¿Con quién vamos? ¿Con Maduro, la revolución o fortalecemos la derecha?

Frente a los asesinatos de Robert Serra y María Herrera, ambos militantes de la revolución, la oposición ha jugado cuadro cerrado. Uno revisa los tuits, las declaraciones de prensa, los titulares de los diarios y artículos de opinión, todos ellos coinciden en negar que ese espantoso delito estén ligados a la política; pese los videos difundidos por diversos medios donde Gómez Saleh se ufana de lo que tienen preparado. Aquello de si “hubiese una dirigencia seria ya nos hubiésemos bajado unos cuantos muñecos”, pareciera no indicarles nada. Pese los antecedentes de lo sucedido con Danilo Anderson, Eliécer Otaiza y tantos camaradas muertos en las guarimbas, hasta vilmente degollados y por francotiradores desde el año 2000, quienes uno había creído gente seria y sana de la oposición no se deslinda sino que por lo menos, por omisión, se convierte en cómplice de esas atrocidades.

No falta, alguno que otro, por simplismo o crueldad, que celebra ese brutal hecho. Otros, incluyendo los diarios, inventan versiones para confundir a la opinión pública para que esos actos abominables, financiados por gente ansiosa de poder y ejecutados por monstruos o máquinas para asesinar con crueldad, aparezcan como producto azaroso del hampa común. Con lo que de paso, se convierten en acusadores del gobierno por incompetente frente al problema de la inseguridad.

Los más osados o menos torpes, aparecen condenando el hecho en sí, pero difunden sus dudas, descartan que la ultra derecha tengo algo que ver con eso y apuntan a actos azarosos de la delincuencia común.

Resulta que la derecha estableció un contubernio con el paramilitarismo y todo lo que eso significa en el mundo de la delincuencia y los delitos. Ernesto Samper, expresidente de Colombia y Secretario general de UNASUR, no es un improvisado y menos desprevenido. Por lo que su opinión acerca de la participación paramilitar colombiana en Venezuela y particularmente en estos dos viles asesinatos, tiene un peso y valor desmedido.

¿Acaso no sabemos de memoria, como solemos decir en Venezuela, que aquí llegaron cientos de paramilitares a una finca cercana a Caracas con la misión de asesinar al presidente Chávez? ¿Olvidamos que hace pocos días, María Conchita Alonso, vinculada al paramilitarismo, tanto que la finca Daktari es propiedad de la familia y otros más han pedido caer a balas a los partidarios del gobierno?

¿Qué motivación distinta a la política pudo haber para asesinar a un par de jóvenes que soñaban con construir el socialismo o tomar el cielo por asalto? ¿Cómo puede cometerse una fechoría como esa con un par de seres humanos que hasta por jóvenes mismos, no tenían cuentas pendientes con nadie, salvo con los enemigos de la idea de construir un país para todos y que la renta petrolera se distribuya con cierto nivel de generosidad?

Los asesinatos de Robert Serra y María Herrera, dejando claramente establecido que el primero era de “los muñecos” de quienes Gómez Saleh hizo mención, estaban dentro del plan de la derecha de atemorizar, arrinconar a los revolucionarios, pero también intentar desatar una confrontación para destruir el país y hasta justificar la presencia de los salvadores del mundo y la democracia; esos mismos que, como hicieron en Haití, cuando el último terremoto, ahora en lugar de enviar médicos y medicinas al Africa para combatir el ébola, sólo se les ocurre enviar 4000 soldados.

Pero lejos de atemorizar al chavismo, a quienes atemorizan con esas deleznables prácticas, es al universo de la derecha que no se atreve a condenarlas para evitar convertirse en objetivos de los agresores. Por eso, gente como Chúo Torrealba, que viajó del PCV al MAS hasta aterrizar en Primero Justicia y ponerse bajo el ala de Henrique Capriles y recibir donaciones desde EEUU, hace gimnasia para hablar de la política “democrática” de la MUD sin entrar en conflicto con el paramilitarismo de Uribe y las prácticas asesinas.

Por eso, para los revolucionarios, los chavistas, en este momento aciago, no hay cabida para la duda y menos para lanzar sombras sobre la conducta del gobierno. Porque ellos, los asesinos, los paramilitares, la ultraderecha, vienen o podrían venir por todos y no se pararían ante ningún títere con gorra, que pudiera facilitarles la tarea generando desaliento, desconfianza y hasta cizaña entre los revolucionarios.

Como no hay ese espacio, debemos, estamos obligados a estar con Maduro, pese a cualquier discrepancia y con la sana disposición de superarla, de acuerdo con el movimiento, la solidaridad entre revolucionarios y la contundencia de los hechos.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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