Profesores de la Misión Sucre: Víctimas del neoliberalismo salvaje

En el año 2003, en plena crisis económica derivada del sabotaje a la industria petrolera nació la Misión Sucre, con el fiel propósito de darle una oportunidad a aquellos excluidos del sistema de educación superior, la posibilidad de terminar tales estudios bajo un esquema diferente de formación profesional, el cual incluyera principios , valores y una responsabilidad colectiva, desechada por la universidades tradicionales, cuya visión se encuentra dirigida hacia la competencia entre los propias personas, y cuyo origen está movido por una clara orientación de “economía de mercado”, es decir, neoliberalista.

La primera orientación de tipo social que marcó el evento de inició de la Misión Sucre, que cuando el Presidente de la República, Hugo Chávez, en su programa “Alo Presidente” en plena Plaza “Bolívar” de Maracay, otorgaba precisamente vía telefónica, una beca de 100 dólares a una las primeras inscritas de esta loable e indispensable alternativa de capacitación universitaria.

De esta manera, se ponía en marcha el Programa de Iniciación Universitaria (PIU), tiempo de preparación, en el cual los estudiantes retomarían mediante clases presenciales en áreas básicas de castellano, matemática, proyecto y nueva ciudadanía, lo que derivó en la contratación de miles de profesores, al punto que como nota curiosa, uno de los efectos inmediatos que tal misión originó, fue el incremento de estudiantes en la carrera de educación en la universidades tradicionales, incluyendo las más importantes en formación
de educadores, como lo son la Universidad Pedagógica Libertador (UPEL), y la Universidad Nacional Abierta (UNA), hoy, especialmente la última apéndice de los programas de formación en las áreas de Educación (mayor matricula inscrita), Administración y Gestión, e Informática de los estudiantes de Misión Sucre; tales acciones seguían marcando la pauta del impacto social que generó en el colectivo la creación de la acertada decisión presidencial.

Así con algunos sobresaltos, propios de la actividad política; es el año 2004, después del referendo presidencial, cuando misión comenzaba a fortalecerse y comienzan a aparecer las definiciones de los ejes curriculares, la creación de Aldeas Universitarias (aunque esta fase está muy lenta); y con el apoyo irrestricto de universidades como la Universidad Experimental de la Fuerza Armada (Unefa), y Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV), quienes también permitieron el ingreso de muchos profesores y
profesionales, muchos de ellos hasta ese momento desempleados, con la finalidad de apalancar la capacitación de los estudiantes.

Sin embargo, pese a que los profesores de la Misión Sucre, son profesores quienes en su mayoría devengan bajos ingresos por su trabajo; resulta irónico afirmar que hoy los tecnócratas de esta misión, han aplicado la más perversa receta del neoliberalismo salvaje a los profesores que integran esta decidida acción del Ministerio de Educación Superior. Estos pseudoanalistas se han dado a la tarea de violar lo consagrado en la Constitución Bolivariana en materia de irrenunciabilidad de los derechos laborales y estabilidad laboral. Así tenemos, que un profesor o profesora de la Misión Sucre, no podrá obtener salario alguno cuando existan períodos de descanso, como por ejemplo fechas decembrinas o cualquier otra en donde se suspendan las actividades, propias de la finalización de un período académico; y mucho menos tener disfrute de utilidades y/o
prestaciones sociales.

En otras palabras, semejante decisión pone en riesgo la estabilidad de la Misión Sucre, cuyas consecuencias sólo serán nefastas para quienes aún abrigan una esperanza en la obtención de su título universitario, ya que la inestabilidad de la plantilla de profesores convertiría a esta misión, en un simple “rebusque económico” momentáneo para quienes transitoriamente deseen trabajar en ella; perdiendo automáticamente la esencia filosófica de su origen y la propia razón de existencia. La Misión Sucre ha entrado en una etapa de descomposición, sólo la Asamblea Nacional a través de un instrumento jurídico puede enmendar este desastre, lo demás es la lenta, pero segura autodestrucción. Pidamos a Dios porque prive la sindéresis.

*Lic. en Educación
*Profesor de Formación Socio-Política y Proyecto Socio-Tecnológico de la Misión Sucre


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Javier Antonio Vivas Santana*

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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