El Producto de Bienes de Uso y las importaciones superfluas

La Guerra económica, el Producto Interno Bruto y la Estadística burguesa

Seguimos atados al monetarismo, a la tenencia de dinero. Es mucha y variada la carga de vestigios burgueses y comerciales. Durante los milenios que lleva la compraventa de mercancías, nuestro vocabulario se ha enriquecido tanto al punto de que valores, expresiones y palabras usadas a diario nos identifican como comerciantes hasta por el sólo hecho de ser simples compradores.

Esta es la definición mundial del llamado PIB o producto interno bruto: “El valor monetario de la producción de bienes y servicios de demanda final de un país durante un período determinado de tiempo (normalmente un año).” [1]

Ocurre que toda cosa u objeto útil material, aprehensible o no, es por definición un bien en el caso que nos ocupa, por lo que esa definición recoge una tautología. Además, el caso es que ese estadístico macroeconómico no nos dice nada de los valores de uso, como tales, de la cantidad de bienes satisfactorios de las necesidades, abstracción hecha de su valor monetario.

Se trata de un ardid estadístico burgués que evidentemente da por exitosa y próspera la economía de un país en la medida de que su monto en dinero sea alto, según las comparaciones del caso. Allí se cuelan importaciones superfluas, más allá de las suntuarias. Allí se alberga el freno a la producción nacional; allí se ampara el antipatria, el importador y aliado de las economías extranjeras, inclusive las enemigas.

A lo sumo, ese PIB podría marcar la evolución en el tiempo, sin que por ello sepamos algo de cuántos panes, cuántos litros de leche, cuántos vestidos y calzados, cuántos libros de texto,

Pensamos que la finalidad económica de esos informes estadísticos está dirigida al conocimiento del volumen de dinero en circulación, de las necesidades de acuñaciones monetarias, del monto del capital fabril, etc., del monto necesario de divisas para importar, en caso de tolerancia indiscriminada-que ha privado hasta ahora-de esta actividad.

Y, lo peor, se busca mantener un pleno desconocimiento de la estructura productiva, un desconocimiento muy favorable al capitalista importador nacional e internacional. Mientras nosotros queramos mejorar nuestra producción nacional, tenemos que saber cuántas unidades necesitamos de cada bien, más que cuánto vale, o por cuánto se venda.

Por cierto, las importaciones de bienes que perfectamente se puedan producir en el país deben ser suspendidas prontamente. El argumento de que tenemos de una producción deficitaria es deleznable ya que su conocimiento sólo debe inducir al inmediato estímulo de nuevas empresas cuidadosamente vigiladas y/o al ensanchamientos de las existentes. La política manejada hasta ahora ha sido gobernada por el capital importador, hoy evidenciado y desenmascarado como parásito de alto vuelo, vendido o precedente de países enemigos de esta patria.

La excusa presentada por los estadísticos y por el Estado que maneja y costea esa información es que el PIB es la única manera de medir la cantidad de esos valores de uso involucrados ante la evidente heterogeneidad de los mismos.

Pero, bien miradas lasa cosas, el Estado necesita saber cuántos somos, de qué tallas de calzado y vestidos somos, cuántos niños y niñas, cuantos adultos, la velocidad de circulación del dinero o hábitos de consumo, según el número de bienes involucrados, etc., a fin de estimar a qué monto deben llegar las producciones correspondientes incluidas las posibles e inevitables importaciones.

(1) Consultar en Internet.


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Manuel C. Martínez


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