Calidad y cantidad en la constitución de los Partidos Políticos

Son dos cosas muy diferentes el concurso cuantitativamente masivo de la población durante un proceso electoral, y el número de afiliados necesarios para constituir un partido político. La Constitución es clara al respecto, según su Art. 67, de manera que bastaría un determinado grupo de ciudadanos asociados (inclusive pequeño en cantidad) para hacer valer sus derechos a fundar un Partido Político y liderizar movimientos tendentes a la paz, seguridad y bienestar de sus conciudadanos. No respetar este derecho es reservar oligopólicamente el derecho político a quienes, basados, por ejemplo, en su antigüedad y/o en su poder financiero se conserven crónicamente o puedan realizar campañas proselitistas a fin de obtener grandes cantidades de electores potenciales que hasta muy posiblemente ni siquiera concurran a los comicios en su oportunidad.

El concurso masivo a determinado Partido Político suele depender de factores objetivos y subjetivos. La compra de conciencias, la filantropía estatal con dineros del pueblo, el amañamiento de los registros electorales, etc., y, claro está, también el apego o rechazo ideológico al programa de gobierno de los partidos ya registrados; los estatutos y ventajas que algunos ciudadanos honestos den por válidos y merecedores de su afiliación. El carisma de los líderes siempre ha jugado un papel importante

En Venezuela, durante la pasada república, proliferaron los partidos políticos sobre la base de estímulos financieros que fueron aprobados y legalizados durante el régimen de Luis Herrera Campíns (?). Este Presidente tomó la medida, supuestamente, para evitar la participación de dinero sucio en el financiamiento de los partidos políticos. Un financiamiento público que terminó estimulando su formación, de tal manera que cuanto vivián quería vivir de las manguanguas del Estado, se conseguía unas cuantas firmas, los ventajistas adecos y copeyanos le facilitaban otras (a fin de disimular su dúopolio electoral), recibían la anuencia corrupta del Consejo Electoral de marras, y ¡zas!, a vivir parasitariamente del Estado. Sin embargo, actualmente, todo hace suponer que Pdvsa es la fuente irregular de recursos para el MVR y otros.

Fueron los tiempos de los famosos *tarjetones electorales* en los cuales, por cierto, los partidos de la diarquía de adecos y copeyanos se reservaron las coordenadas o lugares más visibles, periodísticamente hablando: los encabezados ora de la izquierda, ora de la derecha, y como era un tarjetón rectangular, tales lugares resultaron obvia y descaradamente ventajistas. Recuerdo haber impugnado semejante ventajismo sin respuesta judicial alguna; la complicidad generalizada del venezolano así lo decidía. Todavía, durante la presente República he escrito sobre la conveniencia de que se adopte una TARJETA CIRCULAR, libre geométricamente de lugares privilegiados si se colocan los iconos de cada partido en la periferia de dicha tarjeta.

Tal proliferación de partidos políticos fue tan abusiva que hubo necesidad de regular la legalidad de dichos partidos, y se adoptó el sistema cuantitativo, según el cual sólo los partidos con un número de peso suficiente podían seguir fungiendo de tales. Así desapareció aquella nube de micro partidos, y la pugna electoral quedó reducida a unos cuantos, los más numerosos, inclusive con registros electorales chimbos que, como sabemos, fueron puestos en evidencia durante la presente república.


Así las cosas, proponemos reducir la cuota numérica de afiliados necesarios para la constitución de un Partido Político, y se haga hincapié en la evaluación exhaustiva del currículum moral y profesional de sus fundadores y asociados pioneros (de acuerdo), porque el sólo factor cuantitativo sólo es conveniente para aquellos cogollos que lograron altas cuotas en el pasado y, aunque están en su derecho de ganar numéricamente, no pueden ejercer la exclusividad de este derecho político, ya que no pueden seguir coartando el derecho a que otros partidos minoritarios le expongan al país sus inquietudes, sus apreciaciones, aunque en los comicios siga privando la cantidad sobre la calidad.



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Manuel C. Martínez M.


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