Con la nada, nada

A propósito de todo lo que ha estado sucediendo después de las elecciones del 14 Abril y los resultados obtenidos es necesario que hagamos las siguientes reflexiones.

La estrategia de aquel que representa a la nada –como lo reconocía el propio Chávez- fue diseñar un discurso que intensificara la polarización entre las dos visiones de país que indudablemente existen y acudir a la rabia, la frustración y a intensificar el odio y la discriminación por razones políticas y sociales, para con ello movilizar y capitalizar esta rabia en votos a su favor, y lo logró, peri siempre a un alto costo: 10 camaradas asesinados por odio político.

El posicionamiento de slogans como el de “los enchufados”, que surgió de los permanentes estudios que realiza Carlos Ocariz y su equipo de especialistas en marketing político, encuestas y estudios de opinión pública variados, –pagados con recursos de la Alcaldía de Sucre- causó dañó. Y causó daño porque surge del propio marco conceptual que la gente llana refleja. Y este sentimiento de frustración que fue explotado y exacerbado en su máxima potencia no es otra cosa que la traducción discursiva del reflejo de lo que la corrupción hace en varios niveles y que viene cultivándose desde la esfera pública y privada, como una forma “normal” del ejercicio del poder desde ambas esferas de la vida del venezolano.

Chávez rompe con este molde porque así como vivió, murió, nadie en su sano juicio puede acusarlo de corrupto: Además comunicacionalmente estos temas duros, centrales que perturban la discusión política diaria no afectaban su imagen. El hiperliderazgo y la omnipresencia de Chávez en la vida pública, su claridad, solidaridad, talante y liderazgo lo hacían refractario frente a estas acusaciones.

Esto representa una desventaja para cualquier otro líder que pretenda ocupar el vacío que Chávez nos dejó. Ese mismo hiperliderazgo no permitió que otros líderes con talante y capacidad se mostraran. Por eso la construcción de la imagen y la percepción en los venezolanos acerca de la gestión de Nicolás fue tan difícil edificarla en diez días de campaña.

En este escenario y con estos elementos en contra, Nicolás ganó las elecciones. Sin embargo, seguimos bajo un intenso ataque, ya no sólo en lo político sino en lo comunicacional. Y resulta que este es el peor de todos. El escenario pinta como el escenario del 2002 pero mucho más elaborado. La imagen del gobierno de Nicolás han pretendido deslegitimarla para someterla con ello, al desprecio público nacional e internacional. Es una gigantesca operación de guerra informativa trazada desde los laboratorios y los think thank de EEUU e Israel.

Entendamos algo; en el mundo globalizado en el que estamos, la aldea ciberespacial creada por internet y las demás redes sociales cuyo éxito depende en gran medida del apoyo de la opinión pública y las percepciones que puedan construirse alrededor de ciertos temas, está dominada por los intereses imperiales y trasnacionales. En la actualidad están aplicándole a Venezuela un concepto que ya se maneja en las famosas revoluciones árabes (primavera árabe) y esto es la táctica de la “comunicación viral”.

Está claro que la guerra convencional ha dejado de ser una opción para las “democracias” occidentales por el elevado costo y muertes que provocan. Los gobiernos salidos de las urnas se ven en la necesidad para evitar ser desplazados del poder, modificar su política y ampararse en ciertos métodos y ciertas instituciones para hacer frente a una opinión pública globalizada cada vez más intolerante ante las muertes y los daños colaterales, como resultado de estas tácticas la primera víctima en una guerra, es la verdad.

Por ello se ha hecho más sutil el abordaje de ciertos conflictos y se usan y diseñan estrategias disímiles basadas en la comunicación persuasiva para de esta manera influir sobre las percepciones de los ciudadanos y construir así una opinión pública.

La fijación de agenda por parte de los medios de comunicación, el ocultamiento de ciertas informaciones, su manipulación, la estigmatización del que consideran su “enemigo”, en resumen todo un plan de deslegitimación y resquebrajamiento de la opinión pública para con ello justificar el exterminio del otro al que muestran como “el demonio” “el diablo” “el mal”, no es más que parte del guión en la guerra informativa. Veamos sino lo que ha declarado estos últimos días la NADA: el discurso del destino manifiesto esgrimido por Bush, el bien contra el mal, los demonios contra los buenos.

La comunicación viral, como táctica consiste en utilizar la plataforma de las nuevas tecnologías. Estas han hecho de la instantaneidad su modus operandi, y además se han convertido en medios accesibles a todos los sectores de la población. A la hora menos pensada y en el rincón más recóndito de la Tierra aparece un celular con cámara que inmortaliza una acción, echando por tierra argumentos oficiales y poniendo en jaque a cualquier gobierno a miles de kilómetros de distancia.

Los medios y redes sociales se han convertido en los puntales en la formación de la cosmovisión y del imaginario de los ciudadanos, porque mediante estas comunicaciones virales –virales, pues se difunden informaciones de todo tipo, de manera instantánea con técnicas de sobre abundamiento y con ningún tiempo para la verificación de dichas informaciones de manera viral- afecta los juicios, percepciones y hasta el conocimiento de los ciudadanos.

Frente a esta realidad y al poder de difusión que controlan indudablemente los medios privados en Venezuela, donde existe una dictadura mediática privada –controlan el 85% del poder de difusión de informaciones en el país- debemos armarnos de una estrategia novedosa y que se parezca a la guerrilla comunicacional apelando a los poderes creativos del pueblo y de la propia revolución. Una de las aristas de nuestra estrategia comunicacional debe ser no mencionar a la NADA, la nada no existe. Si seguimos mostrando sus palabras y dándole relevancia hasta las estupideces que escribe retuiteándolo, colocándolo en los tops, la NADA sigue teniendo presencia. Para responderle a la nada hay líderes de opinión que lo hagan. No desgastemos nuestro tiempo en ello. En este momento la agenda de discusión política la sigue fijando la nada, pues estamos reaccionando de manera muy reactiva ante lo que él diga.

Centrémonos en la gestión; Nicolás que siga en su tarea construyendo su propio estilo e imagen y mostrando resultados. Que la gente lo sienta y lo vea, que lo toquen y que así se restituya el vínculo emocional que se rompió con la muerte de Chávez. Y a nuestros medios sé de lo difícil que resulta vender gestión, esa es una de las áreas más difíciles en la comunicación, pues la gestión es nuestra obligación y trabajo, pero debemos avanzar en lo comunicacional, se nos va la revolución en ello.

Este es nuestro más grande reto en estos momentos, pues necesitamos enfrentar y vencer la guerra informativa que nos están haciendo.


alecucolo@cantv.net


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María Alejandra Díaz


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