Fractura en el “Chavismo”

Son evidentes las contradicciones presentes entre las organizaciones políticas y sociales que apoyan el gobierno “bolivariano”. Son diferendos que apuntan hacia la división del movimiento de cambio y a la aparición de una nueva fuerza política de la izquierda en el escenario nacional. En circunstancias normales eso sería positivo, pues tendería a resolver el desequilibrio del sistema político generado por la minimización de la oposición de la derecha como resultado de sus fatales errores. Pero la coyuntura no es normal. No sólo el régimen, sino el Estado en su conjunto – y se podría ir aun más lejos incluyendo el destino de la Comunidad de Naciones Sudamericanas - están amenazados por la hiperpotencia estadounidense y sus afanes de hegemonía mundial. Por ello tal tendencia representa un verdadero peligro para las fuerzas de cambio. Ella no es nada nuevo. No fue fácil armonizar el conjunto de partidos y las fuerzas sociales que independientemente o asociadas en el MVR, configuraron el Polo Patriótico triunfante en 1998. Y no es que ella reaparece hoy como consecuencia de la nueva realidad política. Ha estado presente a lo largo de los últimos 5 años. Sólo que el peligro concreto de una derecha agresiva globalizada mantuvo la unidad del conjunto, dándole coherencia a la acción estratégica que eliminó el peligro inmediato de una captura de las instituciones de gobierno por las fuerzas conservadoras.

Pero ahora el problema no es ese. Ahora la cuestión esta relacionada con la efectividad del gobierno para fortalecer el Estado frente a una amenaza que es externa y no se siente directamente sobre las calles de nuestras ciudades. Una eficacia que esta lejos de alcanzarse, entre otras razones, por ese fraccionalismo, que a través de la intriga, impide el ejercicio del gobierno a los distintos niveles. Y el efecto inmediato de esta situación es la apatía de la población traducida en abstención. Un fenómeno tan grave como una derrota electoral. Ella aquí no sólo significa indiferencia frente al sistema político. Se traduce en resistencia al orden. Una vulnerabilidad que será inmediatamente apreciada y utilizada por nuestros adversarios externos, usando las ventajas que proporciona la considerable asimetría presente entre los contendientes. Es un cuadro grave. Y lo es más porque el liderazgo no lo enfrenta. Se ha desarrollado en este una arrogancia alarmante que menosprecia los aliados, apoyada en su poder de convocatoria. Una capacidad que es profundamente aleatoria, especialmente en una realidad nacional e internacional signada por la incertidumbre. En ese ambiente, los escenarios futuros no son predecibles, luego no es segura la ruta del proceso de cambio en el cual estamos comprometidos, no únicamente muchos venezolanos, sino esa amplia red mundial de grupos y personas que constituyen el poder difuso que actualmente se enfrenta al poder concentrado en la dirigencia de los actores transnacionales que tutoran la Casa Blanca.


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Alberto Müller Rojas


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