¿Es la violencia una opción?

Los acontecimientos violentos actuales, apuntan a una suerte de descomposición social donde la violencia se convierte para ciertos sectores en #lasalida. Caracas y otras ciudades del país han devenido en territorios de nadie, en los que vulnerados los espacios públicos parecería que el hogar es el último ámbito de seguridad personal y familiar.

Dado el próximo período no electoral y ante la creencia de que la violencia del mundo real se ancla en la vida cotidiana y también se articula con aquella representada en los medios, pronosticamos el recrudecimiento de la confrontación mediática. Sin embargo, cortos en nuestra apreciación, inesperadamente irrumpe una nueva trinchera confrontacional, una verdaderamente violenta, la protesta.

Condiciones económicas y sociales se constituyen en la precondición que facilita la acción colectiva y la protesta estudiantil se apodera de las calles. Persuadidos de la necesidad de tal acción y convencidos de quienes el enemigo, de aquello que amenaza y como responderle se lanzan a su gesta heroica. La pancarta estudiantil “Nos han quitado tanto que acabaron quitándonos el miedo. #lacalleeslasalida”, anuncia lo que sucedería. Se traspasa el ámbito de lo privado y se hace público “ese sentir colectivo”. La muerte de unos manifestantes se convierte en el evento precipitante, el acontecimiento dramático que confirma los temores y sospechas y que potencia la acción colectiva. Listas para actuar las personas sólo requieren de un líder que sugiera un curso de acción y proporcione un modelo de conducta, y este no es el caso de la protesta estudiantil.

Se rompe el control social, irrumpen comportamientos inesperados y los manifestantes se desvían de la conducta pautada, “la protesta sin violencia”. Los medios en silencio delegan la información en las redes sociales y ello supone la intervención de los observadores y actores de la protesta en calidad de consumidores de información e igualmente como productores de la misma y, consecuentemente, retransmisores de la violencia. Ya es inevitable la acción colectiva y se abre la compuerta a la violencia anómica; la violencia sociopolítica, ejercida por los aparatos represivos del Estado, ya en períodos de excepción (estado de excepción), ya en la vida cotidiana (estado de derecho), además de la violencia organizada (grupos paramilitares).

Como volvemos el agua al cántaro.



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Maryclen Stelling


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