Maduro y la protección del pueblo

Una de las cosas que más me llama la atención en el discurso del presidente electo Nicolás Maduro es su constante referencia a su deber, voluntad, disposición, responsabilidad de “proteger” al pueblo, estudiantes, deportistas, ancianos etc. Este verbo, según el diccionario significa: “Resguardar a alguien o algo de peligro o daño, Sinonimos: Apoyar, favorecer, defender”.


Todo padre de familia conoce este sentimiento: no queremos que nada le pase a nuestros hijos, y hacemos todo cuanto podemos para resguardarlos. Tan cierto como esto es también el hecho de que no podemos evitar que se enfrenten a la realidad del mundo, no podemos darle todo para que no sufran en la lucha por ganarse lo que necesitan. No podemos montarlos en nuestras espaldas y vivir la vida por ellos.


Valga la analogía para representar esa relación siempre compleja, nunca bien entendida entre el gobierno (los padres) y el pueblo (los hijos) y hacer algunas consideraciones:

Los gobernantes no son nuestros padres: están allí debido a un razonamiento fundamentalmente (no exclusivamente) utilitarista por parte de los electores; creemos y confiamos en que nuestra existencia puede ser mejor bajo un determinado gobierno. No se limita únicamente al disfrute de cierta prosperidad material, pero indudablemente la incluye a la hora de elegir.

Los gobernantes no son nuestros padres: no estamos obligados a tolerarles “a pesar de todo”. Podemos y debemos exigirles el cumplimiento de nuestras expectativas, aquellas que surgen de una oferta electoral dada, y la solución de problemas concretos.

Los gobernantes no son nuestros padres: deben exigirnos el cumplimiento de los deberes, la corresponsabilidad en el manejo de los asuntos públicos, nuestra participación consciente, responsable y activa en el cumplimiento de los diferentes roles que nos corresponden.

Nosotros, el pueblo no nos merecemos todo simplemente por haber nacido en esta tierra de gracia. El gobierno tiene la obligación de ayudar a todos, especialmente a quienes más lo necesitan pero también tiene el derecho de exigir en contrapartida la modesta contribución que cada ciudadano esté en capacidad de hacer, para coadyuvar a garantizar la sostenibilidad intergeneracional de esa ayuda. Debe ayudarse directamente a quienes así lo necesiten pero hay muchos Venezolanos, que bajo ciertas condiciones, pueden no solo valerse por sí mismos sino que a su vez, pueden ayudar a aquellos a quienes el brazo del estado no alcanza.

Ejemplos de protección mal entendida abundan: entregar viviendas dignas a damnificados es una cosa; que sean totalmente gratis es otra totalmente diferente, y otra diferente es también entregarlas totalmente equipadas con equipos de sonido y televisores pantalla plana. Una pequeña suma mensual por parte de las miles de familias beneficiadas, se constituye a su vez en viviendas adicionales para la sociedad. No puede excluirse a las familias beneficiarias de su corresponsabilidad para hacer el beneficio extensivo a otros que también necesitan. Exonerarles además del pago de servicios básicos como electricidad, gas y agua ya raya en lo extremo.

Alojar en refugios a quienes por cualquier causa perdieron sus viviendas está muy bien, pero alimentarlos gratis durante su estadía en refugios es extremo. O es que acaso no comían en su antigua vivienda? Téngase en cuenta que el día en que por alguna falla logística la comida no llega, trancan las avenidas y protestan como los más fieros enemigos. Quienes no han visitado un refugio los invito a que lo hagan y cuenten rápidamente, cuantas personas en edad laboral se encuentra allí.

Mantener un gasto mil millonario en divisas en importaciones y billonario en bolívares para mantener los precios de los alimentos en precios muy bajos es loable, pero ¿en qué medida llegan esos beneficios al pueblo? Me aventuro a asegurar que entre restaurantes, cafetines y otros negocios de venta de alimentos, la reventa por parte de informales en barrios además del contrabando de extracción, al menos el 50% de los alimentos de Mercal y PDVAL no llegan a quienes en teoría, somos sus beneficiarios. Mi caso particular es que mi familia no compra esos productos porque tenemos que trabajar, no podemos pedir un permiso en el trabajo para hacer tres horas de cola para comprar un pollo y por cada pollo comprado un pote de crema de arroz tampoco es necesario.

¿Es necesario que el gobierno “le garantice al pueblo” la compra de televisores pantalla plana y aires acondicionados? Sería preferible en todo caso, si lo que se quiere es golpear el negocio de los comerciantes especuladores, que el cupo CADIVI sea suficiente para que quien pueda, se compre su artefacto. Es más digno hacer doce horas de cola para comprar un TV?
Parece haber una delgada línea entre “proteger” y “malcriar”, eso es válido para familias y para el gobierno de Maduro.

*Economista

jhernandezucv@gmail.com @jhernandezucv



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Javier Hernandez*

Economista (UCV). Candidato a Msc en Gerencia.

 jhernandezucv@gmail.com      @jhernandezucv

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