¿Pueden todos estudiar en las universidades? (II)



Una opinión escrita recientemente por mí: “la educación superior, por su complejidad y su finalidad, no está al alcance de todo el mundo”, (SUMMA, p 25, junio 2005 y Aporrea), desató la crítica del compatriota Julio Mosquera, a quien ya le contesté parte de sus alegatos. De otras cosas dichas por Mosquera me ocupo en esta ocasión. Así, Mosquera dice que cree haber leído que yo defendía la prueba de aptitud académica (PAA) como no discriminatoria. Más adelante dice que “un error de Fuenmayor es asumir que la PAA y las pruebas internas no son discriminatorias”. Fíjense el sesgo de la argumentación: Al principio dice “creo haber leído”, o sea que no sabe si lo leyó o no. Inmediatamente, da por cierta la duda y, además, me adjudica una opinión contraria a la que he venido manteniendo en relación con las pruebas internas. Así es muy difícil discutir, pues no se hace en torno de la verdad.

Toda prueba discrimina. Discriminan los exámenes del bachillerato y los de los cursos universitarios. Unos estudiantes aprueban y otros no, unos obtienen altas y otros bajas puntuaciones. Para eso son las pruebas. Pero una cosa es que discriminen por el conocimiento que se posea, por la vocación que se tenga (pruebas de exploración vocacional) o por la inteligencia de que se esté dotado (pruebas de cuociente intelectual), a que las pruebas discriminen por la clase social a la que se pertenezca, por el tipo de colegio, privado a público, de donde se provenga o por la región geográfica de la cual se proceda. Son discriminaciones distintas. La primera es la deseable, la segunda es perversa.
La PAA discrimina en el desempeño en dos aptitudes: comprensión lectora y razonamiento matemático, que son los ítems más utilizados y mejor conocidos en el mundo, pero el índice académico calculado luego tiene sólo 40 por ciento del desempeño en la prueba y 60 por ciento del promedio de notas de bachillerato, corregido por región del país y por tipo de colegio de proveniencia, de manera de acercarse lo más posible a una comparación por pares. Esa prueba, así administrada por nosotros, muy distinto de lo que se hacía en el pasado, demostró no discriminar por género, ni por colegio de proveniencia, ni por región de procedencia y redujo en forma muy importante la discriminación por clase social en detrimento de los niveles bajos. Espero que se sigan los estudios para eliminar lo que aún queda de discriminación por nivel socioeconómico.

Las pruebas internas, en cambio, al realizarse en la sede principal de la universidad, discriminan al pobre que vive lejos y que por supuesto estudia en colegio público, quien no puede viajar a inscribirse, primero, y presentar, después, porque no tiene para el transporte, la comida, el alojamiento y el costo de la prueba. No viaja y se autoexcluye. Por ello, he venido sosteniendo, con 7 publicaciones de respaldo, que los mecanismos internos deben ser eliminados y suplantados por un único mecanismo nacional, que no discrimine por razones no académicas. Ésa ha sido mi posición. Está publicada en muchos sitios. Por eso me es difícil creer que el señor Mosquera no lo supiera y me adjudique una opinión que es contraria a la tenida. Si lo sabía y lo hizo, me ha calumniado. Si no lo sabía, debe ser más cuidadoso en sus aseveraciones y leer un poco más.


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Luis Fuenmayor Toro


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