Sadelazos

Los Ministros jóvenes tienen un auditorio de adultos mayores a quienes les cuesta mucho recibir sus enseñanzas, órdenes y elucubraciones personales. Es que la adultez mediana o mayor no garantiza sabiduría, salvo que el anciano de hoy haya recibido formación academicoteórica, y todo adulto tiende a darse por enterado por el sólo hecho de ser estar más cargado de años.

La mediática burguesa y del medioevo tardío se encargaron de divulgar la falsa conseja de que los senadores romanos se la sabían todos hasta por el sólo hecho de ser ancianos. Lo mismo hicieron con los chinos ancianos, con chivita y todo. Hay un refrán popular que vende esa falacia: Más sabe el Diablo por viejo que por Diablo.

Un niño a sus 10 años o 12 años puede perfectamente almacenar en su cerebro más archivos actualizados que los de un adulto mayor de baja preparación académica, poco lector, aunque sea muy observador.

Los niños están obligados por la propia Naturaleza a mirar hacia arriba para conversar y conocer a los adultos, principalmente a sus padres. En ello les va el mejor desarrollo de su intrincada musculatura cervical, de su cuello, de la los giros o volteretas de sus encantadores ojitos, etc. Algunos falsos Psicólogos, made in USA, sugieren que ese niño sea colocado en la mesa de comer a la altura de sus padres mediante un silla especial, dizque para que se acostumbre a mirar cara a cara y sin complejos de inferioridad.

Esos niños jamás han dicho mamá ni papá. No pueden hacerlo, nadie nace aprendido. Sólo han expandido bruscamente sus tiernos y apretados labios al mismo tiempo que lanzan sus cargas de aire almacenadas en su boca. Esa expulsión y explosión al mismo tiempo atraviesan sus labios y de allí sale la primera vocal de su vida, la más abierta y sonora que conocemos, la a que se ve consonizada con una suerte de m o de p cuando aquella se ve acompañada armónicamente con esos labios bruscamente abiertos. Como su madre se halla cerquita de su niño, y ya tiene grabado para sí el sonido mamá, al oír aquella encantadora explosión de labios de su querido niño, salta y exclama: ¡Me dijo mamá!, cosas así.

Estos sadelazos podrían continuar.  


[1] Este título lo tomé de mis Sadelas, una publicación gratuita que con mi salario de hambre pagado por los gobiernos de la 4ta. República dirigí, edité y divulgué personalmente durante más de una década en la Universidad Pedagógica de Maracay. Elaboré unas 500 publicaciones. Se trata de páginas sueltas que por no estar preacreditada por ninguna editorial o revista burguesa de fama inducida, no mereció ningún reconocimiento de parte de sus variadas directivas académicas ni de sus departamentos de leguas ni de Literatura. La presidenta de la Comisión evaluadora de nuestros curricula, a los efectos escalafonarios, me negó tal crédito, y eso adujo en su defensa y negativa. Hoy, esta adversaria del concocineto y de la creatividad de quienes no comulgan con su derechismo político, obviamente sigue siendo una furibunda escuálida sectariamente autoevaluada para gozar de máximas prestaciones sociales, poco merecida, a tenor de su mediocres aportes académicos a ese centro universitario.



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Manuel C. Martínez


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