta, y contratos que logra celebrar con burócratas corruptos que asumen también labores comerciales en remplazo de labores serviciales, ese capitalista rentista, decimos, evade las fase de producción de mercancías, la contrata de mano de obra y la compra de medios de producción, para limitarse a la explotación del consumidor en sentido amplio porque le vende bien caro lo que compra con un Presupuesto que a este mismo pertenece.

Y si el Estado, en nombre de esos consumidores, puede cederle suficiente dinero que a estos pertenezca, ni siquiera a los consumidores directos tiene el capitalista por qué venderles. Su relación se monodirecciona como un contrato unilateral entre los burócratas y el capitalista rentista al cual aquellos servirán como ciudadano a quien ellos también deben servirles. Carlos Marx ya lo dijo: El Estado (los burócratas) son una suerte de administradores del patrimonio burgués.

Cuando el Presidente Chávez lanza el programa de “Punto y Círculo” estaba invitando a aquellos empresarios que desearan dedicarse a la producción, que compraran medios de producción y mano de obra; que se dotaran de inmuebles como talleres y oficinas varias, depósitos, etc., unas inversiones de capital que el capitalista rentista venezolano evadió durante muchas décadas.

Recordemos aquella suerte de fiebre industrialista que usaron como estrategia engañosa para justificar el desmontaje de la industria agrícola nacional, la quiebra del campo.

Los créditos que lograron del Estado no fueron para convertirlos en parques industriales, sino que dejaron al Estado estas inversiones infraestructurales. Ahí están los parques industriales financiados y costeados por la Alcaldía de Valencia-antes Concejo Municipal. Este parque de la “Fundación Valencia” fue dotado de galpones con agua directa y grandes depósitos subterráneos, con teléfonos, alumbrado eléctrico, gas y vialidad, y además fueron exonerados del pago de impuesto municipal durante 25 años, agotados los cuales, consideraron que debían prorrogarse porque la economía "que ellos mismos dirigían" estaba debilitada.

Ese mal ejemplo fue emulado por casi todos los concejos municipales del país; estos optaron por tener cada uno su propio parque industrial con un consumo del Presupuesto Municipal que privó a los munícipes de varios servicios sociales, y de aquellos parques sólo quedó el terreno enmontado y las acreencias sobre un empresariado maula, pillo y comerciante que siempre ha visto al Estado como cliente y no como autoridad rectora.

23/01/2015 01:38:48 p.m.



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Manuel C. Martínez


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