La guerra económica (II)

A comienzos del año, en febrero, escribimos acerca de este tema. Y, lamentablemente, el tiempo nos ha dado la razón. Hemos visto y padecido como grupos poderosos han puesto toda la carne en el asador para desbancar al Gobierno. Especulación y acaparamiento han provocado escasez y una espiral inflacionaria, cuyo único objetivo es generar desasosiego e inducir un clima de malestar generalizado, que a su vez pueda desembocar en un sacudón social similar al de 1989.

La estrategia ha sido de desgaste, con el objetivo de socavar las bases de apoyo popular, hasta lograr que la revolución “caiga como fruta madura”. Pero, ¿Por qué han logrado hacer tanto daño? Principalmente, por las vulnerabilidades estructurales de nuestra economía: 1) El rentismo y la alta dependencia del petróleo y las importaciones, 2) el escaso desarrollo industrial y la baja producción, 3) el también escaso desarrollo del sector agrícola y 4) el carácter monopólico de las empresas privadas que controlan el estratégico sector de la agroindustria.

De manera, que lo coyuntural (las ansias de acabar con el chavismo) se entremezcla con lo estructural (Las vulnerabilidades no resueltas) y ambas variables plantean, sin duda, un cuadro complejo de resolver. No obstante, con sus altibajos, la oferta de productos de la canasta básica ha comenzado una tendencia a la normalización, aunque de tanto en tanto uno o varios artículos le van cediendo el puesto a otros en las listas de los más buscados.

Supervisión y fiscalización, de la mano con incentivos para acrecentar la producción y mejorar la distribución son imprescindibles para afrontar la contingencia, pero no haríamos nada si a mediano y largo plazo no avanzamos en el tremendo desafío de diversificar la economía, industrializarla y hacerla menos dependiente del petróleo.

Lo que sí no han podido alterar los saboteadores son las mejoras en los indicadores sociales, que han servido como barrera para que los que menos tienen resistan en mejores condiciones los embates del capitalismo salvaje y su voracidad especulativa. Con todos los problemas que podamos tener, este es un país donde el 98% de la población le mete a la papa tres veces al día e incluso más.

En la Venezuela de este tiempo todos los años se realizan incrementos del salario mínimo y también se llevan adelante discusiones del contrato colectivo con diferentes gremios del sector público, como los maestros, profesionales de la salud y profesores universitarios, entre otros, que han involucrado mejoras significativas en los beneficios sociales de cada una esas importantes profesiones.

Un país “quebrado” económicamente no pudiera ni siquiera pensar en suscribir esos compromisos con su clase trabajadora. La tasa de desempleo se ha mantenido en un valor bajo (7%), sobre todo si se compara con la de varias economías europeas.

Transformar la economía en un medio para la satisfacción de las necesidades del ser humano, ha sido siempre el “pequeño detalle” que pasan por alto apátridas y pelucones, por eso nunca aciertan.


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Daniel Córdova


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Daniel Córdova Zerpa

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