El pueblo siempre dice la verdad

Cuando Poncio Pilatos tuvo ante si a JESUS de NAZARET, después de escucharle decir: Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad,  de pronto preguntó: ¿Qué es la verdad?. El dramatismo de la escena reside en que la tenía allí, ante sus propios ojos. Pero no la vio. No la reconoció en una persona que encarnó la Verdad hasta el punto de dejarse crucificar por ella. Y, sin embargo, de alguna manera la entendió, al menos en cierta medida, porque, de otro modo, no se explica que luego de la pregunta quizás dicha en un tono algo sarcástico y escéptico saliese a decirles a los judíos: "Yo no encuentro ningún delito en él. Con lo cual Pilatos terminó diciendo una verdad concreta porque, como sabemos, el reo cuya crucifixión le exigían era por completo INOCENTE.

Lo que sucede es que en la actualidad hay una tendencia al relativismo abusivo. Es como si una extrapolación ilícita de la teoría de la relatividad justificase una relativización de todo lo que conocemos y percibimos. Hasta la verdad misma. André Maurois llegó a decir que la única verdad absoluta es que la verdad es relativa. Y es falso, por más que lo repitan algunos intelectuales y por más que esté de moda sostenerlo como una especie de prueba de benevolente tolerancia.

El reconocer que la verdad existe; el aceptar la presencia de la verdad y afirmar la verdad tal como ésta se nos presenta, es justamente lo que nos permite ser veraces. La verdad no necesita que pidamos perdón por expresarla disfrazándola de nuestra verdad, como si la misma fuese un traje ajustable a la medida de cualquiera. Como si fuese posible que exista mi verdad, tu verdad, su verdad y los plurales respectivos respecto de una misma cuestión. Por simple y elemental lógica matemática, si A es igual a la B de Juan y la B de Juan es igual a C, entonces la B de Pedro, si no es igual a la B de Juan, tampoco será igual ni a A, ni a C. Es posible, por supuesto, que tanto la B de Pedro como la B de Juan constituyan o reflejen aspectos parciales de A o C. Pero, en ese caso, lo incorrecto es el punto de partida y no se debería decir que A es igual a la B de Pedro o de Juan.

Hoy en día se utiliza mucho este tipo de minimización por adjetivo posesivo como una especie de actitud de prudencia y humildad. Hacer eso es simple cobardía cuando no tan sólo hipocresía bastante mal encubierta. Nunca deberíamos pedir perdón por ser veraces. Porque ser veraz no significa más que reconocer, aceptar y afirmar lo que es, tal como se lo entiende y conoce, sin prejuicios, precondiciones, omisiones ni agregados. Ser veraz significa manifestar la realidad tal cual uno la ha vivido, conocido y experimentado. No hay motivo alguno para disculparse o auto-disminuirse por eso.

No existe duda alguna de que, aún siendo veraces, podemos equivocarnos. Pero disculparse de entrada por la posibilidad de que, en una de ésas, podemos llegar a cometer un error no tiene ningún sentido y sólo sirve para desmerecer nuestras propias convicciones. Porque las personas auténticamente veraces están comprometidas con la verdad y, por ello, no tienen ninguna dificultad para enmendar y corregir sus errores con otra verdad superior a la original. Por el contrario, es a la mentira a la que generalmente hay que tratar de ocultar o disimular mediante un disfraz de falsa modestia y, cuando la mentira corre peligro de derrumbarse y hay que apuntalarla, el método usual y casi inevitable es el de recurrir a mentiras adicionales aún mayores que la primera. Con lo cual el error, en lugar de disminuir, se agrava.

Entre varias otras cosas por eso también es que, como decía Sófocles, la verdad puede más que la razón; o bien, como coincidía Unamuno, el tener verdad es muchísimo más importante que el tener razón. Porque, como ya lo sabían los sofistas griegos, la razón puede resultar bastante engañosa a la hora de la verdad puesto que siempre se podrán encontrar muy buenos argumentos para defender una mentira. Los sofistas al menos gran parte de ellos fueron expertos en defender tesis falsas con argumentos impecables. Por eso es que quien tiene razón no por ello es también necesariamente veraz. Recordemos lo que siempre dice nuestro PUEBLO BOLIVARIANO SOCIALISTA; ¡NADIE SABE LO QUE TIENE HASTA QUE LO PIERDE!. No perdamos nuestra V REPUBLICA. Machado decía que La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés. Lichtenberg aseguraba que: Resulta imposible atravesar una muchedumbre con la llama de la verdad sin quemarle a alguien la barba. HERMANOS DEL PSUV   jamás olvidemos que el PUEBLO siempre dice la VERDAD.

¡VIVIREMOS EL SOCIALISMO BOLIVARIANO Y VENCEREMOS!



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Yrne Gil Mata

Físico. Dr. en Educación. Miembro de la Milicia Bolivariana.

 yrnegil@gmail.com

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