Plutocracia

La expresión plutocracia tiene una larga y extensa data histórica. En la mitología griega, Pluto era el dios de los ricos. Es una palabra compuesta, formada por el término plutos, que significa riqueza, fortuna, abundancia, tesoro (¡Ah, cuánto honor le rinde a estos términos la camarilla de corruptos amarillos!). La segunda raíz de plutocracia es kratos o cratia= poder, gobierno (¡cómo ambicionan llegar a él!); de manera que plutocracia significa el gobierno de los ricos. Posee, además, algunos términos que forman parte de la familia, como: acracia, democracia, aristocracia, burocracia, teocracia...

En Venezuela, y por extensión, en todo el continente americano, gobernó la plutocracia desde la llegada de los europeos: británicos, franceses, españoles, portugueses, holandeses... Luego llegaron otros en calidad de inmigrantes que, al hacerse ricos por diferentes vías y medios, todos non sanctos, pasaron a formar parte de la plutocracia.

En España, muchos plutócratas accedieron a esa clase por obra y gracia de las riquezas sustraídas en América; fue así como ladrones, asesinos, homosexuales, proxenetas, que vinieron a estas tierras en calidad de grumetes o simples marinos en las carabelas, galeones, galeras, en fin, naves que cruzaron los mares rumbo al genocidio y al saqueo, de regreso a la península y ante el apremio por el vil metal de las diferentes dinastías de los reinos de España durante los siglos XVI, XVII, XVIII y parte del XIX, inventaron títulos de nobleza, como caballero, duque, conde, marqués, barón, señor, y otros de mayor o menor rango. Decimos apremio porque, para mantener el lujo, el boato, la ostentación de que hacían gala para la expansión de sus fronteras, la construcción de palacios, castillos, monasterios, museos y el mecenazgo a artistas y corifeos, fueron por demás dispendiosos y así adquirieron enormes deudas con banqueros y capitanes que financiaban sus guerras y correrías diversas. Es por ello que antiguos ladrones, asesinos, homosexuales, proxenetas devinieron en nobles con esos títulos. Ése es el origen de la gran mayoría de gentes de “sangre azul” de la rubia Europa.

Aunque historiadores y favorecidos tratan de explicar el origen de la nobleza a tiempos ancestrales, otorgándole origenes diversos, como: divinos, hereditarios, concedidos por la realeza, ganados en las gestas de conquista, etc., lo cierto es que hoy día los títulos de la nobleza se han venido a menos. Por supuesto que en la Rusia de los zares hubo la mal llamada clase noble, al igual que en Francia, en Italia, Austria, Prusia, Bélgica, los países nórdicos y/o escandinavos... Algunos hablan de aristocracia de origen feudal, medieval, etc., etc.

La mayor parte de todo ese andamiaje cayó como castillo de naipes cuando, como consecuencia de la influencia ejercida por los enciclopedistas más destacados del siglo XVIII europeo: John Locke, Voltaire, Montesquieu, Jean le Rond d'Alembert, André Le Breton, Étienne Bonnot de Condillac, Daubenton, Denis Diderot, Barón D'Holbach, Chevalier Louis de Jaucourt, Quesnay, Jean-Jacques Rousseau, Nicolas Antoine Boulanger, Charles Marie de La Condamine, Marmontel, Lenglet-Dufresnoy Bordeu, Saint-Lambert, Tronchin, Morellet, Saint-Lambert, Tronchin, Fenouillot de Falbaire y Turgot, entre otros, la revolución francesa y su asamblea nacional produjeron la famosa Declaración del Hombre y el Ciudadano que disolvió los poderes constituidos en Francia y la mayoría de los países europeos.

Plutócratas anglosajones, germanos y eslavos advinieron a la categoría de nobles y, por mampuesto, a la de plutócratas, por diversas vías que la historia registra con lujo de detalles, como aquellos británicos que hicieron sus fortunas para hacerse aristócratas con las riquezas labradas con los esclavos de África y Asia meridional: China, India, Camboya, Filipinas, Indonesia, Vietnam, Malasia. Singapur, Laos, Birmania.

Muy famosas son las guerras del opio, también conocidas como las Guerras Anglo-Chinas; fueron dos guerras que duraron de 1839 a 1842 y de 1856 a 1860, respectivamente, cuyo punto culminante fueron los conflictos comerciales entre China y el Reino Unido. Los intereses comerciales creados por el contrabando británico de opio de la India Británica hacia la China, y los esfuerzos del gobierno chino para imponer sus leyes contra el comercio de opio, llevaron al conflicto. Francia luchó al lado de Gran Bretaña en la segunda guerra. La derrota de China en ambas forzó al gobierno a tolerar el comercio de opio y con ello la ruta para el crecimiento y desarrollo de la Gran Bretaña y el origen de su aristocracia y, por ende, de su plutocracia.

Todo lo anterior, para llegar a la explicación de lo que se conoce como la plutocracia venezolana. En la novela del venezolano Francisco Herrera Luque: Los amos del valle (1979), extraemos que fueron las rivalidades políticas, económicas y sociales que se suscitaron entre los invasores españoles, además de sus violentos métodos para "civilizar" y dominar a los pobladores residentes en nuestras tierras, el origen de esta clase. Allí se expone la mezcla que se dio de lo nacional con lo extranjero en el valle de Caracas, para plantear los orígenes que germinaron las personalidades de los habitantes hispanoamericanos. La investigación documentada –y a través de la ficción– permite al autor la aproximación histórica de quienes constituyeron la "aristocracia" colonial venezolana, denominada también como "grandes cacaos", término usado para referirse a los dueños del poder económico y social que perduraron en el país hasta muy avanzado el siglo XX.

Diálogos, soliloquios, remembranzas y voces alternas de la historia, van mostrando la lucha de aquella clase social arbitraria que intentaba poseer un mayor control político-administrativo mientras impedía el ascenso al poder de las "clases inferiores". Los amos del valle, con las intervenciones de los personajes que hacen vida a lo largo de las escenas, permite al lector apreciar de mejor manera la intención del autor respecto de la evolución de los hechos que fueron acumulándose para llevar a que los países del continente americano se unieran con un solo y único propósito: el de la liberación de nuestro pueblo del yugo español autoritario; aunque esto, en principio, haya sido pensado sólo para beneficiar a la clase "aristócrata" de aquella época.

La plutocracia venezolana ha perdurado a lo largo de los siglos, vale decir, desde la época colonial hasta nuestros días. Aún hoy, adentrados en el siglo XXI, los Amos del valle siguen haciendo de las suyas: manejan la economía nacional a través del comercio de importación, de la banca, de las finanzas, de un sector predominante de la manufactura y la agroindustria venezolana y, a través del poder económico, influyen en la vida política del país, siendo, como factores de ella, los grandes financistas de la burguesía y la oligarquía venezolana.

Por supuesto que siempre han estado arrimados al poder, formando parte del mismo, viviendo y enriqueciéndose de las ventajas derivadas de esas afinidades, donde el robo, el asesinato, el despojo, el contrabando, la corrupción en todas sus expresiones, caracterizan esta clase.

Así como la Revolución Francesa dio paso a la República, es hora de que la Revolución Bolivariana abra los caminos para la liquidación de la Plutocracia venezolana.

¿Quieren saber quiénes son? Basta con pasearse por los mal llamados grandes apellidos de la Venezuela del siglo XX.


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César Eulogio Prieto Oberto

Profesor. Economista. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia. Candidato a Dr. en Ciencia Política.

 cepo39@gmail.com

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