Quinto malo

Chávez es nuestro igual inmenso hecho pensamiento y acción

La primera vez que estuve frente al Comandante Chávez fue en el año 1994. Él acababa de salir de la prisión y una coincidencia de afines en el gusto por los libros nos congregó en una librería que funcionaba en el sótano de la edificación que hoy ocupa la Universidad Nacional Experimental de las Artes en la ciudad de Caracas.

Yo estaba conversando con el, para entonces, librero mayor y poeta, Miguel Márquez, a quien dije, cuando ingresó a la misma librería aquel desgarbado flaco trajeado de grisáceo liquiliqui: “¿Ese como que es el Comandante Chávez?”. Confirmada nuestra sospecha le expresé a mi amigo poeta que yo iría a estrecharle la mano a ese “pedazo de historia que hoy nos visita”. Lo hice.

Me acerqué al lugar donde Hugo Chávez ojeaba libros, lo saludé, le expresé mi admiración por su acción y valentía durante la rebelión que comandó el 4 de febrero, hacía apenas un par de años atrás, intercambiamos teléfonos y pareceres. Sentí, en aquel momento, estar frente a un igual inmenso. Un igual a mí y a todos y a todas. Un igual al pueblo, sencillo, locuaz, brillante, inteligente, pero inmenso.

Aquella sensación de estar ante un igual inmenso la sentí cuando me correspondió acudir, como corresponsal del derechista diario venezolano El Universal, a cubrir la Cumbre de Presidentes que se celebraba en Río de Janeiro (Brasil), la primera a la que acudía Hugo Chávez, luego de haber sido electo Presidente de la República, en diciembre de 1998.

Esa misma impresión la sentí luego repetidas veces, mientras lo seguí, militante y ciudadanamente, hasta en tareas gubernamentales. En cada reunión, en cada alocución, en cada reflexión, fue aumentando en mi interior, la percepción de estar ante un igual inmenso.

A cada rato nos encontramos con iguales. Considero que lo más cotidianamente placentero es sabernos entre iguales. Pero estar ante un igual inmenso es extraordinario. Porque un igual inmenso como Chávez es una síntesis humana de clase, es un pueblo todo hecho individuo, es una razón amorosa personalizada. De eso siempre me sentí especialmente orgulloso de Chávez. Desde cuando recién investido de Presidente ofreció su salario para cubrir algunas becas escolares y propuso hacer del palacio presidencial, no una residencia gubernamental suya sino, la sede de una universidad. Al observar que la inclusión se convertía en una forma básica de liberación para los sin-nada de siempre y democracia no era palabra fácil de escribir y olvidar en un papel, sino lugar para la participación y el protagonismo del pueblo. Es que a Chávez lo sentí siempre el igual inmenso.

Por eso hoy, cuando acaba de crearse y se lanza el Instituto de Altos Estudios del Pensamiento de Hugo Chávez, lo primero que se me ocurre que debe caracterizar al trabajo de esta institución para el conocimiento, para el intercambio de saberes y la profundización de la epistemología de Chávez, es ese sello perenne que le supo imprimir a todo su ideario, el igual inmenso.

El igual. El campesino, el pueblo, el proletario encarnado en Hugo Chávez se hace inmenso y, además, un inmenso alcanzable, un inmenso en dignidad compartida, para quien toda reflexión en el área del conocimiento que fuese, estaba argumentada por su consecuente mirada de clase. Por eso la liberación, por eso el afán bolivarianamente independentista, por eso la Patria socialista.






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Iván Padilla Bravo

Director del semanario cultural "Todos Adentro", medio adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura. http://www.mincultura.gob.ve/

 ivanpadillabravo@gmail.com      @IvanPadillaB

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