Un papá que disfrutó a Venezuela

Hace un mes mi señor padre, Lorenzo José Hernández, oriundo del estado Trujillo y guerrero de numerosas batallas durante toda su vida, sucumbió ante el destino último que inexorablemente aguarda a cada uno de los seres humanos. En su caso bien se puede decir que la muerte no es el final, pues la huella de su obra siempre estará presente en el recuerdo de familiares y amigos; en lo que a mí respecta agradezco a mi padre su interés permanente por forjar un individuo útil a la sociedad.



Una de las facetas que más destaco de mi padre es su amor por nuestro país, tal como se aprecia, por ejemplo, en las narraciones de algunos de los viajes que realizó a distintos rincones de Venezuela. Aunque viajó al exterior en varias oportunidades, lo que más disfrutó fueron sus constantes recorridos, de forma independiente (sin mediación de agencias de viajes), por distintos paisajes nacionales, en algunos de los cuales fui su acompañante. A diferencia de otros, mi padre supo valorar las bondades naturales y humanas que ofrece esta tierra de gracia a propios y extraños; prefirió en todo momento ser un turista humilde en su Venezuela querida, llegando a conocer sitios prácticamente inexplorados por numerosos venezolanos. Jamás se dejó seducir por la creencia absurda y malintencionada, pero bien concebida por grupos de poder, de que el mejor turismo a escala global se lleva a cabo en Europa, Estados Unidos y en todas aquellas partes en las que las actividades recreativas son un gran negocio en el contexto capitalista. Para mi padre hacer turismo era algo tan simple como desplazarse en autobuses sencillos, alojarse en posadas modestas y alimentarse de lo que le ofrecían los lugareños; comprobó que es posible viajar frecuentemente en Venezuela sin que eso genere un elevado costo económico.

A continuación un extracto de la narración que mi padre hizo de un viaje “por Amazonas, Sur, Centro y Occidente de Venezuela” (como lo denominó), realizado entre Diciembre de 1997 y Enero de 1998:

“Martes 30-12-97 a las 12-M. Viaje por los páramos vía a Barinas, donde recibí el año nuevo en compañía de Omar, Nelly y los niños Fernando, Emilio y Marier, el 2-01-98 a las 10 A.M. me fui para San Fernando (…) en medio de una redoma se levanta majestuosa e imponente el monumento a “José Antonio Páez” y en el otro extremo de la Avenida y también en medio de una redoma se levanta un altísimo monumento, grande como fue su lanza, así es el monumento al “Negro Primero” (…). La segunda noche la pasé en el terminal, esperando la salida del carro que me llevaría a Puerto Páez y mientras conocía una compañera de viaje que venía de Falcón, intercambiamos teléfono para llamadas de Amistad. A las cinco fue la salida por carretera de alto relieve, esto debido a las ciénagas que se forman en la llanura. Se pasaron 6 ríos en chalana, pero yo me tuve que regresar y pedir dos colas, eran las 12 del día domingo 4, estaba en una parte donde no se conseguía nada para comer, ni carros para ninguna parte. Cinco horas permanecí perdido hasta que me decidí a bajar a orillas del río donde me conseguí con dos personas que tenían una canoa “voladora” (…), se decidieron a ir a “Puerto Carreño” (…) Pto. Colombiano muy pequeño, pero de una belleza extraordinaria. De inmediato busqué hotel muy cerca de la salida y fui a buscar algo para comer, pero todo estaba cerrado, logré comprar pan para esa noche y para la mañana siguiente (…) en compañía de 30 personas abordé un bote que en dos horas río arriba me llevó a Casuarito, después de andar y almorzar sopa de pescado en este pequeño pueblo colombiano, me embarqué para Puerto Ayacucho a donde llegué a la una de la tarde. Puerto Ayacucho es la capital de Amazonas, muy moderno pero demasiado calor, me gustó más Puerto Carreño. Por la tarde a las 7 me embarqué en un bus que pasa por Caicara del Orinoco hasta llegar a Ciudad Bolívar donde llegué a las 7 de la mañana. Atravesé el centro hasta la plaza Bolívar, al frente lado a la iglesia está la placa con el siguiente escrito: En este sitio fue fusilado Manuel Piar a las 5 de la tarde del 19 de Julio de 1816. Busqué hotel (…) y salí a comer por toda la Avenida Orinoco, estuve dos días en aquella hermosa ciudad. Me embarqué para Cumaná a las 7 de la mañana, llegando a la una. Tomé un bus que me llevó al barrio El Brasil. La Familia Rangel Mago me recibió, pero no estaba Josefina ni Bárbara. Mery Cruz estuvo muy bien conmigo, allá almorcé, conocí el centro y a las 5 y media me fui para Pto La Cruz (…).

Así fue este largo viaje, misterioso y emocionante, fueron 20 días de experiencia inolvidable. En el majestuoso Orinoco disfruté de un viaje diferente. Fueron veinte días y 20 noches de aventuras, de insólitos paisajes y de soberbia naturaleza”.

ruhergeohist@yahoo.com


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Rubén Alexis Hernández A.

Licenciado en Historia, Magíster en Historia de Venezuela. Antiimperialista, izquierdista y ateo

 ruhergeohist@yahoo.com

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