La carretera de los Llanos: un pasaporte a la muerte

El socialismo, para ser tal, un día tendrá que coronar el triunfo definitivo de la economía de tiempo para los seres humanos y el ferrocarril como el transporte terrestre fundamental. Sin ello, ni hablar del peluquín. Los países capitalistas desarrollados, en su casi eterna burla sobre el capitalismo subdesarrollado y contra los Estados que se han propuesto construir el socialismo, se jactan que sus ciudades o pobladores se comunican, entre otras cosas, por vías (autopistas o carreteras) impecables. Además, de poseer modernos trenes de vías férreas que resuelven mil y más problemas de transporte de personas y de producción sin la serie de obstáculos que se les presentan al transporte público (buses o gandolas). El camarada Trotsky dice que “Todo régimen se expresa por su arquitectura y sus monumentos”. Sin embargo, nada se hace con una nación que tenga una hermosa arquitectura y monumentos a granel si la mayoría de su sociedad padece los rigores de la injusticia y la desigualdad sociales. Y esto es regla esencial del capitalismo, sea subdesarrollado o desarrollado. Sólo el socialismo avanzado le pone fin a ese desnivel económicosocial.

Luego del brutal, injustificable y perverso asesinato de la joven actriz Mónica Spear, su esposo y herida su pequeña e inocente hija, se ha levantado una ola de protestas de todo género contra la inseguridad en el país. Hay hasta quienes han solicitado que se implante la pena de muerte en Venezuela. En verdad, la delincuencia se ha desatado desafiando todas las normas, reglas y leyes establecidas para la protección de la vida o seguridad de los ciudadanos y ciudadanas que habitan el país. Como no soy ni experto en seguridad y, mucho menos, en cosas policiales, me limitaré a exponer un caso que viví y que viven a diario miles de miles de venezolanos y venezolanas en las carreteras y autopistas de Venezuela y que, sin duda alguna, contribuyen a incrementar el estado de inseguridad de todos los que transitan por esas vías.

Viajé, junto a la familia (hijo, hija, nieta, nieto y compañera) a Upata (estado Bolívar) para pasar con familiares el fin de año. Decidimos hacerlo por la vía que creímos nos economizaba tiempo: por la carretera conocida como de los Llanos que comunica a Tinaco (estado Cojedes) con el Tigre (estado Anzoátegui). Saliendo de Tinaco mucho nos alegramos al ver el comienzo de la carretera asfaltada pero antes de los 10 minutos de recorrido entramos en show: allí se inicia el calvario; es decir, empiezan los huecos que luego se convierten cráteres y posteriormente en abismos. En vez del vehículo marchar sobre las cuatro ruedas lo hacía pegando saltos porque ni los mejores malabaristas de este planeta pueden sortear los huecos sin caer en muchísimos de ellos en esa larguísima y angosta carretera. Es como la aplicación rigurosa de ese dicho: si te pela el chingo te agarra el sin nariz. Hay huecos tan profundos que parece que se circulara en la Luna y quien caiga en ellos y si queda con vida pierde el carro y, lo más seguro, la facultad de caminar.

Sufrimos las de Caín. Los riñones parecían como si se fracturaran. Los niños gritaban de miedo, pero los adultos sabíamos que ya nos habíamos metido en ese berenjenal y teníamos que seguir para salir lo más rápido posible de ese infierno. Sin mentira de ninguna naturaleza y lo que digo puede ser comprobado de pies a cabeza como verdad, la huecamentazón empieza cerca de Tinaco y concluye más allá de El Tigre antes de entrar a la carretera Orinoquia que conduce de manera directa a Ciudad Guayana sin pasar por Ciudad Bolívar.

Lo arrecho, lo incomprensible, lo injustificable es que toda esa carretera entra o comunica estados dominados –casi por completo- por el chavismo o proceso bolivariano. No se entiende que, por ejemplo, los gobernadores y alcaldes del proceso bolivariano no hayan planteado al Gobierno Nacional la imperiosa necesidad de arreglar esa carretera para brindarle seguridad a los que transitan por ella a diario. Particularmente, me quedé sorprendido y perplejo observando la cantidad de vallas de lujo y hermosísimas que están situadas a orilla de la carretera con la figura del Alcalde del Municipio Francisco de Miranda (capital Pariaguán). Con el dinero gastado en esas vallas de lujo y hermosas se hubiesen arreglado todos los huecos que corresponden al pedazo de carretera que pertenece a ese Municipio y, de seguro, se hubiera podido construir dos o tres maravillosas y bien equipadas escuelas. Aquella prohibición que hizo el camarada Chávez de no seguir gastando dinero en vallas para resaltar figuras de alcaldes y gobernadores entró por un oído y salió por el otro. Y lo arrecho, es que ya el camarada Chávez no está presente –físicamente- entre  el pueblo venezolano.

Cuando se entra a la Orinoquia –incluso lo dice la misma Guardia Bolivariana a los pasajeros- hay que hacerlo a riesgo porque allí mandan los llamados piratas de carretera. Si alguien se accidente –especialmente de noche- lo más seguro es que corra con la misma mala suerte de Mónica, su esposo y su hija. Ni un alma de vigilancia se observa en esa carretera de casi 200 kilómetros de distancia entre El Tigre y Ciudad Guayana que hasta ahora no tiene los huecos que caracterizan a la desde Tinaco hasta un poco más adelante de El Tigre.

Sin duda alguna, a mí siempre me ha parecido un craso error –mientras no exista realmente socialismo- haber eliminado los peajes, porque con el impuesto que paguen por vehículos que transitan las autopistas y las carreteras nada justificaría la huecamentazón que existe en  las mismas. La seguridad social y, especialmente, para garantizar la vida de los ciudadanos y ciudadanas que habitan en Venezuela no pasa solamente por ponerle freno a la delincuencia sino, igualmente, construir excelentes vías terrestres de comunicación o, en las que existen, tapar los huecos y no dejar que se conviertan en guillotinas para los transeúntes o queden accidentados a merced de los malos instintos de la delincuencia. Yo no sé si eso es o no socialismo pero, en todo caso, debe ser obra de todo Gobierno que se proponga conservar la vida del ser humano como prioridad para que disfrute de justicia social.

En fin: ojalá que muy pronto el Gobierno Nacional, a través de los voceros autorizados, pueda anunciarle a toda esa legión que viaja desde el Centro o de Occidente hacia Oriente y lo contrario, que ya no se encontrarán con ningún hueco en la larguísima y angosta carretera de los Llanos. Sería una política exitosa de verdadero beneficio para la comunicación entre las diversas regiones del país.



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Freddy Yépez


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