El orgullo de Gaby Espino y la “telesangre”

La artista de televisión Gaby Espino olvida algo tan evidente como que la culpa no es del ciego sino de quien le da el garrote, y esto lo digo porque, en mi criterio, las críticas que hizo acerca de la inseguridad en Venezuela luego del asesinato de Mónica Spear y su esposo,  Henry Thomas Berry, se le pueden justificar con toda razón a cualquier persona, menos a los actores y las actrices de la “telesangre” y de esas producciones de sexo a rin pela’o, donde predominan con estupor los triángulos y hasta los hexágonos amorosos.

Que caradurismo ¡no!, si la revolución establece mecanismos para regular esas programaciones que estimulan la violencia en nuestra juventud, estoy seguro que los enemigos se avientan a la calle bajo la consigna: “con mis ‘teleculebrones’ no te metas”, advirtiendo de antemano como siempre que esta dictadura que continúa el presidente Nicolás Maduro les coarta la libertad de expresión, y quiere dejar a los profesionales de la actuación sin trabajo, pero cuando se presentan casos lamentables como la muerte de la exmiss y su esposo, culpan al Gobierno nacional como único responsable del grave problema de inseguridad que tenemos.

Ahora, yo me pregunto: ¿Pensará Gaby Espino que en Venezuela no hay conciencia de las distorsiones y el daño causado por los “culebrones” en la que ella participa? ¿Desconocerá lo que significa salir semidesnuda en una vaya inmensa en plena calle promocionando una marca de cerveza? ¿No sabe que el licor es una de las principales causas de muertes producidas en el país? ¿Será que no ha escatimado en la manera tan fácil como se enseña a matar, a robar, a ultrajar, a violar, a nuestros niños en la mayoría de las novelas televisivas?

La TV con esa programación basura que aún prevalece es una poderosa escuela de antivalores que con el tiempo puede contribuir a la formación de jóvenes homicidas, como esos que acabaron con la vida de Spear y Henry Thomas Berry. Esos perversos dramáticos son un curso intensivo de sexo, infidelidades, amantes, donde se nos presentan con naturalidad pasmosa relaciones sentimentales de una persona con las parejas de otras, cuando eso en la vida real sabemos que además de lo contraproducente para la sana educación familiar de los niños, en infinidades de casos significan el peligro de enfrentarse a un celoso o a una celosa con una pistola en la mano; representan pues esos hechos de sangre que asustan a los actores y actrices que critican al Gobierno por la inseguridad.

La señora Espino dijo: “yo amo mi país, pero no piso más Venezuela”, “Ese es el día a día de nuestro país. Hemos salido todos los venezolanos huyendo con miedo, aterrados, porque esta es la realidad de nuestro país. Y hoy le tocó a Mónica”.

Tales declaraciones, por supuesto, generaron fuertes ataques en su contra y cuando la gente esperaba que reaccionara y fuera al análisis sobre la pantalla chica como una de las causas de la violencia tratándose de una artista de relevancia internacional, respondió por Twitter con orgullo y jactancia: “Yo decido donde vivo, o a donde voy. Me da risa que la gente se meta y se ofenda porque yo procure la seguridad de mi familia”.

No sé dónde reside la actriz, escucho que en México y si es así, eso asombra aún más, porque en cuanto a la seguridad del país azteca medios digitales dicen: “En los primeros ocho meses del gobierno de Enrique Peña Nieto se han registrado 13 mil 774 asesinatos, de acuerdo con el recuento de la revista ‘Zeta’. Zeta explicó que para documentar las ejecuciones se utilizaron todos los instrumentos gubernamentales, incluyendo los informes del Secretariado Ejecutivo, la Procuraduría General de la República (PGR) e Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (IFAI)”.

El Proceso.com.mix señala: “La guerra contra el crimen organizado durante el sexenio de Felipe Calderón dejó un saldo de 121 mil 683 muertes violentas, según datos dados a conocer hoy por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Estas cifras se desprenden de los registros administrativos generados por cada entidad federativa, básicamente de defunciones accidentales y violentas”.

Otras personas del mundo farandulero aseguran que Gaby Espino reside en el norte, y siendo así uno se pregunta: “Dónde pondrá a estudiar sus hijos, porque allí a cada rato entra un loco a una escuela y mata un poco de muchachos, además ese país es la razón de ser de la producción de cocaína en Colombia”.

Sin embargo, nunca la he oído decir que no regresará más a México ni a los EEUU. Ni mucho menos pronunciarse a favor de generar una programación televisiva verdaderamente educativa, orientadora, que contribuya realmente a la formación de los niños y jóvenes y en consecuencia, combata en Venezuela desde la raíz esa inseguridad que tanto la aterra y nos aterra a todos.



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Alberto Morán


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