Del Odio

Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga.

(Victor Hugo).

Frank Carlucci, organizador en 1961 del asesinato del héroe congolés Patrice Lumumba, fue nombrado embajador de Estados Unidos en Portugal en enero de 1975, con la misión (como funcionario de la CIA) de liquidar la llamada “revolución de los claveles”. Bajo el hechizo romántico de Lisboa, se casó con su colega Marcia y, después de una corta luna de miel en Marruecos, regresó con la idea para una campaña de terror previa al golpe de Estado: “en Portugal hay 30 mil soldados cubanos que controlan a las Fuerzas Armadas…”. Los únicos cubanos reales eran unos pocos diplomáticos, demasiados para Carlucci que ayudó a la gente de Posada Carriles a poner la bomba en la embajada que mató a los compatriotas cubanos Adriana Corcho y Efrén Monteagudo. El golpe contrarrevolucionario triunfó y Carlucci, satisfecho, pasó a ser subdirector de la CIA en 1978. Ironías de la historia: los cubanos si existían, pero no en Portugal sino en Angola, donde le partieron el espinazo al ejército racista surafricano y liquidaron para siempre la supremacía blanca en el continente negro.

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En pleno paro petrolero, el 2003, el diario “El Mundo” traía en primera plana un pequeño titular: “Dama violada por 10 cubanos en la Cota Mil” seguido por 5 ó 6 líneas que relataban el drama de “una señora” secuestrada de Plaza Altamira y “violada al interior de una camioneta por 10 agentes cubanos”, quienes le dijeron que lo hacían “para castigarla por protestar contra el gobierno”. El resto de la nota había que buscarlo en una página interior donde, por supuesto, no existía. Recuerdo la incredulidad del corresponsal de Le Figaró, Romeo Langlois, por un periódico que se permitía semejante barbaridad. Por Langlois me tomé la molestia de investigar: en “El Mundo” nadie sabía quién lo había escrito: “eso vino de arriba a última hora”…

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CUBANOS EN CARACAS

Como parte del actual golpe de Estado contra la democracia venezolana, la CIA (que siempre se repite) intensificó por las redes sociales su campaña anticubana que lleva ya 10 años. Logró infiltrar los cerebros opositores: desde el infecto Padre Palmar hasta la sifrinita que se inicia en twitter, todos reportan camiones de soldados cubanos llegando a Caracas, u oficiales del G2 dando órdenes en Fuerte Tiuna. La única prueba es el racismo y fotos de nuestros militares: “En Venezuela no tenemos negros tan negros”…

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ANATOMIA DEL ODIO

Aristóteles veía al odio el deseo de aniquilación de un objeto, que es incurable por el tiempo. Spinoza como un tipo de dolor que se debe a causa externa. Hume como un sentimiento irreductible y no definible. Freud como un estado del yo que desea destruir la supuesta “fuente de su infelicidad”. La psicología como un sentimiento "profundo y duradero de intensa expresión de animosidad, ira y hostilidad hacia una persona, grupo u objeto". Los neurólogos como una mayor actividad en el medial circunvolución frontal, derecho, de forma bilateral en la corteza pre-motora, en el polo frontal, y de forma bilateral en la ínsula media del cerebro”. Para el legislador, el crimen de odio es un "crimen motivado por prejuicios" que puede incluir ataques físicos, destrucción de la propiedad, intimidación, acoso, abuso verbal e insultos. En cuanto a mí, adopto la definición más generosa con la desinformada oposición: "El odio es el amor sin los datos suficientes."

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EPIDEMIOLOGIA

La derecha dice que odia porque la obligaron a odiar: “El odio lo trajo Chávez”. Y debemos reconocer que antes de la revolución había, aparentemente, poco odio, y casi todo repartido entre policías y delincuentes. El pueblo estaba “en su sitio”, ignorante y tranquilo (si nadie venía a alebrestarlo); los venezolanos éramos “hermanos” y los pobres esperaban el autobús bajo la lluvia, resignados a ser salpicados por carros de lujo manejados por los hijos de los ricos. La lluvia sólo sonaba triste en los techos de cartón (y en la canción) y el jet-set celebraba fiestas de helicópteros, bodas de perros finos, y bodas hijas de perra con invitados extranjeros traídos en vuelos chárter. “Evaristo, póngale gasolina al carro y vaya a buscar a los muchachos al colegio…”

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Pero la idílica Venezuela de la Cuarta República donde los ricos les tenían cariño a los pobres que aguantaban sin quejarse ¡y cómo aguantaban! se quebró como un cristal de Murano con la pedrada del “Caracazo”… no porque se manifestara odio popular contra los ricos, sino porque estos vieron la fuerza del pueblo y tuvieron miedo de la revolución. Esa odiada revolución que, escribió Laureanito Vallenilla Lanz, “es como las grandes lluvias: trae la mierda de los cerros y la pone en la Plaza Bolívar”. Miedo racial, miedo de clase, anticomunismo, anticastrismo…

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“CULPAECHAVEZ…”

Y de ese miedo a los cerros se levantó de su tumba poco profunda, hace 15 años, el viejo odio mantuano, que comparten los lacayos y adoradores de la burguesía, de la mercancía y el espectáculo, odio cocinado en la olla podrida de CNN con fuego de dólares quemados por el Departamento de Estado. Odio de raza y clase que llega con guarimba y Twitter a matar y aceptar que se mate, a la crueldad con el otro. Se piden campos de concentración y asesinato colectivo de chavistas, se caza al motorizado con alambres y se incendia la casa del vecino. Se dispara a matar, desde lejos y a mampuesto, contra los que no bajan la cabeza ante la prepotencia guarimbera. Se tala el árbol que dio sombra, se mata al perro que no le ladró a nadie. Los odios se visten de fuego y humo. La avenida brilla de vidrios rotos.

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El pueblo, que ha compartido el poder sin agredir a los ricos, no cae en la trampa: siente que lo odian pero no odia, aguanta con sabiduría y disciplina… Ha recuperado sus derechos que antes eran privilegio de los ricos, y no se los va a entregar a nadie. El pueblo no odia porque está acostumbrado a la diversidad del barrio, a la exuberancia de la naturaleza. Es sabio y paciente. “Si se prende el peo, con Maduro me resteo”

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ODIO IMPORTADO

Pero este drama no se representa sólo entre venezolanos: participan odios importados, endurecidos por el medio siglo de crueldad y muerte de Colombia. Aparece el paramilitarismo como vanguardia de una invasión de dolor y luto, con sus mandos y guerreros entrenados en la supresión del pueblo y el combate con los ejércitos guerrilleros. Los estudiantes de la primera hora dejan paso de los contratados por las alcaldías y las redes del micro-tráfico paramilitar. Se aprovechan de que el gobierno sigue tratando la violencia como “disturbio urbano” y se abstiene de usar armas letales. Del otro lado de la frontera esperan unidades completas listas para declarar como suyas zonas rurales “liberadas”, llevando el conflicto a otro nivel y así dañar las Conversaciones de Paz en La Habana. Del otro lado de la frontera está Uribe, el astuto abominable, tutor de los políticos malcriados de Caracas.

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AUTORIDAD VIENE DE AUTOR

Pero ni unos ni otros asumen la paternidad, la autoría de la destrucción y muerte porque todo malo es cobarde y los que se atreven van presos. Los que secretamente han promovido y financiado la guarimba se presentan como voceros justicieros de multitudes espontáneas. Los mismos guarimberos, tiranos unos días de un par de calles, se ufanan: “no tenemos jefe”. Y aunque todos mienten, todos dicen, sin querer, la verdad: en la guarimba sólo manda el odio, el único capaz de llevar a tanta gente a la barbarie.

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Decía Hermann Hesse, autor de mi generación: “Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros”. Y es la única explicación: odian a la Venezuela que llevan dentro, a la verdadera con lo bueno y lo malo, porque preferirían que fuera más televisiva, mas Miss Mundo, más on-line, portátil, a la moda y fácil de entender. Sin tanta política, sin tanto rojo, sin tanta Patria. Los guarimberos repiten las consignas justificadoras que les dan payasos y payasitas por la televisión, pero en el fondo no están ni a favor ni en contra de nada. Simplemente le molesta que la verdad y la realidad sean una sola, la realidad compleja y moviente de un país en movimiento, una Patria. Venezuela los intimida y, dijo Bernard Shaw, “El odio es la venganza de un cobarde intimidado”. Por eso queman universidades.


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Eduardo Rothe


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