Pasará mucho tiempo para ganarse la confianza de nuevo

El descrédito del comerciante venezolano

La mayoría de los comerciantes no han sido jamás muy acreditados por su buena conducta con su clientela. Desde sus primeras actuaciones, y de esto hace sus buenos milenios, se les ha tenido como potenciales pícaros, aunque antes se mantuvieron relativamente tolerables y sus abusos fueron vistos como connaturales al comercio mismo. Se les condenó principalmente por usureros, según informes bíblicos.

Desde hace unos 5 lustros para acá, en Venezuela la mayoría de ellos han venido desatando sus apetitos de ganancias en el menor tiempo posible, máxime cuando su actitud comercial ha sido desbordada por intereses supraeconómicos.

Efectivamente, esa mayoría de comerciantes han venido prestándose y sumándose como protagonistas, por acciones u omisiones, a la campaña inflacionaria inducida, a los acaparamientos de mercancías básicas -con inclusión de alimentos para niños y medicinas- a los manejos dolosos financieros con la divisa norteamericana que es pilar fundamental de la economía nacional; prestándose, decimos, a una suerte de guerra económica antigubernamental con ánimos descarada y comprobadamente golpistas emprendida clasistamente como reacción contrarrevolucionaria de parte de la alta burguesía internacional y nacional; es lo que observamos y así lo denuncia el gobierno afectado desde sus cadenas televisivas y del canal del Estado, ante el silencio censurante de la mediática burguesa comprometida con esos mismos intereses políticoeconómicos de la clase tradicionalmente gobernante y comerciante en sí misma.

En las últimas semanas han estado siendo víctimas de su propia torpeza, sobre todo los medianos y pequeños comerciantes e industriales, los pequeños transportistas. Hoy con la Ley de Precios Justos tienen que presentar registros contables de notoria transparencia y estricto seguimiento gubernamental porque el Estado, responsable ante los consumidores, especialmente de los trabajadores no comerciantes, ha perdido toda su confianza en ellos y, lógicamente, en estos casos, justos pagan por pecadores. Pasará un buen tiempo para que estos mismos comerciantes, culpables o inocentes, logren de nuevo ganarse la confianza de su clientela y el gobierno.









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Manuel C. Martínez


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