Base de operaciones

**** El tema de la oposición es el colapso del sistema vial del país, pero no discute una política de transporte integral que perjudicaría los intereses de los privilegiados.


El tema de la oposición, como ya lo he señalado en otras columnas, es la cuestión coyuntural del colapso del viaducto de la autopista Caracas-La Guerra, y en general del sistema vial venezolano. No ha abierto un debate sobre el problema del transporte en el país. No se pregunta, por ejemplo, ¿cómo es posible que el traslado de 4 personas en un vehiculo entre Caracas y Maracaibo tenga un costo no mayor a Bs. 16.000,00 y la de una sola persona en un avión con unos 40 pasajeros cueste Bs. 500.000,00? No es que el costo del pasaje aéreo sea especulativo. Es que él del traslado en automóvil esta subsidiado. Es ridículo el precio de la gasolina y el valor de los peajes dedicados al mantenimiento de carreteras, si ello se compara con él que se paga en países en vías de desarrollo por los mismos rubros. Y esta ayuda al transporte automotriz no tiene como destinatario principal a las masas empobrecidas. Estas no poseen carros, aunque se pueda argumentar que ella mantiene a precios bajos el costo de los pasajes en vehículos colectivos y él del transporte de carga que hace posible la movilización de los bienes de consumo desde su origen hasta los puntos de distribución a lo largo de la geografía nacional. Se subvenciona de esta manera a las clases privilegiadas. Por ello es explicable que el tema sea prioritario para los movimientos conservadores. Tiene que ser la preferencia de aquellos que aspiran mantener el orden asimétrico de la sociedad.
En ese sentido, lo revolucionario es el desarrollo del transporte masivo fundamentalmente sustentado en el ferrocarril. Hay que ver la mejora experimentada por las clases populares que habitan el este y el oeste de la ciudad por la implementación del Metro de Caracas, a pesar de estar a punto de saturación. De modo que la inversión en estos sistemas de transporte, tal como la esta haciendo el gobierno, representa un progreso significativo para los desposeídos que contribuirá a reducir desigualdades. Un hecho que debe complementarse con la elevación de los precios de los peajes y el combustible para el transporte automotriz, subsidiando en el ínterin los vehículos colectivos y de carga. Tal decisión impulsaría el desarrollo del transporte aéreo, incluso del acuático fluvial y marítimo, descendiendo la utilización del altamente contaminante transporte en vehículos privados con motores de explosión. Y ello no es una política cubana. A ningún pequeño burgués “nuiyorkino”, por ejemplo, se le ocurre trasladarse de los suburbios donde vive a sus sitios de trabajo en vehículo privado. Los costos de tal operación serían insostenibles. Y cuando lo hacen, utilizan el sistema de “pool”, que comparte los costos entre varios pasajeros, para optimizar el uso eficiente del vehículo Una política de esta naturaleza sería realmente progresista. Y su sólo enunciado acallaría esa minoría conservadora que esta utilizando demagógicamente el colapso de las carreteras, no para mejorarlas, sino con propósitos desestabilizadores.


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Alberto Müller Rojas


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