¿Sabrá Dietrich dónde queda el carajo? ¿Qué habría de hacer allí?

- “¡Váyase usted mucho al carajo!”

Con esa expresión contundente y definitiva, cerraba Ambrosia toda discusión, cuando llegaba el momento que no hallaba cómo responder a quien con ella discutía.

Allá en Caigüire arriba, de Cumaná, como cogiendo para “el Barbudo”, vivía Ambrosia, la de este cuento; muy cerca de la pesquera de la familia Aristiguieta. En la hilera de casas que corría con la carretera hacia este último nombrado caserío, la gente reía a carcajadas al escucharle decir aquella casi heroica frase con la que la habitual “peleona” cerraba sus disputas.

Ambrosia normalmente no se conformaba con mandar a sus contendores para ese extraño sitio donde nadie quiere ir ni que lo manden, sino que aplicaba con énfasis lo de “mucho”.

Al final de cada conversación o disputa, cuando el archivo de palabras o argumentos se le agotaba, inflaba el pecho para gritar más duro y decía como para callar el ruido de las olas que allí mismo reventaban:

¿Usted sabe cómo es la vaina? ¡Váyase muchísimo al carajo!

Se agachaba a recoger su mara de pescado que había colocado en el suelo salitroso para discutir con mayor propiedad, pues quizás el peso de esta sobre la cabeza le impedía organizar mejor sus ideas, se levantaba con altivez, ya con la mara de nuevo en su lugar, daba la vuelta en redonda y se iba “con su culo muy parado”, siempre siguiendo la dirección que traía.

Dietrich, no puede hablar. Pareciera que hubiese la idea que no tiene derecho a hacerlo, pues apenas “mete su cucharada”, como solemos decir entre la gente del pueblo, le cae una andanada de epítetos y calificativos nada generosos. Pocos, porque si los ha habido, se ocupan de desmontar o rebatir lo que aquél dice. Los más le dicen cuanta cosa se le ocurra, como ahora que alguien, para rebatir lo que dijo, creyó suficiente, como Ambrosia, mandarle para el carajo.

Pero…..¿Sabrá Dietrich dónde queda el carajo? ¿Sabrá qué hacer allí? Nadie se ha ocupado de aclararle el fin de ese mandato esclarecedor.

Con este argumento, no sé bien si Dietrich debe irse a ese recóndito sitio sólo o acompañado de unos cuantos, porque con las naturales diferencias, mucha gente se muestra inconforme con la marcha del proceso.

Generalmente discrepo en el fondo con las opiniones de Dietrich y sobre todo con el estilo que utiliza que parece como muy sibilino y cargado de otras intenciones. Por ejemplo el último artículo, titulado “Saqueos de Daka”, pareciera hacer de pitoniso, dramático y lleno de frustración y pesimismo. Pero en algunas cosas no deja de tener sus razones. En todo caso, sus opiniones, acertadas o no, merecen ser discutidas y no cerrar la discusión con ese proceder que tiene algo de impertinente, oscurantista y procaz. Eso le quedaba bien y gracioso a Ambrosia.

El presidente Maduro, ayer mismo, dijo algo parecido a que debemos enfrentar la actual contingencia de especulación, acaparamiento, etc., pero al mismo tiempo “retomar” las tareas de la construcción del socialismo. Admitió que esas tareas, en un momento dado, estuvieron como abandonadas u olvidadas, por eso habla de “retomarlas”. Jamás, por muy chavista que seamos, al escuchar esa crítica al proceso, proveniente del presidente mismo, a nadie sensato pudiera ocurrírsele, gritarle como Ambrosia:

-¡Váyase usted muchísimo al carajo!

Al contrario hay que celebrar que el compatriota Maduro ha dado muestras de estar consciente de un asunto que preocupa a muchos; que las tareas para construir el socialismo son más complejas de lo que se cree y en cada esquina, el capitalismo tiende trampas, señuelos y pone trabas de todo calibre para que en lugar de trabajar por el post capitalismo, nos quedemos enredados en sus aguas cenagosas.

Por eso, si a quien esto escribe, se le ocurriese decir, repitiendo a personajes que han estudiado a fondo el asunto a nivel planetario, que las tareas por el socialismo parecieran que no marchan o lo hacen a un ritmo demasiado lento, tanto que no hemos podido ir más allá de actuar contra el neoliberalismo, el imperialismo y el repartir de manera más justa y generosa la renta petrolera, no sería sensato y pertinente que me manden “muchísimo al carajo”.

Como escribió mi amigo y viejo compañero Evaristo Marcano, esas críticas acerca del ritmo del cambio, que como hemos dicho hasta el presidente Maduro ha asumido, no son propiedad única y exclusiva de Dietrich. Muchos venezolanos respetables las han asumido y hay hasta quienes han intentado mostrar con cifras muy contundentes, como ha crecido la acumulación capitalista en Venezuela.

Para mí, ese fenómeno era previsible, por lo que en el mundo ha sucedido. Ha resultado complejo cambiar al ritmo y la cantidad necesarios las relaciones de producción. Porque siempre pareciera que hay barreras muy poderosas que hacen que siempre estemos reproduciendo el modelo con cosas como paternalistas y fuerzas que nos atan al pasado. Hasta quienes uno pudiera presumir más claros y fieles al proceso, son más críticos desde las barreras, tienen dificultades para entender, encontrar el camino. Por eso, si se llega a responsabilidades de gobierno, a los terrenos del toro, se percibe que “una cosa piensa el burro y otra el que lo monta”; si no pregúntenle a Reinaldo Iturriza.

Es cierto, que hemos sido capaces de posicionar una política anti neoliberal y antimperialista que procura una mejor distribución de la renta y eso es digno de aplauso. Pero es más que difícil avanzar como uno quisiera.

Pero la mejor manera de desbrozar el camino, despejar las incógnitas, es abriéndose a la discusión con todo aquél que tenga algo que decir y no taparle la boca, porque hacemos daño, diciendo como Ambrosia:

¡Váyase usted al mismíso carajo!


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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