¿Qué es lo que hemos estado formando? y ¿Al servicio de qué lo estamos haciendo?

La Universidad, Pasión, Razón y Traición

Nota de Aporrea: Interesante análisis de la situación actual desde la perspectiva de un docente de la UCV

Si bien la pasión es asumida, comúnmente, como la expresión desbordada y romántica de un sentimiento, ella, en términos filosóficos y también lingüísticos, no es mas que la acción de padecer, contraria al efecto de hacer. La pasión es un sentimiento individual, íntimo y pasivo, y como tal se lidia con él evitando que se convierta en impulso para la actuación.

Los actos de los seres dotados de inteligencia están regidos por la razón, que no es otra cosa que la capacidad de recorrer intelectualmente diferentes ámbitos reconociendo sus características y circunstancias.

Cuando la pasión deja de ser individual, convirtiéndose en colectiva, pasa a ser un acto de fe, religioso por antonomasia, y por lo tanto controlado por la obediencia y la sumisión. La acción política, casi siempre advenediza, copió la cultura religiosa colectivizando ese sentimiento para empujar a las masas en la dirección que sus conductores desean. Paradójicamente, esos conductores si utilizan la razón en su tarea.

Pero la razón no sólo es un instrumento de reconocimiento del mundo real. Ella sirve para diferenciar, en el mundo de las ideas, el bien y el mal, lo ético y lo antiético, y también para vislumbrar el camino que lleva en una u otra dirección. La razón permite que se establezcan esas categorías como criterios de conductas -compartidos y aceptados por un colectivo-, que se traducen a través de reglamentos pactados, en derechos y deberes para todos sus miembros. La razón establece solidaridad con los que actúan en concordancia con esos criterios y también para enfrentar sus violaciones, es decir: produce consenso frente al mal. Y así como el razonamiento permite escoger entre esas dos opciones, es también responsable por las decisiones que se tomen.

Es con este marco de referencia que me dirijo a los Ucevistas y, fundamentalmente, a los de Arquitectura que es mi Facultad, para expresarles mis convicciones sobre lo que verdaderamente estamos enfrentando en este país, que no tiene nada que ver con salidas electorales como pretenden plantearlo quienes de manera superficial y tendenciosa, y actuando en representación de la UCV, así lo señalan, buscando con ello establecer un manto de silencio ignominioso en relación al problema principal que está en juego, que no es otro que dos conceptos de país: uno soberano, libre e independiente para establecer su propio camino de desarrollo u otro reducido al de localidad de un mundo unipolar que cumpla la función que el gobernante global le establezca.

No, no es un problema de vamos a contarnos y ya ¡El que saque mas votos se queda con el coroto! Este es el cuento para esas masas a las que se les exacerba la pasión. Un simple razonamiento permitiría entender que si fuera ese el problema, no hubieran rechazado la oportunidad de intentar revocar el mandato del presidente en agosto convocando a unas elecciones inútiles el 2 de febrero, saboteadas por ellos mismos con este paro. De lo que se trata, en realidad, es de sacar a Chávez a la fuerza, y cuanto antes, pues su permanencia, aún después de una hipotética prueba electoral, es un obstáculo a la extracción de la abundantísima riqueza que tiene este país.

Cuando, en días anteriores a la agudización del paro petrolero, un periodista internacional le pregunto a Saramago -que no es analista político sino un hombre que utiliza el intelecto-, su opinión sobre el problema venezolano, él con la lucidez que le caracteriza señaló que le resultaba obvio que detrás de ese conflicto estaba la circunstancia de ser Venezuela un gran productor petrolero. Y no se equivoca el ilustre portugués.

Lo que realmente sucede es de que el Imperio ha decidido remover al gobierno de Chávez pues no le garantiza tres cosas que considera primordiales:

1. El abastecimiento seguro y barato del petróleo.
2. El sometimiento de la población a un estado atrasado y pasivo.
3. El apoyo incondicional a sus intereses estratégicos.

Y ante este panorama sus mejores soldados para enfrentar tal disidencia no iban a ser el infeliz segundón de Fedecámaras o el torpe jefe sindical sin obreros. Serían los profesionales petroleros venezolanos que a lo largo de los últimos 26 años, consciente o inconscientemente, estaban a su servicio.

Así la petrocracia de PDVSA, actuando como comandos de un ejército extranjero, lanzó lo que consideraron la ofensiva final, pretendiendo justificar su enfrentamiento con el argumento de que ellos, gracias a sus méritos, son los únicos capaces y autorizados por el mundo petrolero, para establecer la formulación de las políticas y la administración de los cuantiosos recursos de esa empresa, a la cual se deben someter los gobernantes venezolanos, cosa que sirvió, entre otras cosas, para hacer visible lo que ya se decía en voz baja:

PDVSA es un Estado dentro del Estado


Esa política y esa administración de la que ellos hablan, lo que ha producido en realidad, es la mayor estafa cometida jamás contra los venezolanos -5.000 millones de dólares anuales-, realizada a través de varios mecanismos:

La internacionalización, en la cual se ha invertido 10.000 millones de US$ en la compra de 19 refinerías -en USA y Europa que no refinan el crudo pesado venezolano sino los crudos que PDVSA compra a otros productores. La compra de CITGO que constituye de hecho un subsidio a los consumidores norteamericanos por vía de descuentos en la compra de crudos de PDVSA, que alcanza ya la cifra de 6.000 millones de US$.

Los "outsourcing", mediante los cuales se entrega el manejo de la información estratégica a INTESA-SAIC y a SHLUMBERGER-GEOQUEST, colocando nuestros intereses en manos de empresas conformadas por los "cerebros" del servicio de inteligencia norteamericano(*).

La "apertura petrolera" que produce 600.000 barriles diarios no sujetos a regulación de la OPEP y cuyos costos se ubican entre 15$ y 20$ el barril y por último los velos corporativos que conforma el tejido de cuentas petroleras en bancos internacionales por el orden de 6.000 millones de US$, vinculados a 190 subsidiarias manejadas discrecionalmente y sobre las cuales el Estado no tiene ningún control.

Esta asociación entre la petrocracia de PDVSA y el capital petrolero internacional controlada por el Imperio, se tradujo en la reversión del reparto del negocio petrolero al Estado venezolano que bajó del 80% de participación en el año 1976, al mísero 20% que le ingresa actualmente. Es decir: de los 50.000 millones de dólares que constituyó la factura petrolera consolidada en el año 2000, sólo se recibió por ingreso fiscal 10.000 millones de dólares. El resto del dinero fue distribuido por la petrocracia entre el capital petrolero internacional y sus personalizados costos corporativos.

A propósito de esto último, ya todos hemos conocido en estos días la lista con los sueldos de sólo 23 de los gerentes de la empresa, cuyo monto anual suma doce mil millones de bolívares.

En defensa de estos enormes privilegios, la petrocracia cumplió la orden del centro de comando y no sólo paralizó todo lo concerniente al ciclo del petróleo, cometió sabotaje en las instalaciones de la industria, y finalmente, desacató la decisión del Tribunal Supremo de cesar el paro, lo que confirma que el conflicto no es, en estricto sentido, contra el Gobierno sino contra el Estado venezolano. En última instancia, contra la Nación venezolana.

En esta confrontación de intereses supranacionales, los medios de comunicación privados, sin duda los factores políticos más poderosos del momento, asociaron la defensa de sus intereses a esta acción supranacional, centrando toda su programación en el esfuerzo político de engañar a los ciudadanos, desatando las pasiones que permitiera crear una opinión pública favorable al golpe contra la Nación.

A este esfuerzo se plegaron, de manera inaudita, los profesionales del periodismo que trabajan en esos medios y, vayamos aquí a lo esencial de este documento. Todos estos profesionales, petroleros, administradores y comunicadores, entregados ahora al servicio de los poderes privados y extranjeros que actúan contra el País, fueron formados en las universidades nacionales que pagamos todos los venezolanos, hasta los mas pobres.

La inversión que el Estado ha hecho con la esperanza de asegurar nuestro desarrollo, pero que ha sacrificado la enorme masa de excluidos que están fuera del sistema educativo y de cualquier tipo de beneficio social, ha servido también para formar una élite profesional que se puso de espaldas a nuestros intereses como País. Y el País no es Chávez y mucho menos su futuro está atado a él.

A estas alturas no estoy convencido que los que tienen la mente nublada por la pasión logran comprender esas diferencias, pero las entiendan o no, el peso de la realidad -esa que se juzga con la razón-, es lo suficientemente contundente para decirles que ya no es aceptable la discusión sobre si Chávez es un trasnochado comunista, un neoliberal embozado o, simplemente, un provocador populista. Esa es la excusa y quienes la sigan utilizando son estúpidos o cómplices de un crimen, porque lo que esta en juego en este país es si tenemos el derecho o no a establecer, con nuestros propios mecanismos, la ruta hacia el futuro. Y la ruta que fue trazada por los que votamos por éste gobierno, sólo podrá ser cambiada mediante otras elecciones, cuando ellas correspondan.


Quienes al margen de este camino democrático y nacionalista, dañaron la industria petrolera, produciendo terribles pérdidas que afectarán a todos los venezolanos -sobre todo a esas inmensas mayorías excluidas-, quienes avalan esos actos a través de la televisión y quienes los aplauden, son, según las categorías que, históricamente, el razonamiento de la sociedad ha establecido, traidores a la patria. De ellos la justicia debería encargarse si acaso los jueces son profesionales diferentes a los que ya hemos mencionado.

Pero para nosotros en esta Universidad, de la cual salieron muchos de estos traidores, nos queda una amarga pregunta a la que debemos dar respuesta inmediata:

¿Qué es lo que hemos estado formando? y ¿Al servicio de qué lo estamos haciendo?




(*) SAIC, socia de INTESA cuenta entre sus administradores a los ex-secretarios de Defensa William Perry y Melvin Laird y a varios antiguos directores de la CIA: John Deutch y Robert Gates, entre otros. Entre sus directores actuales está el general Wayne Downing -antiguo comandante en jefe de las fuerzas especiales de USA-, el General Jasper Welch -antiguo coordinador del Consejo Nacional de Seguridad-, y el Almirante Boby Ray Inman -antiguo director de la National Security Agency y antiguo director de la CIA.




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Prof. José Manuel Rodríguez


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