La guerra silenciosa

No esta en la naturaleza del ser humano en este estadio de su desarrollo civilizatorio sino, en el carácter intrínsicamente opresivo, explotador y expansivo de las Sociedades de Clase, el uso de la lógica de la violencia para resolver sus contradictorias internas, garantizar su persistencia como modo de producción dominante y su expansión incontrolable más allá de su espacios fronterizos y, este comportamiento es aún más confirmado en la etapa globalizadora de la fase imperialista del último período de la dominación de la Sociedad de los Propietarios - en el cual nos encontramos hoy - porque, además de que su sobreproducción económica incontrolable obliga a la penetración y conquista de nuevos mercados, para lo cual requiere el ejercicio de la amenaza y el uso de la fuerza militar contra los Estados de economía periférica – especialmente de aquellos ricos en energías y minerales estratégicos - , es inevitable el enfrentamiento económico, político y militar con potencias capitalistas o no, que rivalizan por el control de mercados y materias primas, a quienes ya no se les puede superar con calidades ni precios ni con avances ni dominios exclusivos de nuevas tecnologías.

Pudiera ser una exageración derivada de un ejercicio de futurología o de predicciones de laboratorios de estudios estratégicos de las grandes potencias o de institutos internacionales dedicados al estudio de tales escenarios internacionales, pero cada vez es más común conocer la informaciones provenientes de tales lugares de que la Humanidad se encuentra en un estadio previo a un conflicto armado internacional de consecuencias impredecibles, en donde la misma sobrevivencia de la Humanidad y su hermoso planeta azul está en peligro de extinción, dado el carácter histórico de ésta conflagración, que no divide al mundo, como en el siglo XX, entre el Capitalismo y el Socialismo, sino que abarca diversas contradicciones que, además de confirmar esa confrontación sistémica, incorpora nuevos elementos resurgidos de los cambios que se viene operando en el mundo, como el renacimiento de la legendaria cultura islámica frente al mundo judeo-cristiano colonialista dominante en los últimos 300 años, la afirmación de las antiguas culturas orientales en los pueblos de China, Japón, India, Coreas y el sur y el sudeste de Asia y, la reivindicación étnico-nacional de los pueblos y naciones de Africa, América Latina y el Caribe; además de la lucha por el control de las energías y los materiales estratégicos y los mercados; todo lo cual hace imposible una solución de la actual conflictividad mundial porque para ello sería necesaria la renuncia imperialista a su hegemonía guerrerista y la construcción de un nuevo consenso mundial que recoja y respete los intereses de la nuevas pluralidades presentes en la actual realidad del planeta Tierra y su martirizada Humanidad, lo cual, es evidente, no es posible.

Una de los escenarios de mayor acelerado desarrollo de éste escenario holocáustico pero de menor visibilidad lo constituye la guerra electrónica que nació como parte de la tecnología de disparo, dirección y detonación de armas misilísticas de destrucción masiva, se extendió con el desarrollo de la tecnología para la navegación y exploración del espacio, se profundizó con la investigación, producción y funcionamiento de los satélites artificiales y se ha venido perfeccionando con la utilización de la computación y la navegación ciberespacial a través de la Internet; al construirse verdaderos ejércitos de ordenadores en capacidad de proteger todo el sistema informático de un país de todo tipo de ataque electrónico invasivo o destructivo, tanto dirigido a la estructura militar clásica, propiamente dicha, o al sistema económico, financiero, y de servicios esenciales de un país, pero además; también incorpora un arsenal de posibilidades formidables de ataque y destrucción de potenciales o probables enemigos que amenazan o pudieran amenazar la seguridad y dominio de determinadas potencias en el espacio terrenal, con cualidades absolutamente distintas a todas las existente en la historia bélica del planeta: es silenciosa, invisibilizada, de mandos desconocido, de ubicaciones subterráneas y espaciales y carentes de los esforzados entrenamientos físicos de sus soldados ni de alardes tecnológicos en los desfiles de celebraciones patrióticas pero, extremadamente efectivas a la hora de producir los resultados que le han sido establecidos por la estructura superior del Poder de los Estados.

La Guerra Silenciosa es la Guerra del Siglo XXI, nacida de la convicción de que la guerra nuclear que aún aterroriza a la Humanidad, es cada vez menos posible y, en cualquier caso, no es ganable por ninguno de sus participantes, dado el grado de destrucción humana, material y cultural que ella produciría en todo el globo terráqueo, por lo que, para sus diseñadores y estrategas, de lo que ahora se trata, como lo definieran hace 30 años la triada imperialista constituida Reagan, Kissinger y Brezinsky, en su “Guerra de las Galaxias” y su bomba de electrón “Solo Mata Gente”, no es de acabar con la Humanidad y sus bienes materiales, sino vencer a los enemigos, destruyendo sus capacidades humanas y militares esenciales de su defensa, pero preservando para el vencedor el dominio de sus recursos económicos y la explotación de aquella parte sobreviviente de su población que serviría para iniciar un nuevo ciclo histórico a favor de la potencia vencedora.

Todo el aparato militar industrial y financiero de los Estados Unidos de América esta concentrado en ésta tarea histórica que, supuestamente, garantizaría la preservación de su hegemonía sobre la Humanidad y su planeta Tierra y, en respuesta a tan colosal proyecto científico y militar, otras grandes y medianas potencias actuantes en el escenario internacional, desarrollan sus propios medios de defensa y ataque electrónico preparándose para un escenario de guerra que, por primera vez en la historia, si tendrá el correcto calificativo de mundial, por cuanto su desarrollo no dejará espacio que no se involucre y la neutralidad no será posible ni aceptable ni mucho menos respetada, porque no solo serán soldados, tanques y artillería lo que estarán en el campo de batalla sino drones y misiles autodirigidos, rayos gamma y betas disparados desde el espacio sideral y emisiones electrónicas que desde los satélites plataformas aáreas de comando y control y los bunker de guerra electrónicas, que atacaran de manera masiva e ininterrumpida, todos los espacios esenciales de los enemigos con el fin de paralizarlos y/o destruirlos, en donde el ruido de la artillería, los bombardeos y la fusilería tradicionales serán substancialmente inferior a las capacidades de armas convencionales existentes en los depósitos militares de los contendientes.

Lo peor es que, ésta Guerra Silenciosa ya se ha iniciado!. Estados Unidos y la OTAN, China, Rusia, Irán y el ente sionista israelí y otras potencias medias, ya han dado muestra de su potencial defensivo-ofensivo en el uso del arma electrónica y construyen su infranqueable ‘Línea Magninon”, en el espacio y a lo largo y ancho de sus territorios y el de sus Estados aliados, y se ha probado las artillerías electrónicas en ataques de baja intensidad a objetivos científicos y económicos con efectos limitados pero, confirmatorios de que, la única posibilidad de vencer en ésta Guerra de Quinta Generación es neutralizando todas las capacidades de respuesta del enemigo y obligándolos luego a pactar o rendirse ante la amenaza de un ataque convencional holocáusticos concentrado en su geografía y preservando sus recursos humanos y económicos para la potencia vencedora


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Yoel Pérez Marcano


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