¿Opinadores de Oficio? Cosas de Betancourt, soberbios, “culterosos”, expertos y no de pragmáticos

Alguien metió su cucharada y opinó sobre el tema económico y dijo algo que no comparto, como que el gobierno debe actuar con pragmatismo, edulcorar el discurso y lograr que los empresarios adopten una actitud de “comprensión”. Un “experto”, el mismo quien dijo que lo anterior lo recomendó alguien al gobierno, no se conformó con denunciarlo sino que aparte de llamarle “pragmático”, señaló además que aquello también lo dicen algunos que llamó con desdén “opinadores de oficio”. Una expresión tan o más negativa que la propuesta misma porque es por demás hiriente y abona en favor de la discordia y la cizaña. Digo esto porque en aporrea, casi todos, me incluyo de primero como un viejo jubilado, no siendo académicos ni “culterosos”, como decía un viejo amigo, la mayoría somos eso, “opinadores de oficio” y a mucha honra.

          Antes de continuar con el siguiente responso como resultado de mi calentera por tamaño irrespeto a quienes en este espacio opinan con todo el derecho que les concede la ley y la lucha por el cambio, quiero reiterar que no comparto la idea que el gobierno, como parecen recomendarlo algunos, no necesariamente “pragmáticos”, deba postrarse frente a empresarios y el capital en general.

          Esta expresión, “opinadores de oficio”, me cae mal. Me parece indigna y hasta sumamente irrespetuosa. Me sugiere a alguien presumido, prepotente y soberbio. Por algo, Rómulo Betancourt solía aplicarla a troche y moche a todo aquél que hiciese críticas a su gobierno. Más de una vez, porque no tenía empacho en repetirla cuantas veces su egolatría lo empujaba a ello, se la endilgó a través de la prensa y hasta en persona a Domingo Alberto Rangel y muchos más. Sólo que el fundador del MIR, de una formación cultural y hasta académica superior a Betancourt, se daba el lujo de vengarse de él enrostrándole sus debilidades y en verdad poco conocimiento, oculto tras un palabrerío cursi y rebuscado. Y esto lo hacía DAR en cuanta oportunidad se le brindaba aun estando dentro de AD.

            Quizás por esto la expresión de “opinadores de oficio”, me descompone y hasta descompensa. Betancourt, advenedizo al fin y en todo,  que no fue académico, si en gran medida aquello que endilgaron a Luis Piñerúa, un “autodidacta”- lo que no es afrenta alguna-, pero tanto se sobre valoraba que creyó nadie sabía cómo él. Por esta creencia asumió que el derecho a opinar, esa facultad, le estaba reservada estrictamente; esa fue su convicción. Tanto fue así que, siendo presidente del partido AD y luego de la república, en las reuniones del CEN o del gabinete, solía pegarle la pipa por el pecho a cualquiera que no convalidase sus opiniones, menos al Dr. Prieto y los representantes de la izquierda.                                                                         

            De acuerdo con la expresión de marras, quienes no somos académicos ni estamos cubiertos por el manto sagrado, ese de los medios  de comunicación audiovisuales donde nos califiquen de expertos en algo, menos gozamos del fervor de la divina providencia, no podemos opinar porque, en fin, no tenemos  los pergaminos ni los puntos adecuados.

            Lo más extraño de todo es que haya entre    quienes se llaman de izquierda habituales usuarios de la ignominiosa expresión como resultado de sus efervescencias académicas o falta de humildad. Parece una incongruencia que quienes estarían obligados a incitar a la gente que opine, porque la sociedad más justa se construye recogiendo las inquietudes, deseos y aspiraciones de todos – hasta las piedras hablen decía con frecuencia Chávez-, piensan y dicen al contrario que el opinar es cuestión de letrados, técnicos y académicos, los calificados hablantes y no de “opinadores de oficio”. Por supuesto, el pueblo, el de a pie, del barrio, que no pasó por escuela alguna, tampoco por una universidad prestigiosa y mucho menos tiene los pergaminos académicos pertinentes, debe callarse. Revisen bien lo que se escribe, hasta en este espacio y hallarán cazadores de brujas o de presuntos incompetentes para opinar hasta sobre las cosas que le atañen, le estrujan el bolsillo y las tripas. Siendo aquellos academicistas así, creyentes que no todo el mundo debe opinar porque no califican, aspiran que los demás mortales hagamos nuestras sus verdades.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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