El Marxismo burgués y el Marxismo reaccionario

La ideología dominante transforma todo pensamiento moldeándolo en su beneficio a través de la manipulación y el control de las vías de comunicación.

De esto ya daba cuenta Lenin, cuando hablaba de cómo convertían a los grandes revolucionarios tras su muerte en “iconos inofensivos, [...][rodean a] sus nombres de una cierta aureola de gloria para “consolar” y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario”. Sólo tenemos que pensar en lo que se ha hecho con figuras como la del Ché Guevara.

El socialismo burgués es el resultado de aplicar este proceso con el socialismo: “[...]este socialismo, trataba de disuadir a la clase obrera de cualquier movimiento revolucionario, al señalarle que sólo una modificación de las condiciones materiales de vida, de las condiciones económicas, podría serle de utilidad, no así tal o cual transformación política. Pero por modificación de las condiciones económicas este socialismo no entiende en modo alguno la abolición de las relaciones de producción burguesas, la cual sólo es posible por la vía revolucionaria”. En definitiva, “pretenden la burguesía sin proletariado”.

Lo mismo pasa con el marxismo. Al mismo tiempo que es criticado ferozmente por la ultraderecha (podríamos incluir en la actualidad a el PSOE y a toda la socialdemocracia, cada vez más reaccionaria), paralelamente la izquierda reformista reviste al marxismo con sus propios intereses reformistas.

Es el “revisionismo”. “Hablar de crisis del marxismo -expone Lenin-significa repetir las frases absurdas de los escritorzuelos burgueses, que se esfuerzan por atizar toda discusión entre socialistas para transformarla en una escisión de los partidos socialistas”. Critican estos “marxistas” al comunismo “ortodoxo” como un modelo necesitado de “revisión” o “actualización” cuando ya en la misma época de Marx los reaccionarios burgueses y la socialdemocracia que pactaba con la burguesía decía exactamente lo mismo.

Por otro lado la mayoría de esta izquierda tiene como su máximo objetivo alcanzar de nuevo el estado del bienestar, es decir, estos marxistas europeos tienen como objetivo volver al período expansionista del capitalismo. Menudos marxistas... “Únicamente gentes muy miopes podían pensar en modificar la doctrina de Marx bajo el influjo de unos cuantos años de auge y prosperidad industrial”.

Estos “miopes”, como Lenin los llamó en su día, pretenden ahora sin descanso recuperar una realidad que ya se ha desvanecido, pues como siempre en el capitalismo “tras la prosperidad, vino la crisis”. Juegan con las masas al palo y la promesa. Por no hablar de aquellos que convierten a Marx en un papa Noel beatífico cuya doctrina se basa en sentir pena por la miseria de los trabajadores, en simplemente modificar sus condiciones de vida.

Esta ideología quedó plasmada en la historia actual a través de las sucesivas traiciones de los partidos comunistas europeos con el llamado eurocomunismo. Aceptan el parlamentarismo burgués, pero siguen siendo “comunistas” para lo bueno, claro.

Frente a eso, aparecen unos partidos comunistas reaccionarios, lassalleanistas políticos, sectarios, que tratan a pesar de lo que dice el propio marxismo de imponer un modelo de socialismo único, “imperialista” (el de la URSS) a los países europeos, una especie de fetichistas de Stalin que, en vez de aprender de los errores de la URSS y su socialismo autárquico propulsado tras el rechazo de la NEP, pretenden su restauración. Hasta criminalizan a Trostki llamándolo traidor, revisionista. ¡Llaman revisionista al presidente del Soviet de Petrogrado, el único que apoya a Lenin a favor de insurreccción en la reunión de julio, que empieza a repartir armas a los delegados obreros en septiembre!

Y mejor no hablamos del asunto nacional por ambas partes. No apoyan la independencia para no apoyar a la burguesía catalana o vasca, poniéndose así de parte de la burguesía castellana. Es decir, defienden el derecho de autodeterminación siempre y cuando no se haga uso de él.

El tan repetido principio “sin anexiones ni contribuciones, sobre la base de la libre autodeterminación de los pueblos” queda olvidado por aquellos que se dicen herederos de los comunistas o influenciado por ellos.

Toda esta situación sólo se puede subsanar a través de la construcción de nuevos partidos comunistas que verdaderamente sean comités de científicos materialistas, expertos en política marxista, que sepan hacer política de frentes.

Así, “el proletariado no debe, ni mucho menos, considerar que las demás clases y los demás partidos son 'una masa reaccionaria': por el contrario, el proletariado debe participar en toda vida política y social apoyando a las clases y los partidos progresivos contra los reaccionarios”.

Una vez más, Lenin demuestra que también el sectarismo y la negativa a cualquier tipo de frente alegando la pureza de la doctrina, no es sino una forma de seccionar el avance del socialismo a través de las fuerzas centrífugas de los dogmáticos, que se revelan como oportunistas. De igual modo, el electoralismo reformista de los eurocomunistas impide la unidad y la batalla por las ideas dentro de un frente amplio.


Bibliografía:

Karl Marx, and Friedrich Engels, Manifiesto Comunista

Lenin, Contra El Revisionismo, En Defensa Del Marxismo (URSS: Progreso, 1976)

———, El Estado Y La Revolución (Madrid: Alianza, 2006), p. 183

———, "Declaración de Los Derechos Del Pueblo Trabajador Y Explotado”, 1918 .


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Teodoro Santana Nelson


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