Diciembre

Si hubiésemos echado a Rockefeller al cesto de los desechos

fuésemos develado al mundo como se hace millonario una basura

Por asumir inevitablemente un vil trabajo para poder sobrevivir perdí el mejor tiempo de indagar en qué lugar de la vida y de un país estaba su justificación,su simpleza como profundidad, y la alegría que correspondía por el mismo hecho de estar vivo en su ámbito. Hoy sólo espero la jubilación con su respectivo arreglo económico como si fuera la sala de espera,donde muere todo lo que no hice por vivir, y sobre todo vivir pensando y actuando contra todo el ultraje histórico a que fue sometida nuestra dignidad.

La decisión de aspirar vivir con lo mínimo, actitud que suponía conduciría a existir sin preocupaciones por cosas que no valían una genuina desesperación, me llenó de objetos, casi todos infuncionales y comprados o regalados en diciembre. Detalles materiales a los cuales le invertí sentimientos, dinero y tiempo para organizarles su lugar adecuado. Allí estuve atrapado en cuidarlos, prisionero de no poder viajar con libertad a coleccionar caminos, por temor a que alguien entrara en la casa y robara cruelmente mis preocupaciones.

Imbecilidad hacer de las cosas materiales una sujeción de la vida. Ridículos esclavos somos,cuando fuimos incapaces de no renunciar a nada de lo que nos estorbaba la calma ni tan sólo a lo que nos detenía, como un insoportable trabajo con fines de lucro

En algunas ocasiones me creí el tipo más inexistente en el mundo y por consecuencia el más sufrido. Haber usado este subterfugio, ser el más importante en esta miseria humana me salvo de morir a destiempo, aunque no de saber vivir

Cómo habría podido ser colectivo cuando los deberes económicos del hogar convencional eran legalmente más superiores que nuestras fuerzas dispersas, cuando la familia es la célula fundamental de una sociedad que está en guerra permanente contra todo lo que huela a revolución.

Tendremos que crear un código donde la sangre de la comuna también sea nuestra sangre para cuando sea necesaria la lucha poder llorar juntos o reír con todos, desde la cosechas hasta las batallas que tendremos que continuar haciendo por todo el coraje que se atreve a declarar un país libre para siempre de todo sello imperial.

Y todavía quedan muchos de aquellos que cuando le es inevitable llegar a la conclusión de que es justo luchar revolucionariamente por un mundo posible se toman un sedante y se distraen caminando por un centro comercial como si fuera el paraíso. Cuestionaría toda la existencia si es necesario para continuar aquí en esta lucha, renunciaría a todos los dogmas y a todos los atavíos que acceden a la luz del paraíso. No quiero ser ciudadano del reino que está en otro mundo mientras imperialmente roban el nuestro.

carlosanguloo@hotmail.com 



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Carlos Angulo


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