La revolución bolivariana y la religión

¿Es la religión uno de los tópicos que marcha contracorriente a los cambios y progresos sociales a lo extenso de la Historia de la Humanidad? Pregunta incómoda cuando para tratar de proponer algunas ideas como respuestas cuales siempre tendrán sus efectos y contrarios ante el status quo de los representantes de la Religión (en mayúscula). ¿Por qué osamos acercarnos a tan espinoso tema? Como nuestros alumnos y estudiantes de la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela (UCV) lo han apreciado ni excusamos tema alguno ni somos “escaparate de nadie”; además, algo hemos revisado sobre tan álgida realidad en cuando las sociedades han propuesto, inevitablemente, cambios que afectan, seriamente, el status quo de la praxis de la Religión (en mayúscula, again); es decir, las estructuras terrenales de cualquier manifestación cotidiana de cualquier teología religiosa sea ella la cristiana pasando por sus diferentes expresiones religiosas y/o seudo-religiosas y acabando en la realidad del Tibet conjuntamente con las “guerras religiosas” en el nombre del Creador y/o sustentando “normas religiosas” que se manifiestan inclusiva y violentamente contra los deseos más preciados del “ser creado en tanto y cuanto es ser social” de Ser.
Permítasenos pasearnos por realidades históricas como propuestas de apertura a la inquietud humana sobre la relación entre la Religión y el desarrollo humano aunque lo que no podremos expresar, por ahora, serán los porqué de esas “extrañas actitudes humanas con consecuencias sociales graves” cuando la Religión trata, desea, impone sus paradigmas poco teológicos y más cercanos a la necesidad de “amarrarse” al Poder (con mayúscula) y, al tiempo, defender “formas de vivir económicas” que contradicen “el bien común” del “ser creado en ser social”. En ese orden, nos consideramos más por consulta con expertos y, un poquito, por propias experiencias personales que la base de tan tamaña actitud se sustenta en un solo “pecado”: la soberbia y, ahora, trataremos de explicarnos.
Podríamos exponer cuando nos referimos, específicamente, a la Iglesia cristiano-católica, según los tiempos históricos y sus correspondientes “rupturas teológicas” (léase: Calvino, Erasmo, Lutero) diferentes etapas más humanas que “celestiales”; es decir, cuando el Poder es adscrito a las iniciales estructuras verticales a ser impuestas en la “iglesia” (léase: el pueblo creyente) alcanzando una comunión entre el Poder-e-Iglesia que se iría consolidando según las realidades históricas que se fueron desarrollando en el continente europeo. La primera fase sería aquel milagroso-milagro de la imagen de la “Santa Cruz” en los cielos sobre las huestes militares romanas. Seguiríamos con “los emperadores germanos” que por “obra y gracia” del “Espíritu Santo” el Santo Padre (léase: el Papa) los “bautiza coronándolos” como, sencillamente, el/los Embajador del Creador en las “santas tierras” europeas con derecho a convocar algún Concilio. Claro, las conciencias de aquellos “barbaros” religiosamente adscritos a sus “dioses paganos franco-germanos” se ven inundadas por las consciencias greco-romanas-filosóficas que muestran las débiles bases del Poder de la “silla de Pedro” cual problema que había que resolver no digamos democráticamente porque en aquellos tiempos de la Alta Edad Media ese concepto: “democracia”, no estaba en boga pero sí se lleva por delante aquel mandamiento de “amar al prójimo como a uno mismo” que, al fin y la cabo, es la base fundamental de los Derechos Humanos.
Como lo estamos exponiendo el Poder de la Roma conversa se ve en la obligación de instaurar la tesis en praxis de la Inquisición y desarrollar el concepto del “enemigo externo”, es decir, el Islamismo, o sea, “los moros” como “los herejes” siendo obligante precisar que George W. Bush es un actor político de los siglos XX y XXI, es decir, un bojote de siglos posteriores en cuanto nos referimos a las Cruzadas, a la Inquisición, a las hogueras, a los exilios en cárceles “guantanameras”. Pero como siempre, el “hombre” (léase: hombre y mujer; ser creado; ser social) piensa y cuando piensa, las conciencias, en ambos lados de las contradicciones, reaccionan unos a favor del “nuevo pensamiento” y los otros oponiéndose cuando perciben que el Poder se traslada hacia las nuevas realidades en perfecta evolución. En ese orden de desarrollo lógico, el Renacimiento impactó, profundamente, los estamentos ideológicos que se consolidaron durante la Edad Media y aparecieron las realidades y los impactos de la economía capitalista. La Iglesia establecida no sabemos sí se incorporó a las nuevas realidades y/o se mimetizó a esos cambios nombrando “purpurados” provenientes de las fundamentales familias renacentistas conjugándose los paradigmas del capitalismo con las realidades en necesidad del Poder real y efectivo del Vaticano. El capitalismo en desarrollo necesitaba de una ideología y nada más preciso que ese pensamiento cristiano-católico y cristiano-protestante que permitía aún en contradicción referida a la ganancia (usura, dirían algunos) que la “oferta y la demanda” se desarrollaba en la medida que la estructura económica de ese capitalismo en el “intermezzo” se desarrollaba. Pero ese desarrollo del capitalismo conllevaba, internamente, sus propias contradicciones lo que obligó al “ser social”, una otra vez, a reflexionar entre “las ganancias capitalistas y las masas sociales empobrecidas” (ahora los denominan “invisibilizados”).
Para colmo de males para la Iglesia-institución apareció en los escenarios europeos un alemán que pondría “patas arriba”, es decir, le crearía “dolores de cabeza” al Poder vaticano. Aquel alemán simplemente puso en “blanco y negro” la historia de la evolución de la economía europea y las razones de las contradicciones que esa evolución contenía en su propio seno. A partir de esas realidades intelectuales del alemán, el Vaticano y su Poder lo excomulgó mandándolo a los infiernos de Dante; es decir, a la “última paila de todos los infierno” botando a la eternidad las “llaves de San Pedro” por si acaso aquel que impuso el mandamiento de “amar al prójimo” por peticiones de Su Santa Madre se le ocurriera solicitarle “el perdón a los condenados por perdidos”.
Desde entonces, sin conocer las razones teológicas de tan tamaña decisión vaticana, el “demonio de la modernidad” y la denominada “post-modernidad diabólico-consumista” (nos así lo consideramos) no son las propuestas-solución ni sus praxis globales, en el marco del sistema capitalista en su expresión neo-liberalismo del más absoluto, ramplón y alienante esquema de vida social, como así lo expresa y denuncia Nicolás Maduro Moros cada vez que así lo considera, las soluciones para la sociedad venezolana como nación-estado-país sino que es la solución concreta en las propuestas contenidas en el proceso perfectible de la Revolución Bolivariana la solución socio-económica para Venezuela.
Lo inmediato anterior obliga, necesariamente, a una respuesta desde la Conferencia Episcopal venezolana cuando considera que el escenario actual socio-político y económico que desarrolla el Gobierno Bolivariano está esquematizado en el comunismo más profundo y absoluto en su praxis venezolana, en esa expresión de “comunismo contra-liberal (obviamente) chavista” como así lo intuye Jorge Liberato Cardenal Urosa Sabino (Tal Cual. 22 y 23 junio 2013, pp. 4-5).
Ahora entrémosle al trapo para tratar de explicarnos qué queremos exponer sobre las contradicciones entre la Revolución Bolivariana y, concretamente, la Conferencia Episcopal venezolana; en ese orden reflexivo, para ello nos referiremos a la entrevista que la licenciada Marisela Castillo Apitz le realizara al susodicho cardenal arriba en mención. En esa línea de pensamiento, nos trataremos de exponer pensares.
En una interesante conversa (léase: “pajita dialéctica”) con un sacerdote maracucho de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz tocamos dos (2) interesantes temas: similitudes en vocablos entre el idioma guajiro y el idioma chino; siendo el otro tema sobre la importancia de la presencia de Su Santidad, Juan Pablo II, en su primer viaje a Venezuela, en la necesidad de la “neo-evangelización” de la sociedad venezolana y la realidad histórica del cristianismo-católico desde los tiempos históricos de la Capitanía venezolana (si se nos permite ese concepto). Por ejemplo, el “bautizo de agua”, fórmula cristiano-creyente venezolana por aquello del limbo, se impuso en tierras criollas por culpa de la Corona borbónica española (no la francesa) ya que en un periodo de cien (100) años no pisaron tierra de la Capitanía “ni cura ni obispo” por “la profunda y fundamental importancia” de la Capitanía General. En el marco de este discurso es total y completamente lógico que en territorio de la actual Venezuela se desarrollara una “teología telúrico-criolla” que se implantó, a lo largo de los tiempos históricos, en el inconsciente del venezolano. En ese sentido, mientras no asuma la Conferencia Episcopal criolla no solo esa realidad sino todas sus consecuencias que de ella se pudiera extraer no podrá “rescatar” aquel deseo papal de la neo-evangelización de la sociedad venezolana porque es absurdo comparar la feligresía de la “Sagrada Familia” con los oficios de “sanación” en Cocorote.
Pero el tema va más allá de ésta e inmediata reflexión expuesta y propuesta; es la obligada reflexión de profundizar en las realidades antropológicas de la sociedad venezolana que ha absorbido realidades de expresiones teológico-religiosas provenientes de allende nuestras fronteras y en consecuencia de “momentos históricos” que afectaron a la sociedad colonial venezolana con, por nombrar, la “venta de mano de obra esclava” proveniente del continente africano con sus consecuencias sociológicas como son la de los “negros alzados”, el sincretismo caribeño tan diferente al sincretismo andino, centroamericano y mexicano, al crisol de culturas provenientes de las Europas post-Guerra-de-Independencia y las tesis francesas modernistas y las influencias de la 3ra. Internacional. Son inobjetables realidades sociológicas con sus impactos en el inconsciente colectivo venezolano. Quizás por ello, aquellos sectores de lo institucional-religioso arriba referidos poco comprendieron de la religiosidad cristiana de Hugo Rafael Chávez Frías y la inmediata, sincera, espontanea y real reacción de toda la sociedad venezolana consciente en su religiosidad telúrico-tradicional como tampoco comprenden y, hasta quizás, ni acepten la humildad de Nicolás Maduro Moros de solicitarle Su bendición a Su Santidad Francisco. Como decía un “santo varón” cuando se refería a las asiduas damas que, día a día, pasan sus tiempos cotidianos ante el Santísimo expuesto en Santa Capilla rezandole que ello era bueno pero mejor es el trato “personal y directo” con el “prójimo”. Elevo mis disculpas por la “corrección fraterna” a quien es “cabeza de Iglesia” criolla.

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Miguel Ángel del Pozo


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