Letra Desatada

Tesón magallanero

Desde el Titanic hasta el Costa Concordia italiano muchas naves se han hundido. Cuando esto escribo aún la nave magallanera, contra todo pronóstico incluyendo el mío, sigue a flote. Con una remontada espectacular, ganó 6 de los 7 últimos juegos y obligó a un juego extra ayer en el Universitario. Si todo salió bien, debíamos jugar anoche el último con La Guaira, ganarlo, y así enfrentar desde hoy en Maracay a los Tigres de Aragua, primer clasificado a la final de la temporada 2011-2012. Asistí a ese único juego que Magallanes perdió de los últimos siete, en la UCV. Les cuento.

Carlos, Mauricio y yo, dos magallaneros y una magallanera, llegamos el miércoles al estadio más que puntuales. Tiempo suficiente para aclimatarse, criticar las sillas, reconocer a los compañeros alrededor, decidir qué chucherías comer pero sin olvidar que estoy a dieta y que las cervezas me son prohibidas, admirar el Universitario en toda su inmensidad y su historia, recordar la época estudiantil cuando estar allí era una cotidianidad y extrañar cariñosamente a mi hermano Pedro, fanático de La Guaira. Fue él quien me enseñó a ir al estadio sólo a ver beisbol. Sin importar quien jugara. Y es que ir al estadio es una fiesta, pues. Se gane o se pierda. Pero esa noche había que ganar. Y no ganamos.

“Vamos, magallaneros, esta noche tenemos ganar”, cantaba una acoplada barra de medio centenar de valencianos y valencianas que se vinieron juntos a Caracas a apoyar a su equipo. Este cántico de fútbol traído del Sur, comparado con el cursilísimo “Y vivaaaa La Guaira” con música de Billo’s, me alegró más mi fanática existencia.

Pero siempre tuve poca fe en el desenlace de esa noche. Estuve todo el juego con un vacío encima del estómago, siempre presintiendo lo peor. Algo parecido a lo que siente por un despecho mal curado. Creo que mi mala vibra afectó al equipo. Los juegos de round robin anteriores hacían presagiar que la única forma de ganar era juntando una ventaja de 20 carreras para esperar a Machí sin sobresaltos.

Nos mantuvimos arriba en siete entradas, con cinco carreras a favor, que no fueron suficientes. Escribió Reinaldo Iturriza en su blog, que cada quien relate su alegría: “… La Guaira remontó el juego: hit del Cafecito, hit del novato del año, hit del más valioso, hit del campeón bate. Por fin. Ojalá fuera capaz de contar lo que se vivió en el estadio después del hit de Grégor Blanco, alma y corazón de ese equipo, para irnos arriba en el marcador. Pero no puedo. Me remito a la fórmula gastada: indescriptible.” Indescriptible también fue lo que sentimos nosotros. Con una diferencia de tres carreras abandonamos la nave. Ni Francesco Schentino, el capitán del crucero italiano, se comportó peor.

Pero a estas alturas, cuando el tesón del equipo forzó un juego extra, no importa si ganamos o perdemos. No importa nuestra fanática displicencia. La “esquizofrenia” que provoca el “todos contra todos” llegó ayer a su clímax. Y ahí estuvo la nave y demostró por qué ¡Magallanes se respeta!


mechacin@gmail.com
@mercedeschacin


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Mercedes Chacín


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