El destino de Chávez

A lo largo de la Avenida 5 de julio, empatando con el boulevar del mismo nombre, en Barcelona, opositores conocidos y desconocidos, celebran, unos menos comedidos que otros, “la inevitable” muerte de Chávez.

 Es su “cristiana y humana” aspiración para derrotar al comandante y lo que representa. El odio sustituye la política, interés bastardo a ideales.

 Pasan por alto, por ilusos y poco soñadores, que aún cuando se les den sus macabras predicciones, ya no es posible que el “arañero de Sabaneta” muera y menos su descomunal obra .

 Por supuesto, uno sabe bien que el “zambo de la verruga” sobre la frente de cerebro portentoso, volverá; no como Ave Fénix, que resurgió de sus cenizas, sino cual gigante portentoso, el Bolívar de Tomás Antonio Potentini, que “cuando creyeron cansado su brazo”, se alzó de las tierras bajas del Orinoco, a lo alto del Chimborazo a regarle y apagar su fuego.

 “Cuando creyeron quizás

 que se cansaba su brazo,

  hizo en la América un trazo

 y volando casi loco

 con aguas del Orinoco

 fue a regar el Chimborazo.”

 ¿Cómo puede morir un hombre que en la Venezuela capitalista, oferta exclusiva de la derecha, consumista, neoliberal y salvaje, dominada por ansia acumulativa, éxito personal y egoista, haya logrado que 52 por ciento de los ciudadanos apueste al socialismo?

 La derecha y el capital nacional e internacional por años impusieron ideología, sentimientos anticomunista y socialista irracionales, basados en viejos prejuicios que prevalecieron en todos los espacios; sobre todo en el ejército. Chávez destruyó aquello, pese la creencia generalizada que no podía hacerse en paz.

  ¿Puede morir un hombre de tal envergadura, talento y constancia? ¿Cómo concebir haya alguien, a quien uno cree humano y generoso, deseando que aquél muera?

 ¿Cómo matar a quién alcanzó la proeza de convencer a la mayoría de venezolanos de cambiar esta sociedad y hacer de cada uno de nosotros un ciudadano dispuesto a compartir, en actitud combativa por defender sus derechos y todo en paz?

 ¡No! No sucumbirá ahora ni nunca, porque la sola sensación de estar a punto de alcanzar la gloria, le da fuerza necesaria para vencer las mayores dificultades y, Chávez está hecho para salir airoso.

 ¡No! No morirá, porque el mal que ahora le afecta, no basta para derrumbar a un gigante con mucho por hacer todavía. Falta camino por andar.

 Es como Aquiles, el de los pies alados, volverá pronto, pisará la tierra, y ansias de justicia, con más intensidad, reinvadirán su estirpe.

damas.eligio@gmail.com



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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