Hablando pajuatadas sin saltar la talanquera

“Escriben pajuatadas para saltar la talanquera”, esa frase al parecer la pronunció el presidente Maduro, según titular de “Últimas Noticias”, de hoy lunes 13 de enero.

La palabra la escuché mucho en mi juventud, tenía años sin oírla; al parecer había entrado en desuso. Pero es más, creo que cuando solía escucharla, entre quienes por distintas razones no se atrevían por delicadeza a usar bolsería o pendejada, la pronunciaban pazguatada o pasguatada. En verdad no sé, porque primera vez que la leo y escribo. Es posible que como el diccionario “real” no la registra, no creo que ya tenga interés en hacerlo, se pronunciara de las tres formas de acuerdo a la región venezolana.

Ahora mismo, al leer el diario, recuerdo que cuando Monedero, Vladimir Acosta y otros revolucionarios hablaron de “hiperliderazgo”, el presidente Maduro, siendo Canciller, usó una palabra parecida para calificar a aquellos.

Es verdad, lo percibo, que dentro del chavismo hay una enorme energía contenida que de golpe se desata, unas veces sin razón ni sentido dialéctico, demasiada ortodoxa y pensando que el marxismo y sus principios son como pócimas u oraciones mágicas que al consumirse o invocarse con premura producen sus efectos. Otros parecieran, por lo que uno experimenta, darle valor a los principios en cuanto permiten aprehender la realidad. También quienes desde otras perspectivas manifiestan sus angustias un poco más encuadrados en el pragmatismo, pero como los primeros, no ayunos de buena fe, como aquellos que hablaron del hiperliderazgo.

Uno no duda, que por allí haya alguno que otro, que le quitaron algún mapa minero o le descubrieron invocando a los demonios que, como Sileno, todo lo que toca lo convierte en oro, hablando pajuatadas y viendo defectos donde no los hay y sin sentido ni fundamento teórico, histórico y hasta estético, para darle honorabilidad a su posterior decisión de aparecer en el otro bando.

Pero no creemos que todo aquél que haga críticas, por muy incómodas que sean, tanto como para creerlas bolserías, tenga la intención de saltar la talanquera. Pondré dos ejemplos de la manera más equilibrada que puedo. Toby Valderrama, el mismo a quien creo conocer desde los años sesenta, con quien tuve una cercana amistad, es como demasiado ortodoxo y rígido para mi gusto y manera de apreciar el proceso histórico venezolano. Pero el Toby habla de dos “Plan de la Patria”, uno de ellos adulterado, lo que debería obligar a abrir una discusión para determinar, de ser cierto, cuál de ellos, debería ser el pertinente. Nicmer Evans, quien suele hacer críticas, tanto que discrepa nada sutilmente del primero, me luce acertado la mayoría de las veces. Uno y otro, desde posiciones, vamos a decir que distantes, suelen criticar y demandar correcciones de ritmo y dirección al gobierno. Pero en ninguno de los dos casos, aunque a alguien se le ocurra que son pajuatadas, o los perciba como ahora lo hago, hay motivos para creer que están a punto de saltar la talanquera.

Por años, unos cuantos son, he visto y participado en circunstancias como esas y fueron muchas las veces que se me calificó de derecha por no convalidar interpretaciones derivadas de acomodos manualísticos o interpretaciones simplistas y mecánicas. Resulta, que unos cuantos de esos que mal me juzgaron o mejor me juzgaron con su vara, desde tiempo atrás están en las filas de la MUD y sirviendo directa o indirectamente a la política imperial.

Por eso aprendí a entender a admitir el derecho que cada quien tiene a opinar lo que le parezca acertado y saber distinguir la intención verdadera que hay en cada una de esas opiniones. Apostrofar a quien de uno discrepa, sin asumir la discusión como es debido, corta la comunicación. Y si uno – Dios me salve la parte – tiene el rábano por las hojas, puede matar el espíritu crítico que hay en cada ser humano y sobre todo en revolucionarios si por creer que alguien está equivocado, apela a métodos nada pedagógicos, sí propensos a la descalificación a ultranza y nada fraternales.

Es bien sabido, allí está la historia, que cuando se maneja mal la controversia, se descalifica a quienes discrepan, aparte de tener o no razón –porque no siempre uno la tiene, Dios nos hizo imperfectos – se ahoga la crítica y con ella el ímpetu revolucionario.

No vayan a decirme que he dicho puras bolserías, el título advierte que hablaría “pajuatadas” pero sin saltar la talanquera.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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