¿Cómo transformar un simple error táctico en una catástrofe estratégica?

Por un clavo se perdió una herradura,
por una herradura, se perdió un caballo,
por un caballo, se perdió una batalla,
por una batalla, se perdió el Reino.
Y todo por un clavo de una herradura.


Solo una mirada a “vuelo´e pájaro” a este portal nos lleva a concluir que se ha desatado un sinfín de opiniones encontradas a raíz de unas declaraciones del presidente Maduro -en torno a la posibilidad de salto de talanquera de unos “intelectuales”- y la noticia de un supuesto audio atribuido por la oposición al Sr. Mario Silva. El cómo se relacionan ambos casos se torna cada vez más difícil en la medida que se suceden las declaraciones, por diversos medios, de propios y extraños, es decir, de los que se sintieron aludidos por lo dicho por el Presidente y los que son nombrados en el famoso audio, aparte, claro está, de todos los que hemos opinado en ambos casos, pero me atrevo a asegurar que ambos obedecen a la misma causa.


Como siempre, hemos podido leer el artículo donde se nota un esfuerzo por esclarecer y también el otro donde se dispara sin consideración alguna. Sin duda, estos hechos han actuado como un detonante para la descarga de todo cuanto se pensaba y de alguna manera no se había expresado, cosa que de entrada saludo como un acierto que solo lo posibilita un medio como Aporrea. Pero, como cuando cede una compuerta por la presión acumulada tiempo atrás, dando rienda suelta a todo lo contenido, a veces la pasión del debate puede llevarnos a no medir las consecuencias que este pueda acarrear por responder compulsivamente a cualquier estímulo impreciso. Es lo que me preocupa y llevado a escribir lo que a continuación expongo.

No quiero que se interprete como un llamado a la ponderación, no. Comparto con muchos de los que aquí escriben que la crítica debe ser permanente, incisiva, audaz, pero también responsable y para que sea responsable, es fundamental su objetividad, entendiendo esta como el esfuerzo por desentrañar la verdad del hecho denunciado y de sus posibles salidas. Esto, por supuesto, en sentido ideal de la crítica, más sin embargo, no siempre los señalamientos críticos pueden soportarse con pruebas tangibles. Pero si posee coherencia interna será de mucho provecho para el proceso en corregir sus entuertos. Por el contrario, de no tener coherencia interna, nuestros razonamientos críticos le harán un flaco favor a la revolución dándole armas al enemigo.

¿Cómo se entiende un razonamiento crítico coherente? Básicamente debe poseer, por una parte, unidad en su estructura, es decir, que sus partes constitutivas sean armoniosas y por la otra, que no posea contradicciones, que sea lógico. Y esto es tan válido para la crítica como para la defensa que pueda hacerse de un hecho o de una persona en particular. De bulto observamos ausencia de este criterio en el proceso de crítica que se ha despertado en este portal. Solo como ejemplo señalaré el caso de querer exculpar a Mario Silva de toda responsabilidad sobre el susodicho audio afirmando que este debe ser falso por el hecho de que quien lo presentó (Ismael) carece de toda credibilidad. Con este tipo de argumento podemos halagarnos los unos a los otros pero una oposición más inteligente nos destrozaría.

Una variante de este tipo de argumentación, también muy utilizada como recurso de defensa, es transferir las culpas, o sea: “no tienes moral para criticarme porque tu también lo hiciste en la cuarta”, como si la irresponsabilidad de los demás justificara la propia. Nos hemos comprometido a ser como Chávez y nos olvidamos que el país lo conoció al echarse sobre sus hombros toda la responsabilidad de un fallido golpe militar, asumiendo su obligación como líder en un país en el que nadie quería asumir compromiso alguno. Los defensores automáticos deberían recordar que Mario ha dicho que el documento es un bodrio, pero no ha dicho que no sean sus palabras, que todo lo allí dicho, supuestamente por él, no lo haya sido. Todo lo contrario, al decir que no se disculparía (¿Quién exigía disculpas?) parecía reconocer su responsabilidad.

No pretendo hacer una valoración de las ideas allí expresadas, cada quien opina lo que le permita su real entendimiento y si el niega rotundamente haber dicho lo que todo el mundo ha oído en esa grabación, pues, habrá que creerle. Pero si lo dijo y tiene serias críticas a quienes conducen al país en los actuales momentos, uno se preguntaría el por qué no utilizaría los medios que tiene en sus manos y el poder acumulado a la sombra de Chávez para hacer las críticas necesarias para corregir las fallas. Más efectiva y saludable al proceso es la crítica responsable, franca y honesta que demanda verdadero valor para enfrentar al fascismo interno y externo.

Pero el aspecto más preocupante del panorama político actual es la inmensa cantidad de señales que saltan por todos lados que apuntan a una falta de confianza en nuestro presidente Maduro. De alguna manera la prédica de la oposición venezolana “Maduro no es Chávez” ha sido efectiva y ha venido minando subrepticiamente la convicción de salir airosos con nuestro nuevo líder, al punto de ver, en los esfuerzos de Maduro por desactivar la ola de violencia, acaparamiento y especulación desatada por la derecha inmediatamente después de las elecciones, para ganar tiempo y desplegar el Gobierno de Calle, claras muestras de entrega al enemigo, de traición al pensamiento revolucionario y, desde luego, al legado de Chávez.

Esta estrategia de la derecha, de sembrar en la mente de los venezolanos la idea de que el proceso de cambios iniciado por Chávez muere con él, que no puede existir el chavismo sin Chávez ha tenido su mayor apoyo en la permanente y sistemática adulación de cuantos lo rodearon en vida de presidente, endiosándolo, alabándolo hasta doblegar su humildad y no pensar jamás que, como todo ser humano, era susceptible de morir. A la distancia, aún no sabemos por qué, los que enarbolaban la consigna: “Con Chávez todo, sin Chávez nada”, lo hacían con tanto empeño. Mientras tanto el simple y confianzudo tratamiento de Nicolás sustituye al de “Sr. presidente” y sigue cayendo la gota en el cántaro.

Es así que nos encontramos inmersos en una andanada de críticas desconsideradas y hasta irrespetuosas con El presidente Maduro, perdiendo toda perspectiva del momento que estamos viviendo, perdiendo la crítica su carácter revolucionario y transformarse en chismorreo que da cause a nuestra desesperación de no ver materializarse ya el socialismo que queremos, demandando de Maduro en pocos meses, lo que no ha podido hacerse en más de una década. Y en muchos de los artículos publicados se percibe, dado el desbalance entre la crítica y el halago, que las declaraciones de apoyo al actual presidente es solo un saludo a la bandera.

La crítica no debe decaer. Busquemos los espacios para desarrollarla por muy limitados que nos parezcan, pero no podemos olvidar el compromiso de apoyo irrestricto al presidente Maduro que tenemos todos los chavistas y revolucionarios de este país y no permitir que nuestros anhelos se instalen en nuestra mente imposibilitándonos captar la cambiante realidad en toda su complejidad. Cuidémonos del efecto mariposa, que el futuro no reconozca nuestra labor como el clavo que alude la vieja canción popular inglesa.


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Juan Torres Rodríguez


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