¿Otaiza un asesinato selectivo?

“Todas las horas nos matan y la última nos persigue”, había dicho el glorioso Mariscal Antonio José de Sucre, a su ayudante la víspera antes de caer asesinado en el cañón de Berruecos, por tres impactos de bala. Inaugurando en Latinoamérica la tradición de los crímenes selectivos por motivos políticos.

Los targeted Killings es un método que desde hace años aplica la Central de Inteligencia Americana, para deshacerse de aquellos disidentes que se niegan a aceptar sus políticas, o que representan un peligro para sus intereses depredadores en algunas regiones del planeta.

A lomos de la historia política de América los blancos escogidos para ser objetivos militares, reúnen algunas características especiales como en el Caso del Mariscal Sucre, que era el jefe del ejército patriota, un hombre honesto que destacaba por sus principios, y blanco del odio gratuito de los enemigos del libertador.

Un asesinato selectivo se planifica generalmente para conseguir un objetivo político, o lograr una ventaja en el adversario. Históricamente esta deleznable e inhumana práctica, se ha venido aplicando en situaciones de guerra de baja intensidad, en casos específicos que tienen que ver con el debilitamiento del enemigo, por venganza, y para evitar la posibilidad de un despliegue.

En el caso del camarada Eliécer Otayza, cuando se revisa su papel protagónico, en los últimos 14 años se encuentran las claves que pudieron llevar a sus enemigos a declararlo objetivo militar. Era un personaje controversial, polémico e incomodo para mucha gente. La verticalidad de su pensamiento lo llevó a tener roces dentro del proceso de la revolución.

Durante algunos años estuvo fuera del aparato del estado, y de la discusión pública, tratando de recuperarse de un extraño accidente que casi le quita la vida. Sin embargo estaba muy vinculado a algunos grupos civiles populares a los cuales prestaba su ayuda y colaboración desinteresada.

La primera clave que destaca es que la muerte podía ser achacada a cualquiera de los bandos en pugna, lo cual crea una confusión que favorece la impunidad y el escape de los autores intelectuales. Era un objetivo por sus vinculaciones con los colectivos populares, lo que desde la óptica de sus victimarios, les permite evitar el despliegue de las fuerzas revolucionarias en un futuro inmediato, o por lo menos se gana una ventaja. Políticamente era ubicado en el sector más radical y volátil del chavismo, muerte ideal para detonar una reacción de venganza y confrontación entre venezolanos casi inmediata.

Fue un soldado aguerrido capaz de infundir miedo en las filas del adversario, declarado blanco de las fuerzas de la ultraderecha. Por las redes sociales se propagaba el crimen, así como desde el periódico El Demócrata, se delataban las huellas del Gran Mariscal de Ayacucho y se llamaba a matarlo.

Su homicidio forma parte de un plan general, ya no de amedrentamiento o desmoralización, sino de guerra abierta en el terreno de la subversión urbana, de confrontación entre hermanos, para justificar la presencia de mercenarios. Ah!, balazos, carajos, - dijo Sucre -, mientras soltaba la rienda de su caballo, Viva Chávez Carajo, fue de seguro el último gritó del indoblegable y leal Eliézer Otayza.



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Luis Figuera


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