José Vicente, el de hoy o el riesgo de opinar

            Siempre ha sido riesgoso opinar, sobre todo para quienes son poco dados a sólo lisonjear. Quienes tienen poder y esto va más allá del gobierno, pasa por los grupos económicos, dueños de medios, dispensadores de publicidad, políticos, etc., son poco dados a aceptar que alguien contradiga sus opiniones o ejecutorias. Siempre ha sido así y lo será quizás quién sabe hasta cuándo. Uno lo ha sentido en “carne viva” durante toda la vida.

            Es elemental que las individualidades o grupos expuestos a la opinión pública y quienes a ellos apoyan, pese digan lo contrario y hasta la juzguen beneficiosa, son alérgicos a la crítica si esta no está envuelta en la lisonja y el halago. Pero la crítica es indispensable, es la bujía del cambio. Se hace bien haciéndola en cualquier circunstancia, de lo que se trata es hacerla digerible y llena del debido respeto y consideración, aunque siempre no sea bienvenida.

            Pero ahora en Venezuela, cuando vivimos envueltos en un fenómeno que se ha llamado polarización, el asunto se ha vuelto más complicado o duro. Pareciera que la piel nacional se volvió como más sensible. Porque quienes se sienten “agredidos” por las opiniones que uno emita suelen multiplicarse. Si se hace una observación acerca de una práctica opositora, que signifique censurarla, no sólo se corre el riesgo de provocar la ira de quienes se sienten como obligados a defender a aquella, sin analizar las circunstancias, porque a ella “ni con el pétalo”, sino que pudiera suceder que desde los partidarios del gobierno, que somos muchos, puede salir alguien a hacer lo mismo por “razones” diferentes.

            Hasta José Vicente Rangel, un crítico de toda la vida, por supuesto siempre manteniendo la sindéresis y la ecuanimidad, pero crítico al fin, quien hace sus críticas formales al gobierno sobre asuntos de funcionamiento, siempre dirigidos a funcionarios subalternos, cree inconveniente se discutan los altos asuntos de gobierno, Polo Patriótico y Psuv por las vías que sean expeditas. Apela el experto periodista con quien muchas veces hemos coincidido y profesado un gran respeto, al sempiterno argumento, más o menos expresado en los términos de “este no es el momento para eso”; el viejo adagio adeco, “esperemos el momento dado”. El mismo que  se viene utilizando desde que Chávez dejó de decir “hasta que las piedras hablen”. Es natural que los cuadros de dirección teniendo donde dejarse escuchar y poder acceder a los mecanismos para contribuir a los cambios que anhela o por lo menos influir para que ellos se produzcan, ventilen sus discrepancias a lo interno. Creo que eso viene sucediendo, porque aparte de Giordani y Navarro, más nadie de la dirección ha dejado saber sus opiniones o discrepancias con las políticas del gobierno. Lo que se ha escuchado desde esa dirección es censura a Giordani por no haber usado otros canales. Los demás que opinan, sin dejar de decir el formalismo, salvo pocas excepciones, pese a ser como José Vicente, chavistas y partidarios del proceso que ahora lidera Maduro, no son dirigentes del Psuv y no sienten tener cercano el mecanismo a través del cual hacer sentir sus opiniones.

           Pero, aun así, Héctor Navarro se encargó de anular las opiniones de Eleazar Díaz Rangel, en el mismo sentido de las de José Vicente, señalando que el ex ministro de Finanzas había intentado infructuosamente acceder al presidente y Dirección Nacional del partido. Cuestión que el segundo de los nombrados en este párrafo optó por pasar por alto o ignorar.

          Cada quien emite sus juicios en los espacios que le sean permitidos y tiene acceso. José Vicente hace críticas a la gestión administrativa, cuando se trata de responsabilidades de funcionarios menores, lo que es muy importante y loable, pero hace críticas. Pasa que él ha optado por hacerlo al nivel que considera pertinente y prudente. Nadie lo objeta, por lo que debería sentirse satisfecho y no inconforme porque otros emitan juicios, valederos o no, que se dirijan a problemas puntuales del proceso y que envuelvan a personas de mayor responsabilidad. Por cierto, en el artículo en el cual censura el proceder de los chavistas que ventilan sus opiniones, lo que en ningún caso es condenable ni imprudente en estas circunstancias, el reputado periodista vuelve hacer sus críticas a determinadas prácticas de la administración pública.

          Pero hay más. José Vicente Rangel, si no me equivoco, es miembro del Consejo Federal de Gobierno; es decir, dispone de una tribuna envidiable para hacer oír sus opiniones en el sentido que quiera. Los otros mortales no tienen esa dicha. Lo que nos permite entenderle su preferencia.

         Hoy lunes, el PCV, quien en repetidas oportunidades ha manifestado su inconformidad con la operatividad del Polo Patriótico y se le escatime la oportunidad de hacer llegar sus críticas y opiniones sobre el rumbo del proceso, prácticas gubernamentales, vuelve en actitud crítica, a reclamar una dirección colectiva para el proceso revolucionario. No hay duda que eso está bien, como que en esa dirección estén todos aquellos que merecen y tienen derecho a estar por distintas circunstancias.

         No es sano, sensato ni favorable al proceso de cambio llamar a la gente que oculte su insatisfacción y no ponga de manifiesto sus desacuerdos, sobre todo si ello se hace con el debido respeto a las personas, la lealtad al proceso y ajustado razonamiento. No veo peligro en eso. Más peligroso es ocultar los desaciertos, halagar los procederes indebidos, callar cuando deba hablarse, porque nunca es el momento adecuado; sino que debemos esperar un momento para eso, el cual pareciera no llegar nunca.

            No hay duda que es duro el oficio de opinar, más cuando abundan quienes opinan descalificando al llamar a quienes también lo hacen en sentido contrario, “opinadores de oficio”. Pero es más duro, cuando se opina en descuerdo o divergencia, aunque se sea sutil, con quienes en un momento dado manejan los tinglados. Sean estos jefes de gobierno u oposición.

           Hay mucha tentación en el mundo y ella incita a opinar, manifestar acuerdos o desacuerdos y hasta mantenerse callado. Pero siempre ha sido más riesgoso el opinar.

           Las recomendaciones de acallar la crítica y hasta la protesta, contribuyen a dejarle ese espacio vital a la los opositores y eso si es un trascendente error.

 



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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