A propósito del día internacional de la Mujer

La violencia doméstica contra las mujeres

Y aunque a veces nos aturden todo el día,

son valientes y no merecen un cobarde.

Soy un hombre y me duelen sus heridas,

nunca olvido aquel consejo de mi padre.

Pégale a la pared, pégale a la pared,

pero nunca a una mujer.

(Reily, cantante mexicano).

Si bien hemos sido testigos durante los últimos años de ciertos avances en lo relativo a los derechos de la mujer, particularmente en el Mundo Occidental, es indudable que el machismo sigue marcando la pauta y relegando a las féminas a un plano inmerecido, más allá de que algunas damas hayan alcanzado cargos tan altos como la presidencia de ciertos países. En este contexto es pertinente hacer referencia a la violencia doméstica física contra el mal llamado sexo débil, fenómeno vergonzoso muy común incluso en sociedades autocalificadas como progresistas y libertarias. Tal violencia es uno de los mecanismos mediante el cual se perpetúa el control histórico del hombre sobre la mujer en los distintos ámbitos; de esta manera el sexo “fuerte” lucha por mantener el rol de dominador social, prevaleciente en gran parte del planeta desde los albores de la humanidad.

Aunque la violencia doméstica, definida como la agresión física, psicológica o sexual  en el seno de un hogar, puede ser ejecutada por cualquiera de los miembros que componen dicho hogar, en la gran mayoría de los casos se origina en el ataque del hombre a su cónyuge o a su concubina, quien se apoya parcialmente en una falsa superioridad derivada de aspectos como: una contextura corporal más voluminosa; una mejor posición socioeconómica en algunos casos; la complicidad del Statu Quo capitalista-machista; otros. Para desgracia del mundo “civilizado”, la violencia física de numerosos hombres (si es que se les puede llamar así) contra sus parejas es algo más frecuente de lo que muchos creen. Este es el caso del continente americano, desde Canadá hasta Chile, donde cientos de miles de mujeres son agredidas por sus compañeros íntimos año tras año, siendo particularmente afectadas las damas en condiciones de minusvalía económica y educativa. ¿Quién no ha escuchado en su entorno inmediato el llanto de al menos una mujer que recibe sendas palizas de su “hombre”?. ¿Cuántos hombres no se jactan públicamente de su dominio en el hogar, y de que sus parejas deben obedecerles so pena de ser castigadas brutalmente? Es tan grave este fenómeno en regiones como América Latina, que algunos investigadores sugieren que mucho más del 50% de las mujeres ha sufrido la violencia de género en los últimos años. Si bien algunos números parecen exagerados (incluyendo la violencia psicológica), describen a la perfección la magnitud de tan nefasto mal que azota a naciones en las que irónicamente se hace referencia continua a la democracia, a la libertad y a los derechos humanos:

“Nueve de cada diez mujeres en América Latina han sufrido de algún tipo de violencia física o sicológica", dijo a la AFP el hondureño Daniel Molina, asesor en prevención de la violencia de PLAN, una ONG que opera en 68 países y colabora con Naciones Unidas. Según Molina, la violencia de género tiene varias causas y se debe principalmente a raíces culturales que "legitiman y establecen un dominio predominante del hombre sobre las mujeres que se perpetúa entre generaciones". Según ONU Mujeres, la violencia de género se ha convertido en la principal causa de muerte en el mundo entre las mujeres de 15 a 45 años (…)” (“ONG: 90% de las mujeres en América Latina han sufrido violencia”,  http://www.google.com/hostednews/afp/article/ALeq).

¿Y donde están las instituciones u organismos encargados de defender los derechos de las mujeres en América Latina?. Prácticamente pintadas en la pared a juzgar por la magnitud del problema; a lo sumo se limitan a recibir miles y miles de denuncias y a “procesarlas” siguiendo los canales regulares, y sólo en algunos casos se hace justicia. En realidad esta institucionalidad forma parte de todo un entramado burocrático estatal que sirve de sostén a los intereses de las minorías adineradas, compuestas en su mayor parte por hombres, y que por supuesto no busca resolver la situación lamentable en la que se encuentran los oprimidos, entre los que naturalmente se incluyen numerosas mujeres. Incluso en países que han sido gobernados por damas, como Argentina, Brasil y Chile, la situación de las mujeres no ha sido muy diferente de aquellas naciones tradicionalmente lideradas por hombres.

Para finalizar este breve escrito, recomiendo a todos aquellos cobardes y brutos que han agredido a su pareja, y a quienes han estado a punto de hacerlo, que entiendan de una buena vez que la mujer ya no puede ser considerada como una simple ama de casa sumisa. Y a las damas que son agredidas físicamente, sugiero que tomen medidas drásticas para cortar de raíz la violencia en su hogar, a costa incluso de la integridad familiar. Nada justifica que un ser que derrocha amor y sacrificio tenga que sufrir por culpa de individuos inmorales y retrógrados y de una sociedad cómplice.

ruhergeohist@yahoo.com



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Rubén Alexis Hernández A.

Licenciado en Historia, Magíster en Historia de Venezuela. Antiimperialista, izquierdista y ateo

 ruhergeohist@yahoo.com

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