En defensa de Earle Herrera y de Ella támbien

Leí al profesor Earle Herrera y leí a la dama del artículo en cuestión.

La opinión de Earle o de quien sea, priva ante lo que pueda o no parecernos. Es el mismo derecho en libertad que ejerce la autora del artículo “Chávez Traidor”. Eso en primer lugar. Las líneas de Earle Herrera –a mi parecer- solo muestran su inconformidad por lo que él cree es un acto de injusticia para con el comandante, después de que este se ha jugado el pellejo como nadie lo había hecho; ni la autora, ni Earle, ni yo. Solo uno que otro Juan Bimba y que muchas terminan con el titulo post morten de “Héroes Anónimos” si acaso.

No es necesario decir o pareciera que sí lo es, que tan importante como las palabras, son la intencionalidad (de sana crítica en este caso), la direccionalidad ( siempre necesaria) que se persigue a través de las mismas ante una posible duda, desvío , etc en momentos de tantas, contradicciones, incomprensiones y por supuesto, de invenciones.

Si bien la dama ejerce su derecho de opinar lo que mejor le parece hasta el punto de remontar en un derecho a réplica que no ofendió al comandante, necesario sería recordarle que aún se dice aquello de: “Tan solo la duda ofende” y dudar de Hugo Chavez es la ofensa que Earle sintió, que yo siento y que todos sienten. Eso, como revolucionaria, debería saberlo.

Permitir o no permitir, porque yo me si me he sudado el que les conté en los barrios y tu no. Mayor exceso de arrogancia imposible. Aquí mi querida señora, todos nos hemos sudado bien ese paltó. Cada uno en su momento, en su dimensión y a su manera (todos los honestos aclaro). Que usted se lo haya sudado más que Earle, perdóneme pero en realidad lo dudo mucho; pues el hecho de que ahora este sea diputado y moderador de T.V no quiere decir que siempre lo ha sido, y que no sabe lo que es una arepa de chicharrón. Eso raya no solo en lo desconsiderado sino en lo infantil.

En todo caso, la revolución y el líder revolucionario no merecen (también es desconsiderado) que el desprestigio venga de sus hijos. ¿Qué somos falibles? Lo somos, y como no serlo si somos humanos, incluso Hugo Chávez. Earle lo es, yo lo soy y la mala noticia es que Usted también lo es.

Amiga, familiares y parientes míos derramaron su sangre (pero estos si que fueron desollados como conejos) por este proceso revolucionario que agradezco usted comparta y crea en el.

Yo también he sudado mucho desde niño créame (a lo mejor no mas que muchas otras personas), pero con todo lo que he luchado, no podría desdecir de los meritos que usted o Earle pudieran tener a la hora de ejercer el revolucionario derecho de opinar en bien del proceso. Eso es una cosa, pero lo que yo, ni usted, ni Earle podemos permitir es hacerlo para perjudicar al mismo. Emitir juicios de valor que hagan de la unidad revolucionaria una confrontación, nunca. Usted esgrime que la única ofensa sería el titulo de su artículo. Pues en eso si acertó.

Como buen profesor, Earle sabe y sé que usted también, que el titulo de cualquier obra, trabajo, tesis, ensayo o de lo que sea dicho mucho, tal vez demasiado. El titulo –de un artículo en este caso- tiene su peso específico, no es una simple cosa, capricho o antojo; o al menos no debería serlo. Todos sabemos que hay intelectuales que duran meses en dar con el título adecuado de sus obras por conocer la importancia que estos tienen. Me imagino debe saber, que en las buenas universidades los buenos profesores aprueban o no un trabajo tan solo por el título del mismo. Imagínese usted. Y créame, tan solo el titulo “Chavez traidor” no solo es desconsiderado, injusto, inapropiado, sino que ya hizo su “trabajo” es decir, causó el efecto que nunca debió causar. O en otras palabras “Ya entró en la psiquis, ya el mal está hecho”.

¿Sabía usted que yo también me he molestado con Chavez? Y no una sino varias veces por decisiones en las cuales no he estado de acuerdo. Soy de Maracay, tan solo eso debería decirle mucho. Lo importante aquí es que aunque no nos guste, tenemos que aceptar (por el bien de la revolución que estamos construyendo) decisiones que muchas veces no comprendemos. ¿O es que usted cree que yo quería a Didalco? ¿O a Humberto Prieto? Y no por eso se me ocurre llamar al presidente, aunque sea en un titulo “Traidor”.El tiene responsabilidad y lo sé, ¿Quién le levantó la mano a los dos pues?

Pero el también lo sabe, y seguro estoy que está consciente (como muchas veces lo ha manifestado) de su equivocación y desacierto.

Usted cree que yo estuve de acuerdo con las fulanas amnistías a los golpistas de Abril? Pues tampoco.

Si tomar decisiones en nuestra casa con nuestros hijos es difícil. ¿Cómo será a nivel de un país? Imposible complacerla a usted y a mí al mismo tiempo.

Estimada amiga, estimado profesor disculpen mi atrevimiento pero la motivación, el espíritu de mi intervención trasciende la esterilidad de una discusión por bravuconerías de revolucionarios en trance. Aquí nadie puede estar en trance. La madurez revolucionaria no se dice, se demuestra y a veces hay que demostrarla TRAGANDO ARENA.

Y usted se preguntará: ¿Pero bueno, y como es que usted dice que me está defendiendo? Pues si, aunque no lo parezca, no solo le estoy defendiendo de su propia inconformidad. La estoy defendiendo también del posible error de caer en las tinieblas de la desilusión cuando es el momento de estar más ilusionados que nunca. Quiero entender que usted (al igual que tanto camarada) es víctima del desespero porque las cosas salgan perfectas. Y perfecto -siempre creemos- es a nuestra manera.

Le ruego no vea en mis palabras descalificación ni ofensa, solo es que la injusticia no va conmigo. Además, la belleza de una mujer revolucionaria como usted, no está acorde con los términos emitidos.

Y usted amigo Earle, siga adelante con la sana crítica. Es necesaria.

Atte.


Jcar2021@gmail.com

TW: @jeca_65


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Jorge Carles Acosta


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