Aquella tarde de un 21 de octubre en la Plaza Monumental de Valencia

Recuerdo que hace cuatro años, muy temprano eran como las cinco de la madrugada; cuando mi hermana Judith junto con su amiga Carolina se disponían a viajar desde Puerto Cabello hasta Valencia. Tenían más de tres meses hablando sobre el evento que se realizaría en la Plaza Monumental de esa ciudad: La entrega de la” V” de oro.

Judith, quien acababa de cumplir 17 años, y como toda adolescente era fanática de este tipo de eventos, había adquirido las entradas en preventa, tanto para ella como para su amiga un año mayor que ella, pero también cursante del quinto año en el mismo colegio. Ambas eran grandes amigas, casi hermanas diría yo. El espectáculo formaba parte del evento especial, con el cual un importante canal de televisión pretendía “reconocer” el trabajo de sus artistas.

Pasadas las siete de la mañana, las muchachas se agolpaban junto con más de 30.000 personas en las afueras de las instalaciones taurinas. Casi a las 12 del mediodía, en el medio de un calor sofocante, los miles de asistentes en su mayoría jóvenes, adolescentes, niños y niñas comenzaron a entrar al recinto. Me cuentan los asistentes que casi no vieron personal de seguridad alrededor de la plaza, y solamente escasos funcionarios policiales. Aproximadamente media hora después que la gente comenzó a entrar se escuchó el accionar de un arma de fuego. ¡Están disparando! dijeron algunos en tono de desesperación. La multitud allí agolpada corría en todas las direcciones, produciendo una situación de angustia y confusión que no permitía ver con claridad lo que estaba ocurriendo.

Casi en el medio de aquel peregrinar desorientado de personas, yacían cientos de heridos y 11 víctimas fatales, entre ellas Judith, quienes en su mayoría fueron trasladados en vehículos particulares, porque en el evento ni siquiera contaban con suficientes ambulancias. Mi hermana fue llevada al Hospital Central, murió como consecuencia de múltiples traumatismos y golpes en la cabeza que le produjeron según el informe médico, un derrame interno.

Irónicamente mientras esto ocurría, la entrega de la “V” de oro se llevó a cabo y la noticia fue extrañamente “autocensurada” por el propio canal responsable de la cobertura y organización del trágico acto. Tampoco el canal que transmite 24 horas de información mencionó algo al respecto y no fue sino hasta las siete de la noche que comenzaron las primeras informaciones.

Hoy, los familiares de mi hermana y las otras 10 víctimas, siguen esperando que los culpables de esta barbarie sean llevados ante los tribunales competentes. Lamentablemente, la impunidad que prevalece en el Poder Judicial amenaza con la prescripción de este hecho; y lo que es peor, pareciera que a ninguna autoridad le interesa llegar al fondo de este asunto.

Esta es la historia imaginaria de quienes aún siguen esperando justicia, desde aquella trágica tarde de un 21 de octubre de 2001. Pidamos a Dios por su infinita misericordia

javiervivas_santana@yahoo.com


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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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