David Nieves, Claudio Domínguez y la crítica

      Admito que abordaré un tema delicado y hasta escabroso. Porque implica ponerme como en medio de dos personajes por quienes siento respeto y adhesión.

           A David Nieves le conozco desde nuestros años juveniles. De cuando éramos cuadros dirigentes de la juventud de AD; en San José David y el suscrito en Altagracia, ambas parroquias caraqueñas. Los dos formábamos parte, ya en aquella temprana época, recién caído Pérez Jiménez, de lo que llamábamos la “izquierda adeca” y Rómulo Betancourt “los cabezas calientes”. Aparecemos en el acta fundacional del MIR, David por Distrito Federal y este servidor por el Estado Sucre, donde nací, crecí y aún tengo hundidas las raíces.

          Como bien se sabe, nuestro partido se dividió y subdividió tantas veces que, como el partido comunista, quedó diezmado. Fui de aquellos que nunca estuvo de acuerdo con la lucha armada, aunque por aquello que llamábamos disciplina revolucionaria me mantuve militando activamente, llegando a ocupar posiciones hasta en segundo nivel de la Dirección Nacional, hasta que los avatares de la vida, mis muy particulares circunstancias de no contar con los más mínimos recursos, habiéndome casado, quizás la única osadía de mi vida, hube de dirigirme a aquello que en la jerga nuestra se llamaba “retirarme a la vida productiva”. Es decir, buscar un trabajo y abandonar mis responsabilidades de dirigente.

           Estando en esas circunstancias, aquí en Anzoátegui, pese no militar en el MIR y tampoco formar parte de la Liga Socialista o algún grupo que participase en la lucha guerrillera por lo que ya he dicho, más de una vez tuve mis encuentros, por motivos que no vienen al caso, con mi viejo y admirado maestro Carmelo Laborit y más insistentemente con David.

          La última vez que vi a este último y hablé con él, fue por un hecho fortuito. El día anterior, pasando por una calle de El Pensil, barrio de Puerto La Cruz, vi parado en una calle, en horas del mediodía, como esperando a alguien, a un conocido jefe guerrillero buscado por la policía política y el SIFA con avidez. Nos miramos. Reflexione rápidamente, pese al impacto que aquello me produjo, giré a la derecha mi viejo y diminuto automóvil en la próxima esquina y luego en la siguiente y la siguiente para volver donde le había visto  y prestarle ayuda al camarada y antes compañero del MIR que luchaba por lo que yo creía pero por medios distintos y ya no le hallé. Se había esfumado.

         David acostumbraba visitarme cada diez o quince días. Siempre esperaba con ansia el día que llegaría frente a mí con su estupenda sonrisa. Esa vez llegó igual de sonriente, pero dos días después de haberme visitado; pero por lo ocurrido el día anterior, supe el motivo de su inesperada visita.

         “-¡Caramba hermano!”, dije a David, “creo saber el motivo de esta visita tuya adelantada”.

       “-Yo también sé que lo sabes”, me respondió mi viejo amigo.

     -“¿Entonces?”. Pregunté.

     -“Sucede”, habló David, “que el tipo insistió que viniese a hablar contigo para te dijese que no hicieses ningún comentario sobre lo que viste ayer”.

   -“Bien”, respondí yo sonriente, y luego pregunte: ¿Qué piensas tú y qué le dijiste?”.

  -“Bueno, lo que imaginas”, respondió siempre sonriendo. “Que seguías en tu posición contraria a la lucha armada, pero en lo sustancial eras de los nuestros y le aseguré que esta visita sería innecesaria, porque estaba seguro que no hablarías con nadie de eso”.

     -“Entonces no hay nada que hablar al respecto” dije para terminar con aquello.

     En efecto, eso no lo supo más nadie. A mi compañera de toda la vida se lo dije como 20 años después, cuando ya toda estaba en calma.

     Escribí esta larga perorata que pudiera ser una pequeña historia interesante para dejar constancia de mi amistad con David Nieves Banchs. Todavía puedo agregar que estando yo de nuevo en el MIR, cuando este retornó a la legalidad, al votar por diputados, lo hice por el partido de David, para que, aunque voté en Anzoátegui, y él fue postulado por Caracas, por lo que establecía entonces la Ley Electoral, pudiese salir por cociente nacional y así sacarlo de la cárcel donde le tenía la IV República, como en efecto logramos.

            A Claudio Domínguez no le conozco personalmente, aunque he querido hacerlo; comparto con él muchas inquietudes y digo esto porque le leo con bastante frecuencia, placer e interés y  le tengo en alta consideración.

         Todo lo anterior viene a cuento, porque en su más reciente artículo http://www.aporrea.org/actualidad/a195289.html, hace mención a David Nieves, diciendo lo siguiente: “ese que tanto voceó la consigna que el socialismo se logra peleando, ¡Pelando!, casi nos sugirió o lo sugirió muy discretamente, que la crítica dejó de ser un acto revolucionario. Hacer crítica en este momento, es como estar al lado de la MUD”.

        Respeto a Claudio Domínguez, le percibo serio y digno de tomar en cuenta lo que dice. Pero conozco bastante a David Nieves y con el perdón de Claudio, conozco de su posición de ahora, su vieja formación y persistente rebeldía y me parece extraño que aquél haya dicho exactamente eso. Casualmente, Domínguez no asegura que David dijo aquello sino que “casi nos sugirió o sugirió discretamente”, lo que es una cosa diferente; y “sugiere” una libre interpretación de aquel.

        No tengo interés alguno en poner en duda la seria palabra de Claudio Domínguez, sólo quisiera que por esas ligerezas del lenguaje, David haya incurrido en algún error de construcción o Claudio haya mal interpretado una sugerencia “discreta”, porque apenas “casi lo sugirió o sugirió discretamente”. Son libertades del lenguaje.

        Casualmente, esta mañana, en “El Quiosco Veraz”, de Earle Herrera, escuché decir a Julio Escalona, muy vinculado a David Nieves, palabras más, palabras menos, que la crítica era necesaria. Yo diría, ella es vital para el movimiento y el cambio, tanto como que es hija de ellos. Matar la crítica es ponerse al lado de quienes no quieren que haya cambios y pongo en duda que David Nieves piense o quiera eso.

       Lo que pasa, como dijo Escalona, es que la crítica debe estar bien fundamentada y además sujeta al hacer; que por lo menos, digo yo, significa el proponer y advertir para mejorar. La crítica debe ser cuidadosa como para que lo que digamos no abunde en favor del enemigo.

       Hay una persistente crítica proveniente de sectores que se identifican y les identifican con la izquierda, que pareciera destinada a desacreditar personas, bajar la moral y promover la desconfianza. Por supuesto, no incluyo a Claudio como a mí mismo, dentro de ese grupo. He leído recientemente trabajos de personas que poco les falta por calificar de traidores, tránsfugas a compañeros del gobierno, partiendo de formulaciones generales, como sacadas de un libro de parábolas o un recetario general  para hacer revoluciones hasta más allá del sistema solar. Quisiera creer que eso que dijo Escalona y pienso, quiso decir David Nieves, pues le sé bastante inteligente, despierto y formado desde muy joven para decir otra cosa.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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