Volvió, Volvió, Volvió. !!!!

Como el poema del tocayo Juan Antonio Pérez Bonalde, “Vuelta a la Patria”, y como esta escrito en el libro del Eclesiastés: “Todo lo que va a ocurrir debajo del sol tiene su hora”. Todo lo que habíamos escrito y dicho durante varios días, en la madrugada de hoy, 18 de febrero de 2013 se ha confirmado. El retorno a la República Bolivariana de Venezuela del Comandante del Amor, de Hugo Chávez Frías.

Vaya que momentos duros pasamos, y del cual no estamos del todo exentos aún, pero que regocijo siento, tanta emoción tanta la alegría, pero las lágrimas también me inundan. A nuestro Comandante, a nuestro Presidente Hugo Chávez, al cual además de líder, lo veo como un padre.

Fueron 71 días desde su viaje, y 69 de una operación riesgosa, díficil, pero creo que de ahora en adelante, y sin desmeritar a nuestro padre Bolívar, Chávez es el hombre de las dificultades. Ha pasado por golpes de estado, guarimbas, desestabilización, intentos de asesinato, y una enfermedad que quería arrebatarnoslo, pero gracias a Dios, a Cuba revolucionaria y a la ciencia médica, Una vez más Chávez venció la enfermedad, esta vivo y ahora de vuelta con nosotros, en Venezuela.

Particularmente, y disculpen la alusión en primer persona, viví la operación y convalecencia del Presidente de una forma muy personal. Cuando el Presidente viajó a Cuba a dar esta nueva batalla por la vida, mi querido padre, también libraba la suya, en Maturín, en un momento particularmente duro, y luego que nuestro Presidente se operó, y pasando aquellas primeras horas tan aciagas y díficiles, tres días después,14 de diciembre, fallecía mi padre y al día siguiente me correspondió darle cristiana sepultura.Vaya si esos días fueron duros para mí, pero aquí estoy dando la batalla y con muchas más ganas.

La derecha está desconcertada, catatónica. ¿Que tendrán que decir ahora todos sus operadores de guerra psicológica ante la campaña de rumores y desestabilización que hicieron? ¿Que estarán pensando?. No sé por que pero se especula y se habla de una diarrea colectiva en el Este del Este en Caracas.

Pero, aún con la alegría, que es equiparable a la llegada del Año Nuevo, y pudiéramos decir que el año 2013 en Venezuela empezó a las 2:30 am de este lunes 18 de febrero, debemos estar serenos, tranquilos.Porque aún nuestro Comandante-Presidente debe cumplir de manera estricta y disciplinada con su tratamiento, a que poco a poco recupere su salud y su verbo de trueno y siempre encendido. Y que tengamos conciencia de la convalecencia de nuestro Presidente en el Hospital Militar, y de otros pacientes que junto a él están en ese centro de salud, recuperado por la Revolución por cierto.

No quiero decir que no estemos alegres y que no podamos tener muestras de amor al Comandante en las afueras del Hospital Militar Carlos Arvelo, en San Martín, pero también tenemos que estar conscientes de que nuestro Presidente, Comandante y líder para su pronta y rápida recuperación dentro de lo que la ciencia médica lo permita, necesita la mayor tranquilidad posible. Y sé que eso lo entenderá nuestro pueblo.

Comandante, que alegría tenerlo de vuelta, siempre dije que su retorno estaba próximo, que estaba en el ambiente, porque todo tiene tu huella, todo tiene tu nombre, amado padre. Ahora, como te lo he expresado en mis últimos artículos, no te apures, está sereno, ya estas con nosotros, cumple disciplinadamente tu tratamiento. La derecha, luego de la publicación de tus primeras fotografías luego de tu última operación y ahora con tu llegada, tanto la nacional como internacional, esta totalmente desconcertada. El Golpe de efecto y mediático que les has propinado les dió en la madre, pero cuando reaccionen, tratarán de descargar su odio y su furia contra ti. Por eso, Comandante del amor, no te desesperes ni que eso afecte tu proceso de recuperación que va positivo y va bien. De todas maneras, nosotros, tus hijos, tus guardianes de esta Revolución Bolivariana no dejaremos que te ataquen ni que nos roben el futuro, nuestros sueños y esperanzas.

Comandante.No quiero ser tan extenso en estas palabras y en este escrito. Pero no podía pasar esta oportunidad de expresar mi jolgorio y alegría por tu retorno. Nunca dejastes la patria, porque como lo dijo Bolívar, la Patria es la América, tu sólo estabas en el otro pedacito de la Patria Grande que es la Cuba Revolucionaria y Socialista, a la cual no hay palabras ni formas de agradecerle este apoyo que te han dado y que nos han dado.

Definitivamente, ayer domingo 17 de febrero, día también de alegría y de gozo para los que apoyamos el proyecto socialista por el triunfo contundente e incuestionable del hermano Presidente, reafirmado y ratificado por cuatro años más para ser el inquilino del Palacio de Carondelet, Rafael Correa Delgado, a quien le dedicó este triunfo a Chávez, y hoy 18 con tu retorno, constitituyen una inyección de nuevas energías y de fuerzas que nos harán acelerar la marcha para la consolidación de esta segunda independencia.

Te regalo el poema de Pérez Bonalde, como una ofrenda y la más genuina expresión de mi alegría, y que creo que, de alguna manera recoge tu sentimiento al volver a la Patria que tanto amas y quieres, y como nosotros te queremos y amamos a ti:

 

Vuelta a la Patria

Juan Antonio Pérez Bonalde


 

¡Tierra!, grita en la proa el navegante
y confusa y distante,
una línea indecisa
entre brumas y ondas se divisa;
poco a poco del seno
destacándose va del horizonte,
sobre el éter sereno,
la cumbre azul de un monte;
y así como el bajel se va acercando,
va extendiéndose el cerro
y unas formas extrañas va tomando;
formas que he visto cuando
soñaba con la dicha en mi destierro.
Ya la vista columbra
las riberas bordadas de palmares
y una brisa cargada con la esencia
de violetas silvestres y azahares,
en mi memoria alumbra
el recuerdo feliz de mi inocencia,
cuando pobre de años y pesares,
y rico de ilusiones y alegría,
bajo las palmas retozar solía
oyendo el arrullar de las palomas,
bebiendo luz y respirando aromas.
Hay algo en esos rayos brilladores
que juegan por la atmósfera azulada,
que me habla de ternuras y de amores
de una dicha pasada,
y el viento al suspirar entre las cuerdas,
parece que me dice: « ¿no te acuerdas?».
Ese cielo, ese mar, esos cocales,
ese monte que dora
el sol de las regiones tropicales...
¡Luz, luz al fin! Los reconozco ahora:
son ellos, son los mismos de mi infancia,
y esas playas que al sol del mediodía
brillan a la distancia,
¡oh, inefable alegría,
son las riberas de la patria mía!
Ya muerde el fondo de la mar hirviente
del ancla el férreo diente;
ya se acercan los botes desplegando
al aire puro y blando
la enseña tricolor del pueblo mío.
¡A tierra, a tierra, o la emoción me ahoga,
o se adueña de mi alma el desvarío!
Llevado en alas de mi ardiente anhelo,
me lanzo presuroso al barquichuelo
que a las riberas del hogar me invita.
Todo es grata armonía; los suspiros
de la onda de zafir que el remo agita;
de las marinas aves
los caprichosos giros;
y las notas suaves,
y el timbre lisonjero,
y la magia que toma
hasta en labios del tosco marinero,
el dulce son de mi nativo idioma.
¡Volad, volad, veloces,
ondas, aves y voces!
Id a la tierra en donde el alma tengo,
y decidle que vengo
a reposar, cansado caminante,
del hogar a la sombra un solo instante.
Decidle que en mi anhelo, en mi delirio
por llegar a la orilla, el pecho siente
dulcísimo martirio;
decidle, en fin, que mientras estuve ausente,
ni un día, ni un instante hela olvidado,
y llevadle este beso que os confío,
tributo adelantado
que desde el fondo de mi ser le envío.
¡Boga, boga, remero, así llegamos!
¡Oh, emoción hasta ahora no sentida!
¡Ya piso el santo suelo en que probamos
el almíbar primero de la vida!
Tras ese monte azul cuya alta cumbre
lanza reto de orgullo
al zafir de los cielos,
está el pueblo gentil donde, al arrullo
del maternal amor, rasgué los velos
que me ocultaban la primera lumbre.
¡En marcha, en marcha, postillón, agita
el látigo inclemente!
Y a más andar, el carro diligente
por la orilla del mar se precipita.
No hay peña ni ensenada que en mi mente
no venga a despertar una memoria,
ni hay ola que en la arena humedecida
con escriba con espuma alguna historia
de los alegres tiempos de mi vida.
Todo me habla de sueño y cantares,
de paz, de amor y de tranquilos bienes,
y el aura fugitiva de los mares
que viene, leda, a acariciar mis sienes.
me susurra al oído
con misterioso acento: «Bienvenido».
Allá van los humildes pescadores
las redes a tender sobre la arena;
dichosos, que no sienten los dolores
ni la punzante pena
de los que lejos de la patria lloran;
infelices que ignoran
la insondable alegría
de los que tristes del hogar se fueron
y luego, ansiosos, al hogar volvieron.
Son los mismos que un día,
siendo niño, admiraba yo en la playa,
pensando, en mi inocencia,
que era la humana ciencia,
la ciencia de pescar con la atarraya.
Bien os recuerdo, humildes pescadores,
aunque no a mí vosotros, que en la ausencia
los años me han cambiado y los dolores.
Ya ocultándose va tras un recodo
que hace el camino, el mar, hasta que todo
al fin desaparece.
Ya no hay más que montañas y horizontes,
y el pecho se estremece
al respirar, cargado de recuerdos,
el aire puro de los patrios montes.
De los frescos y límpidos raudales
el murmullo apacible;
de mis canoras aves tropicales
el melodioso trino que resbala
por las ondas del éter invisible;
los perfumados hálitos que exhala
el cáliz áureo y blanco
de las humildes flores del barranco;
todo a soñar convida,
y con suave empeño,
se apodera del alma enternecida
la indefinible vaguedad de un sueño.
Y rueda el coche, y detrás de él las horas
deslízanse ligeras
sin yo sentir, que el pensamiento mío
viaja por el país de las quimeras,
y sólo hallan mis ojos sin mirada
los incoloros senos del vacío...
De pronto, al descender de una hondonada,
«¡Caracas, allí está!», dice el auriga,
y súbito el espíritu despierta
ante la dicha cierta
de ver la tierra amiga.
¡Caracas allí está; sus techos rojos,
su blanca torre, sus azules lomas,
y sus bandas de tímidas palomas
hacen nublar de lágrimas mis ojos!
Caracas allí está; vedla tendida
a las faldas del Ávila empinado,
Odalisca rendida
a los pies del Sultán enamorado.
Hay fiesta en el espacio y la campaña,
fiesta de paz y amores:
acarician los vientos la montaña;
del bosque los alados trovadores
su dulce canturía
dejan oír en la alameda umbría;
los menudos insectos de las flores
a los dorados pístilos se abrazan;
besa el aura amorosa el manso Guaire,
y con los rayos de luz se enlazan
los impalpables átomos del aire.
¡Apura, apura, postillón, agita
el látigo inclemente!
¡Al hogar, al hogar, que ya palpita
por él mi corazón... Mas, no, detente!
¡Oh infinita aflicción, oh desgraciado
de mí, que en mi soñar hube olvidado
que ya no tengo hogar...! Para, cochero;
tomemos cada cual nuestro destino;
tú, al lecho lisonjero
donde te aguarda la madre, el ser divino
que es de la vida centro de alegría,
y yo..., yo al cementerio
donde tengo la mía.
¡Oh, insoluble misterio
que trueca el gozo en lágrimas ardientes!
¿En dónde está, Señor, ésa tu santa
infinita bondad, que así consientes
junto a tanto placer, tristeza tanta?
Ya no hay fiesta en los aires; ya no alegra
la luz que el campo dora;
ya no hay sino la negra
pena cruel que el pecho me devora...
¡valor, firmeza, corazón no brotes
todo tu llanto ahora, no lo agotes,
que mucho, mucho que sufrir aún falta:
ya no lejos resalta
de la llanura sobre el verde manto
la ciudad de las tumbas y del llanto;
ya me acerco, ya piso
los callados umbrales de la muerte,
ya la modesta lápida diviso
del angélico ser que el alma llora;
ven, corazón, y vierte
tus lágrimas ahora!

II

Madre, aquí estoy: de mi destierro vengo
a darte con el alma el mudo abrazo
que no te pude dar en tu agonía;
a desahogar en tu glacial regazo
la pena aguda que en el pecho tengo
y a darte cuenta de la ausencia mía.
Madre, aquí estoy; en alas del destino
me alejé de tu lado una mañana,
en pos de la fortuna
que para ti soñé desde la cuna;
mas, ¡oh, suerte inhumana!
hoy vuelvo, fatigado peregrino,
y sólo traigo que ofrecerte pueda,
esta flor amarilla del camino
y este resto de llanto que me queda.
Bien recuerdo aquel día,
que el tiempo en mi memoria no ha borrado;
era de marzo una mañana fría
y cerraba los cielos el nublado.
Tú en el lecho aún estabas,
triste y enferma y sumergida en duelo,
que, con alma de madre, contemplabas
el hondo desconsuelo
de verme separar de tu regazo.
Llegó la hora despiadada y fiera,
y con el pecho herido
por dolor hasta entonces no sentido,
fui a darte, madre, mis postrer abrazo
y a recibir tu bendición postrera.
¡Quién entonces pensara
que aquella voz angélica en mi oído
nunca más resonara!
Tú, dulce madre, tú, cuando infelice,
dijiste al estrecharme contra el pecho:
«Tengo un presentimiento que me dice
que no he de verte más bajo este techo».
Con un supremo esfuerzo desliguéme
de los amantes lazos
que me formaban en redor tus brazos,
y fuera me lancé como quien teme
morir de sentimiento.
¡Oh, terrible momento!
Yo fuerte me juzgaba,
mas, cuando fuera me encontré y aislado,
el vértigo sentí del pajarillo
que en jaula criado,
se ve de pronto en la extensión perdido
de las etéreas salas,
sin saber dónde encontrará otro nido
ni a dónde, torpes, dirigir sus alas.
Desató el sollozar el nudo estrecho
que ahogaba el corazón en su quebranto
y se deshizo en llanto
la tempestad que me agitaba el pecho.
Después, la nave me llevó a los mares,
y llegamos al fin, un triste día
a una tierra muy lejos de la mía,
donde en vez de perfumes y cantares,
en vez de cielo y verdes palmas,
hallé nieblas y ábregos, y un frío
que helaba los espacios y las almas.
Mucho, madre, sufrí con pecho fuerte,
mas suavizaba el sufrimiento impío,
la esperanza de verte
un tiempo no lejano al lado mío.
¡Ah del mortal ciego
confía su ventura a la esperanza...!
La ley universal cumplióse luego,
y vi en el alma, presta,
la mía disiparse,
cual mira en lontananza
torcer el rumbo en dirección opuesta
el náufrago al bajel que vio acercarse.
Bien recuerdo aquel día
que el tiempo en mi memoria no ha borrado;
era de marzo otra mañana fría,
y los cielos cerraba otro nublado.
Triste, enfermo y sin calma,
en ti pensaba yo, cuando me dieron
la noticia fatal que hirió mi alma.
Lo sentí, decirlo no sabría...
Sólo sé que mis lágrimas corrieron
como corren ahora, madre mía.
Después, al mundo me lancé, agitado,
y atravesé océanos y torrentes,
y recorrí cien pueblos diferentes,
tenue vapor del huracán llevado,
alga sin rumbo que la mar flagela,
viento que pasa, pájaro que vuela.
Mucho, madre, he adquirido,
mucha experiencia y muchos desengaños,
y también he perdido
toda la fe de mis primeros años.
¡Feliz quien como tú ya en esta vida
no tiene que luchar contra la suerte
y puede reposar en la seguida
inalterable calma de la muerte;
sin ver ni padecer el mal eterno
que nos hiere doquier con saña cruda,
ni llevar en el pecho el frío interno
de la indomable duda!
¡Feliz quien como tú, con altiveza
reclinó para siempre la cabeza
sobre los lauros del deber cumplido;
cual la reclina, por la muerte herido,
tras el combate rudo,
risueño, el gladiador sobre su escudo!
Esa, madre, es tu gloria
y alta recompensa de tu historia,
que el premio sólo del deber sagrado
que impone el cristianismo
está en el hecho mismo
de haberlo practicado.
Madre, voy a partir; mas parto en calma
Y sin decirte adiós, que eternamente
me habrás de acompañar en esta vida.
Tú has muerto para el mundo indiferente,
mas nunca morirás, madre del alma,
para el hijo infeliz que no te olvida.
Y fuera el paso nuevo,
y desde su alto y celestial palacio,
su brillo siempre nuevo
derrama el sol por el cerúleo espacio...
Ya lejos de los túmulos me encuentro,
ya me retiro, solitario y triste;
mas, ¡ay! ¿a dónde voy? ¡si no existe
de hogar y madre el venturoso centro!...
¡A dónde? ¡A la corriente de la vida,
a luchar con las ondas brazo a brazo
hasta caer en su mortal regazo
con el alma en paz y con la frente erguida!

¡¡¡Volvió, Volvió, Volvió a la patria que usted construyo!!!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!


 

*Abogado,Activista por los Derechos Humanos,Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiter@s Socialistas (RENTSOC). http:// juanmartorano.blogspot. com / http://juanmartorano. wordpr ess.com/ .jmartoranoster@ gmai l.com , j_martorano@hotmail. com ,juan_ martoranocastillo@yahoo. com. ar . @juanmartorano (Cuenta en Tuiter).



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Juan Martorano

Abogado, Activista por los Derechos Humanos, Militante Revolucionario y de la Red Nacional de Tuiter@s Socialistas (RENTSOC).

 jmartoranoster@gmail.com      @juanmartorano

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