¿En qué se parecen los comerciantes a los ladrones?

Porque sólo la sobreoferta acabaría con la escasez y los sobreprecios

También la regulación de los delitos es materia de la Economía.

Los comerciantes con los ladrones difieren en muchos aspectos, por ejemplo, los comerciantes se han arrogado un importante y hasta noble papel en la sociedad por su condición de eslabón necesario entre fábricas y consumidores, mientras los ladrones siempre han sido muy mal vistos y catalogados como indeseables.

Mientras los comerciantes exhiben en sus expendios tremendos y relucientes “permisos” legalitos para especular y hacerse ricos con su pequeña clientela, los ladrones andan a hurtadillas por la ciudad y generalmente suelen disfrazarse. Estos últimos suelen pasar más tiempo presos que libres.

Mientras los comerciantes apelotonan su dinero mal habido con usura y especulaciones y lo depositan en renombradas entidades financieras, los ladrones deben gastar sus botines con la mayor brevedad posible con la idea de desaparecer el cuerpo del delito.

Hay muchas otras diferencias entre estos pícaros, y, paradójicamente, ya esta cualidad los empieza a igualar entre sí, pero su mayor semejanza consiste en que por muchos que sean los ladrones apresados y encarcelados, el resto sigue robando de lo lindo sin que su cantera se agote.

Es un hecho que por numerosos que sean los comerciantes sancionados y hasta encarcelados, por cada uno de ellos siguen operando cientos y miles y en paralelo, al punto de que podríamos hablar de auténticas bandas de ladronzuelos fungiendo de comerciantes, cual cruzados buscando víctimas.

Ante esa realidad, el Estado debería tomar nuevas y más eficaces medidas que no están muy bien expresas en la Ley correspondiente.

El Estado debería sacar mejor sus cuentas y respetar la economicidad de sus actuaciones fiscales y regulatorias. De poco o peor serviría estar invirtiendo tanto Presupuesto Nacional en una “ofensiva” económica que, como va hasta ahora, es una verdadera lucha entre David y Goliat, con el agravante de que el primero no tiene honda, no golpea como debe ser. Cuando una acción del Estado se traduce en más gasto que beneficios, se estaría malversando fondo.

Las buenas intenciones del gobierno, que las tiene sin duda alguna de nuestra parte, no pueden seguir justificándoselas ante el presente, reiterado y evidente recrudecimiento de la suba de precios, del deterioro galopante del poder adquisitivo real del Bs.

Desde acá, consideramos que la mejor arma para el abaratamiento ipso facto de los precios es la competencia, es pagarle al comerciante en la misma moneda.

Las importaciones a granel no pueden esperar un segundo más para todo tipo de mercancía básica, inclusive las que ya se están produciendo en el país, y hasta tanto en fabricante nacional no dé demostraciones palmarias de que tiene capacidad efectiva y tangible para suplir hasta la última unidad de mercancía que se esté importando en su perjuicio temporal.


11/06/2014


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Manuel C. Martínez


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