¿Una persona que gana 900 millones puede estar en sintonía conmigo?

Promesas de amor




La sociedad tal y como la conocemos es la sociedad de la promesa, del juramento vago de amor, el sistema te jura que alguna vez, si te portas bien y sigues los pasos que la sociedad impone, vas a ser exitoso, tendrás tu casa, tu perro, tus hijos y tu amante. Muchas son las personas que cada año se enfrascan en seguir con cuidado el camino para acceder a ese mundo de lindas promesas, para tener derecho a ser más que los otros. Te ganas así tu pedazo de paraíso, nadie podrá acusarte de nada porque te lo has ganado con esfuerzo. Para eso estudiaste, para eso hiciste un postgrado, para eso trabajaste durante años... ¿para eso? ¿para sentirte superior y aislarte? ¿para dormir tranquilo sabiendo que eres pieza de una sociedad injusta?



Acabo de leer un resumen de los sueldos de los ejecutivos de Pdvsa que tomaron las acciones para someternos a un paro petrolero, ellos decidieron que el gobierno era tan terrible que bien valía la pena poner en peligro todo el sistema económico nacional sí con ello podían ayudar a la renuncia del presidente.


Edgar Paredes 837 millones, Luis Andrés Rojas 688 millones, Vincenzo Paglione, 979 millones, Karl Mazeika 990 millones, Raúl Alemán 687 millones, Horacio Medina 320 millones. Estos son los paquetes anuales de las personas que deciden que la panadería de la esquina se quede sin leche, que tengamos que hacer cola para poner gasolina. Y yo me pregunto: ¿una persona con ese nivel de vida puede estar en sintonía conmigo? ¿O puede estar en sintonía con el 80% de venezolanos pobres? ¿Estos señores pueden decidir el sacrificio colectivo? ¿Con qué argumento?

En otras instancias me hubiese parecido vulgar hablar de los sueldos de otras personas, las viejas estructuras mentales me habrían emboscado la rabia con el asunto ese de que el sueldo no importa si eres lo suficientemente productivo para merecerlo, mentira, esa es la sociedad de la promesa, no podemos darnos el lujo de justificar cosas como estas por la simple promesa vaga de que si nos portamos bien seremos como ellos, mentira, la sociedad no aguanta esa desigualdad... mil veces más productivo es un maestro de primaria, mil veces más productivo es un obrero.

Hay señales de una nueva sociedad, a lo mejor no llegamos a conocerla, a lo mejor fracasamos (tenemos derecho a fracasar) pero allí vamos. En esa nueva sociedad tendremos que disolver a la Venezuela de las promesas de amor, un país donde las niñas sueñan con ser reinas de belleza, donde los pobres sueñan con ser deportistas de fama y donde estudiantes sueñan con ser ejecutivos de Pdvsa.

José Antonio Varela.



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