Los empresarios también son empleados de ese gran patrono

El Estado es el Gran Empleador

Buena parte, por no decir la totalidad de los estimados ciudadanos extranjeros radicados en Venezuela, llegaron a estas tierras y conviven aquí con los nacionales naturales porque el Estado desde hace muchas décadas, unos antes y otros después, les permitió con mucho gusto que vinieran aquí, que trabajaran aquí, aun a riesgo de traducirse su estancia aquí en desempleo de los nacionales, y hasta paradójicamente dedicarse a funciones como empleadores de dichos nacionales con toda la carga jerárquica clasista que eso lleva consigo.

Coyunturalmente, hoy por hoy, es oportuno señalar que está resultando una gran irrespeto ante todos los nacionales y, particularmente, ente el principal y Gran Empleador, el lamentable hecho de que muchos de estos empleadores de “segundo orden” estén descarada y abiertamente opuestos al proyecto nacional que está emprendiendo e implementando con mucho acierto el Estado administrado y gerenciado por el referido aspirante a su segunda Reelección.

Sabemos que muchos de estos honorables “empleados del Estado” que se hallan en funciones empleadores mercantiles lo hacen en razón de sus mezquinos intereses burgueses-que hasta ahora el Estado se los ha respetado-pero que no por eso deben seguir actuando como si este Estado de hoy en día fuera el mismo que regulaba la conducta política de una población política partida en dos pedazos: adecos y copeyanos, porque para esa Venezuela de la 4ta. República, hoy demodé, resultaba indiferente el irrespeto estatal y antinacional que realizaban quienes se cuadraban con cualesquiera de esas dos corrientes políticas.

En esa ocasión, resultó viable y hasta pasó inadvertido para la mayoría de los nacionales y gobernantes que unos empresarios extranjeros se cuadranaran con todo derecho y libertad con uno u otros de los partidos que controlaron el mercado nacional durante los primeros 40 años de este último medio siglo.

Hoy, el Estado venezolano tiene un proyecto socialista que está diferenciándose parcialmente del modelo burgués y convencional, y por esa razón, por su condición de Gran Empleador, como país, sus ministros, gobernadores, alcaldes, directores ministeriales y los empresarios privados de pequeñas, medianas o grandes empresas deben todos respetar a ese Gran Empleador aunque sólo sea por decencia y agradecimiento hacia del Estado venezolano que ha cobijado a quienes con su permanencia inmigratoria aquí han colaborado enormemente con las economías de sus países de origen, y que así como los escuálidos de hoy despotrican de los ciudadanos cubanos importados durante esta última década, asimismo el Estado podría, entonces, declara personas no gratas a los empresarios nacionales y extranjeros descaradamente ubicados y convertidos en financistas de una contrarrevolución que siempre será abortada, pero que están siendo usados por gente inescrupulosa que los martilla o matraquea con la engañifa o lábil esperanza de que el Presidente Chávez podría ser derrotado como aspirante a su segunda Reelección Presidencial.

Ya el trillado cuento chino de que los empresarios privados son la porción civil más importante de cualquier sociedad está obsoleto porque cada día vemos con más claridad que los verdaderos entes ejecutivos y creadores de toda la riqueza nacional no son los comerciantes, ni los fabricantes ni los financistas, sino los empleados tanto del Gran Empleador que es el Estado, como de los empresarios de segundo orden o empresarios privados, habida cuenta de que quienes fabrican, quienes comercian y quienes operan con dinero ajeno son los trabajadores.

Es caso es que la realidad de nuestras inmigraciones desde la 2da. Guerra Mundial nos indica que en su mayoría, tales estimados e industriosos extranjeros se han nacionalizado y convertido en empleadores o empresarios en lugar de empleados de otros empleadores nacionales o del Estado mismo, a pesar de que la mayoría de ellos sólo se han ido convirtiendo en empresarios o empleadores de segundo grado, porque el Empleador de Primer orden es el Estado venezolano, no solo como empleador burocrático, sino porque todos los ciudadanos de cualquier país son asimilables a empleados de esa magna empresa que es el Estado en sí mismo, y en particular, para nuestros respetables extranjeros, empleados del país que los alberga, donde viven, donde trabajan y donde procrean su descendencia.

Todos ellos, aunque sólo fuera por mera prudencia y agradecimiento, deberían mantener una postura respetuosa, si no neutral, con las autoridades de turno, al margen de sus simpatías políticas forjadas durante su permanencia aquí. Sin embargo, el solo hecho de haberse convertido en empresarios o empleadores de segundo orden (de primer orden es el Estado tanto por empleador de la burocracia como de los inmigrantes, por su condición de país que los albergó, los recibió y les ha brindado todos los mismos derechos que les pertenece en primer lugar a los nacionales.

A ese respetable puñado de empleadores se les ha ido sembrando una antiobreril conciencia que aplican hasta con los trabajadores nacionales a su servicio, y trabajadores que, contradictoriamente, se han venido cuadrando con esos patronos irrespetuosos, y hasta lo hacen declaradamente y sin ocultarlo, digamos que en el caso presente se hallan apelotonados en la acera de la derecha antipopular. Una postura que se las imprime su propia naturaleza de comerciantes o fabricantes de pequeña o mediana envergadura.

Ahora bien, el meollo de este asunto es que muchos venezolanos, los empleadores de “segundo grado”, en sus fábricas, pequeñas, medianas o transnacionales, en sus comercios de variopintos giros y ramos mercantiles en los bancos y con ese mismo Estado, han estado contribuyendo con las dificultades sociales y económicas del país natal de cada tipo de extranjeros de toda esa gama de nacionalidades que aquí han sido bien acogidas. Les aconsejamos revisar sus posturas sociales porque no se están ganado la buena voluntad de la mayoría de un pueblo que ya ha está harta de tanta explotación exogenaria de los grandes capitalistas y terratenientes para también seguir soportando a quienes infatuada y desagradecidamente ahora viendo alzándose sobre el ex marginado venezolano con su única credencial que son los 4 reales que poseen como capital transitorio, habida cuenta que tan pronto el gran capital necesite desparecerlos, lo hará sin que se les agüe el ojo. Los capitalistas entre sí no son amigos de nadie, son rivales por naturaleza propia; el capital pasa y sólo quedan las buenas relaciones humanas que hayamos alimentado.

marmac@cantv.net


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Manuel C. Martínez M.


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