Siguiendo los pasos de Bolivia y Ecuador, Venezuela salió del CIADI

Rompiendo las cadenas de la dependencia

Muchas veces, sin malas intenciones, se confunde el término imperialismo con el término colonialismo. Si bien hay que aclarar que ambos sistemas mantienen como objetivo la sumisión de un país con respecto a otro, los mecanismos son diferentes. Podemos aproximarnos al tema afirmando que los viejos métodos del colonialismo se aplican también al modelo imperialista, eso es cierto; pero el imperialismo contiene formas específicas de avasallamiento a las soberanías nacionales.

Lenin bien explicaba, en su famoso texto El imperialismo, fase superior del capitalismo, que el imperialismo aparece históricamente cuando se produce la fusión del capital bancario con el capital industrial. Por eso denomina al imperialismo como fase superior del capitalismo. El imperialismo es una expresión propia del modo de producción capitalista que sigue vigente en la actualidad. Recurre, muchas veces a acciones militares, muy características del colonialismo, pero somete más por la economía, las finanzas y la cultura que por las armas –aunque siempre las armas están por detrás, como el guardaespaldas de un gánster–.

A propósito de esta caracterización del imperialismo, Lenin desarrolla la tesis de la división del mundo en países opresores y países oprimidos. La obligación de todo revolucionario, entonces, es luchar frontalmente contra el imperialismo –por ende, contra el capitalismo–. En los países oprimidos, la lucha por la independencia nacional pasa a un primer plano, entendiendo –quienes somos de izquierda–, que sólo transitando el camino del socialismo es que se alcanzará la verdadera independencia, ya que un proyecto de capitalismo autónomo tiene los límites propios que impone la reproducción del metabolismo del capital.

Ahora bien, si redujéramos el concepto de imperialismo –tal como suele verse en algunos análisis- a la prepotencia militar de los países capitalistas, entraríamos en confusión. El imperialismo norteamericano, por ejemplo, no es nada más que las bases militares, la CIA, la IV Flota, el complejo militar-industrial y los marines. El imperialismo es, fundamentalmente, el dominio económico y financiero de un país, que lo ejerce de tal manera que anula toda posibilidad de ejercicio de la soberanía. Venezuela, antes de la revolución bolivariana, era un país sin soberanía, una mera semicolonia.

Esos métodos sutiles a veces y otras veces no tan sutiles, que utiliza el imperialismo para someter a los países, incluyen la sumisión por parte de los países de la periferia a los organismos “internacionales”, entre otros, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Y, dentro del Banco Mundial está el Centro Internacional de Arreglo de las Diferencias sobre Inversiones, más conocido como CIADI.    

Pero ¿qué es en realidad el CIADI? Es un organismo para proteger el régimen de inversiones de las empresas transnacionales en el mundo. Nada más ni nada menos. Un instrumento del imperialismo para que las empresas multinacionales estén resguardadas ante la eventualidad de una nacionalización o expropiación del país donde ellas hacen “negocios”. Es una institución donde las empresas pueden demandar a los Estados, pero los Estados no pueden demandar a las empresas. El CIADI, y así lo dicen sus estatutos, emite veredictos que desconocen absolutamente las leyes y las jurisprudencias  nacionales, siendo sus laudos inapelables, de “punto final”.

Como bien lo señala Luis Britto García, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en su Artículo 151, dice: “En los contratos de interés público, si no fuere improcedente de acuerdo con la naturaleza de los mismos, se considerará incorporada, aun cuando no estuviere expresa, una cláusula según la cual las dudas y controversias que puedan suscitarse sobre dichos contratos y que no llegaren a ser resueltas amigablemente por las partes contratantes, serán decididas por los tribunales competentes de la República, de conformidad con sus leyes, sin que por ningún motivo ni causa puedan dar origen a reclamaciones extranjeras”. Sin embargo, por otras razones de carácter inconstitucional, como las leyes de Promoción y Protección de Inversiones y Tratados de Comercio, se han generado demandas del CIADI contra Venezuela que oscilan el monto aproximado a los 52 mil millones de dólares. Entre las principales demandantes figuran Exxon Mobil, Conoco Phillips, Crystallex, Gold Reserve, Cemex, Holcim, Vanessa Venture, Universal Compression y otras. Estas empresas son en su mayoría estadounidenses (7), canadienses (4), suizas (2), inglesa (1), holandesa (1), argentina –con sede en Luxemburgo– (1)…

Si consideramos que Venezuela tiene una población de 28 millones de habitantes, estas demandas implicarían que cada ciudadano y ciudadana del país tendrían que afrontar un compromiso económico con las empresas demandantes de aproximadamente 1800 dólares. Una familia tipo venezolana de 5 miembros, estaría comprometida –según la CIADI– a responder por 9 mil dólares. Es el equivalente a una sexta parte del PIB de Venezuela, tales son los montos de esta multimillonaria estafa que las empresas multinacionales querían imponer a Venezuela en concepto de indemnización por los “servicios prestados”.

Pero Venezuela es libre y soberana. Y en el camino para alcanzar la plena independencia (política, económica, cultural, tecnológica), ha tomado la resolución de salir del CIADI, rescatando la soberanía en materia jurídica y jurisdiccional, rompiendo con uno de los mecanismos que el imperialismo sostiene para seguir explotando pueblos y naciones.

Es necesario visibilizar al imperialismo en todas sus expresiones, ya que su presencia en la Venezuela de hoy sigue siendo, a través de diferentes métodos, una “Espada de Damocles” contra la revolución bolivariana. Como bien dijo el Comandante Chávez: “el objetivo supremo, que nadie lo dude, es la independencia. El camino: la revolución y el socialismo”.   

Esta resolución del gobierno revolucionario tiene que ser celebrada por el pueblo venezolano, como también debe advertirse que hay malos venezolanos que se ubican del lado de las empresas demandantes y apoyan al CIADI. A esos cipayos les llegará el turno de ser juzgados como verdaderos traidores a la Patria. Ya lo decía José de San Martín: “pero lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española: tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer...”.

fernandoramonbossi@hotmail.com



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Fernando Bossi

Historiador argentino. Co-Presidente de la Unión Bicentenaria de los Pueblos. Director de la Escuela de Formación Política Emancipación y del Portal ALBA alianzabolivariana.org

 fernando.bossi.rojas@gmail.com      @BossiRojas

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